Javier Biardeau

¿Cómo evitar que el descalabro electoral del 6-D liquide el legado político de Hugo Chávez?

Miércoles, 24 de Febrero de 2016 10:25 am



Comencemos por una autocrítica. El día 6 de diciembre de 2015, el Correo del Orinoco publicó una entrevista realizada por la periodista Vanesa Davies a mi persona una semana antes del evento electoral del 6-D ([1]). En tal entrevista el titular secundario señalaba: “Es posible que el resultado no llene las expectativas de ninguno de los dos actores”. El mensaje de los hechos del 6-D mostraron lo profundamente equivocado que estaba en mi apreciación del posible resultado electoral.

Los resultados del 6-D sí llenaron las expectativas de la oposición, quien avalada por las brechas amplias de las encuestas, aseguraba que conquistaría una mayoría calificada mayor de 3/5 partes e incluso los 2/3 de la AN.

¿En que se basó mi error de apreciación? Vayamos por partes.

1) En primer lugar mi juicio se basó en un craso error de sub-estimación de las encuestas, incluso de aquellas más serias en su metodología e investigación de campo.

La mayor parte de las encuestas daban amplias ventajas a la oposición para el 6-D, incluso mayores de 20 puntos, combinando en sus pronósticos los resultados tanto de sondeos nacionales como de sondeos por circuitos que fueron realizándose para ajustar la metodología a las particularidades de la geografía electoral, particularidades derivadas del sistema electoral venezolano relacionado con 87 elecciones por circunscripciones nominales, 24 por estados y 3 circunscripciones indígenas.

Como es posible constatar en la síntesis referida en las notas finales, los pronósticos daban amplias mayorías tanto de votos como de escaños a los factores de oposición ([2]), llegando a lo sumo a un cierre de brecha de 17,7 puntos en la encuesta Omnibus de Datanalisis, bajo la condición que los independientes e indecisos se decantaran finalmente por los candidatos del GPP. Tal encuesta le atribuía a la MUD un resultado favorable de al menos 58,8 %.

Otro dato a destacar es que diversos analistas han referido que si bien el resultado en número de diputados de la MUD estuvo cerca en las predicciones de la mayoría de las encuestadoras, el resultado en votos estuvo bastante por debajo del margen de victoria en la mayoría de las encuestas. De las encuestadoras analizadas, Consultores 21 (planteo una brecha de 11 puntos) fue la que indicó un margen menor al de 15 puntos porcentuales.

Otras encuestadoras, incluyendo Datanalisis, Venebarómetro, Hercon e IVAD tenían márgenes mayores a 20 puntos. El promedio de las encuestadoras estuvo alrededor de 20 puntos de margen, lo cual destacó también la subestimación de la capacidad de recuperación de las fuerzas bolivarianas en la recta final, e medio de su peor crisis de desempeño político económico frente al pleno desarrollo de severas restricciones económicas que combinaron la caída de los precios del petróleo, el sabotaje económico y errores por acción u omisión del Gobierno de Maduro en materia económico-social.

A pesar de la escasa campaña electoral que realizó al final la coalición del GPP, junto con la decantación del voto al final del proceso, hizo que apareciera una pequeña recuperación del chavismo en sus diferentes expresiones sociales que terminó apoyando al gobierno, aunque sin lograr mitigar el desenlace final de la abstención en sus diferentes expresiones de desilusión, castigo y apatía. El factor explicativo más poderoso de tales comportamientos fue la dramática situación de las condiciones cotidianas y existenciales de vida de la población, quién fue apresada por expectativas, percepciones y realidades de zozobra y angustia económico-social.

Para el mes de octubre, el periodista Hugo Prieto había realizado una entrevista para el portal-web Contrapunto en la que titulaba ([3]): “La economía se está devorando el proceso bolivariano”. En tal entrevista, yo me hice responsable en señalar que había que encarar la crisis, que era menos costosa una derrota, rectificando, que una derrota sin rectificar, que era el peor momento para enfrentar un proceso electoral. En aquel momento había señalado que “El chavismo es una realidad sociopolítica que tiene un piso duro. Y cualquier cosa que pase en el terreno electoral, debe contar con ese actor para recomponer el juego político”.

Finalmente el piso electoral del Chavismo, a pesar del dramático cuadro de condiciones subjetivas y objetivas logro alcanzar entre 39 % y 42 % de la votación nacional, pero con un cuadro de deslave en la geografía electoral que conviene analizar en profundidad para no sobre-estimar tal “piso duro”. En siete estados del país (voto lista de Zulia, Dto. Capital, Anzoátegui, Táchira, Falcón, Mérida y Nueva Esparta) no se logró ni siquiera llegar al desempeño electoral de las elecciones municipales del año 2013, en veintiún (21) estados del país, con la excepción de Sucre, Yaracuy y Delta Amacuro el voto lista por estados no logró alcanzar el punto medio o promedio entre el resultado de las presidenciales y municipales del año 2013. Con relación a las presidenciales de Octubre de 2012 (última victoria de Chávez conduciendo el proceso bolivariano) hemos perdido al menos 2.568.368 votos.

Para el voto nominal, 37 circuitos tuvieron un desempeño por debajo o menor que los resultados obtenidos de la agregación del voto municipal y parroquial del año 2013: Anzoátegui (C1, C2, C3, C4), Aragua (C1), Barinas (C2), Carabobo (C3), Dto. Capital (C1, C2, C3, C4, C5), Falcón (C1, C2, C3), Mérida (C2, C3, C4), Miranda (C1, C2, C3), Nueva Esparta (C2), Táchira (C1, C2, C3, C4, C5) y Zulia (C2, C3, C4, C5, C6, C7, C8, C9, C10, C12). En tales circuitos estaban en disputa 42 escaños de diputados. Así mismo, de una correlación de fuerzas 2 favorables a la revolución y 1 desfavorable en el 2010, pasamos a 3 desfavorables en las circunscripciones indígenas.

Entre el año 2007 y 2013 el GPP había ganado siempre en 42 circunscripciones (agregando los resultados para cada circuito en cada evento electoral): ejemplo de esto es Zulia (C3), Miranda (C4, C5, C6, C7), Dto. Capital (C1, C2, C4, C5), Carabobo (C1, C4, C5), Aragua (C2, C3, C4), Sucre (C1, C2), Falcón (C1, C2, C4), Mérida (C2), Monagas (C2), Portuguesa (C1,C2, C3, C4), Barinas (C1, C2), Trujillo (C1, C2, C3), Guárico (C1, C2), Yaracuy (C1), Apure (C1, C2, C3), Vargas (C1), Cojedes (C1, C2), Delta Amacuro (C1, C2). Podríamos decir que estas circunscripciones configuraban “bastiones geográfico-electorales duros” del proceso.

El 6-D de 42 circunscripciones duras perdimos 17 circunscripciones, pasando entonces a 25 bastiones territoriales duros. Las pérdidas pueden identificarse puntualmente en: C4 Miranda, C1, C2, C4, C5 de Dto. Capital, C1, C5 en Carabobo, C2, C3, C4 en Aragua, C2, C4 en Falcón, C2 en Mérida, C1, C2 en Barinas, C2 en Trujillo, C1 en Vargas. Un total de 17 circunscripciones geográfico electorales duras o favorables al proceso bolivariano pasaron entonces a manos de la oposición.

Estos resultados constataron que era cierto que “nadie que compile encuestas en los últimos 12 meses, te pueda decir que el chavismo tiene asegurada la victoria (en las parlamentarias del 6-D). Quien diga eso está un poco como el ministro de propaganda iraquí, que decía que estaban venciendo a Estados Unidos durante la invasión. ¿Te recuerdas de eso?”

Pero en aquel momento seguía subestimado el número de curules que podría obtener la oposición, focalizada mi atención en la posibilidad que las fuerzas bolivarianas alcanzara un “mínimo” resultado en escaños de 85 diputados. El resultado del 6-D fueron 55.

Decía que “Sí la oposición obtiene 100 diputados, ahí sí se le va a poner muy duro el tema de la gobernabilidad al chavismo. ¿Por qué? Porque hay elementos claves en la conducción del gobierno (la posibilidad de moción de censura a los ministros, la imposibilidad de aprobar un presupuesto con un consenso mínimo o de promulgar una ley habilitante), que plantean otro juego político.”

Y el incisivo periodista Hugo Prieto me interpelaba: – En el escenario que usted pinta, no se advierte espacio para el consenso -. Vale la pena destacar lo que decía en la primera semana de Octubre:

“Todo depende de cómo se lean los resultados. El propio Schemel (Hinterlaces), que era el vocero que generaba expectativas positivas, desde el punto de vista de las encuestas, ha dicho que quien gana hoy es el descontento. Pero eso no se lee políticamente, ni se traduce en un proceso de rectificación, de corrección de rumbo, de asumir, autocríticamente, que la situación es grave, porque el problema, en mi opinión, es que hay una especie de ceguera generalizada. Puedo entender que la gente se enceguece, pero eso no puede ser eterno, porque va a llegar un momento en que eso va a traer efectos negativos. Para decirlo claramente, mi deseo, desde hace mucho tiempo, es que el gobierno encuentre el rumbo de la rectificación.”

Desde el año 2014 comenzaba a consolidarse un clima de opinión que demandaba “corrección del rumbo”. Sin embargo, la respuesta fundamental para abordar el estado de ánimo de la población, la situación económica y social fue el condensado argumento de la “guerra económica contra el pueblo”. Sin embargo, siendo el sabotaje económico uno de los elementos, al focalizar exclusivamente la atención en este y sin tomar medidas radicales contra el mismo se cometían dos errores: a) no cortar radicalmente por lo sano (“amputar el dedo para salvar el pie”), b) dejar de focalizar la atención en las debilidades y errores propios del gobierno, aislándose gradualmente de las necesidades, demandas y aspiraciones de los sectores populares y en general, de la población del país:

“Este es un momento muy grave; no es una crisis episódica, es la acumulación de tensiones que detonaron ya, que no permiten el control de daños. No es el pote de humo. Lo que se ha agotado completamente son las fintas. Ya la gente sabe, en la calle, que con las fintas los están engañando, que le están diciendo medias verdades.”

Finalizaba aquella entrevista planteando:

“El problema es que en este momento la oposición espera el desgaste y el gobierno, en medio del desgaste, piensa que está viviendo un momento político favorable. Ah, te estás bañando en el caño y piensas que los caimanes están dormidos. Ah, bueno, sigue metiéndote en el caño y confía en que están dormidos, pero no están dormidos nada, están esperando que tú no puedas maniobrar para devorarte, como en la canción: tú lo que quieres es que te coma el tigre.

Honestamente lo digo: si uno ha apoyado, directa o indirectamente, el proceso bolivariano, lo menos que puede hacer es decirlo. Aunque después vengan los costos. Venga lo de Maryclen Stelling: ¡Qué chavista va a ser ese carajo! Pero uno da testimonio de lo que era necesario decir en un momento específico. Y yo lo que quiero decir es que este gobierno tiene que rectificar la política.”

Lamentablemente hubiese preferido equivocarme no sólo en los números de diputados, sino en el dramático cuadro que se expresó contundentemente el 6-D. Los resultados mostraron, si tomamos en cuenta el voto lista por Estados, que la brecha fue de 14,62 % favorable a la MUD, y una correlación de pesos electorales en número de votos: GPP: 5622764 (41,04 %) y MUD 7726066 (53,71 %) ([4]).

Creo que es inconveniente proseguir con la tesis difundida del que alcanzamos un “42 % de votos para el GPP”. El descalabro y desventaja electoral sólo podía ser comparable con la acaecida en el bloque B de la Reforma Constitucional en el año 2007, con la diferencia que el evento electoral presidencial inmediatamente anterior a tal desafío presentó una brecha favorable a Chávez y al GPP para el año 2006 de 25,95 puntos para caer luego en un año a -2,11 puntos, es decir, un desgaste de -28,06 puntos, mientras que el 6-D-2015 lo podemos contrastar con:

a) Con las elecciones municipales del año 2013, donde se obtuvo una brecha a favor de 9,35 %,

b) Con la ventaja obtenida por Nicolas Maduro en las elecciones Presidenciales del año 2013, donde la brecha fue tan solo de 1,83 %.

c) Con la ventaja obtenida por Hugo Chávez en las elecciones presidenciales del año 2012, donde la brecha fue de 10,76 %

d) Con la ventaja en las elecciones regionales del año 2012, donde la brecha agregada nacional fue favorable al GPP en 11,44 %.

Si tomamos en cuenta cada uno de estos resultados hasta llegar a la brecha de -14,62 % del 6-D el desgaste sería de a) -23,97 %., b) -16,45 %, c) -25,38 % y d) 26,06 %. La media de tales desgastes sería: -22,97 %, un desgaste que nos retrotrae a la estrepitosa caída del mejor resultado de la ventaja relativa para el proceso bolivariano desde el 2006 al año 2007, con la diferencia, que ahora el punto de partida no es una ventaja inicial de 25,95 %, sino resultados para el año 2013 en presidenciales (brecha favorable de 1,83 %) y Municipales (brecha favorable de 9,35 %). De modo que una caída de 15 puntos significa en un sistema electoral que favorece las mayorías relativas (sistema electoral paralelo mayoritario para la adjudicación de cargos en la AN) que la integración del parlamento exprese una correlación de fuerzas en términos relativos de 32,93 % para GPP y 65,27 % para MUD, una brecha relativa en escaños de 32,34 %. Para decirlo de modo sencillo, la desventaja en votos relativos fue de 14,62 %, en escaños 32,34 % + 1,80 % (representación indígena) = 34,14 % de desventaja en escaños parlamentarios, que se expresa inicialmente (sin contar con las impugnaciones efectivas en el Estado Amazonas que se debaten actualmente) de 112 escaños para fuerzas de oposición y 55 para fuerzas del GPP. En todos los casos, es un desgaste que nos coloca en un claro descalabro electoral.

La conclusión básica es que el piso electoral en la historia del proceso bolivariano se movió desde un piso de – 2,11 %, de brecha obtenida en 2007 en el Bloque B de la Reforma Constitucional a -14,62 % obtenido el 6-D. Pasamos para decirlo metafóricamente del primer sótano al sexto sótano en términos relativos. Desde mi punto de vista, no cabe duda que el legado electoral de Chávez ha quedado severamente comprometido con tal resultado. No hubo resultado cerrado, no pudo evitarse que la oposición no obtuviera mayorías calificadas y por tanto mi apreciación electoral fue equivocada.

Analizado mi primer error, la primera subestimación de las encuestas, vale la pena reconocer, en segundo lugar, que también me equivoqué en:

2) Sobreestimar el peso histórico-electoral del legado de Chávez, de la tendencia histórica, frente al efecto de gravedad o lastre de la situación socio-económica, del clima de opinión y la tendencia de desencanto en las propias bases sociales del proceso bolivariano. ¿Cómo combinar con rigor y exactitud la ponderación de tales criterios?

En el último artículo de una serie dedicada al legado político electoral de Chávez había planteado ([5]):

“A contravía de una utilización unilateral de las encuestas de opinión, creemos que es indispensable combinar tales instrumentos de análisis con el análisis histórico de tendencias del comportamiento de brechas o ventajas electorales, con el análisis de las variaciones históricas de los “caudales de votos”, así como el “análisis de coyuntura económica y política” (donde intervienen modelos de análisis de coyuntura económica y modelos de simulación del juego político). No creemos que hayamos logrado realizar una combinación exhaustiva de estas tres aproximaciones, pero hemos planteado la necesidad de un ejercicio a contravía de las encuestas que requerirá del esfuerzo del “intelectual colectivo”.

Por otra parte, era imprescindible dada la complejidad de las elecciones parlamentarias en Venezuela, no dejar de lado la geografía político-electoral. Era inevitable reconocer el análisis detallado de 335 municipios (y sus parroquias) del país en su evolución histórica. Hemos tomado como “año base” del peor escenario para el proceso bolivariano su “piso histórico”: el resultado del Bloque B de la reforma constitucional del año 2007. Obviamente, nuestra evaluación explícita al asumir tal premisa es que “cualquier resultado peor al bloque B de la reforma constitucional constituye un grave retroceso histórico para el proceso bolivariano”.

Más aún, cualquier escenario de referencia adicional a una caída de –7,5 % sobre la base de aquel resultado histórico del año 2007 (-2,02 %) conduce inevitablemente a declarar al polo bolivariano en emergencia político-electoral bajo la premisa de una caída de -10% de su piso histórico electoral. Tal escenario sería un escenario catastrófico.”

Lo que dicen los hechos del 6-D es que la caída de la brecha fue mayor a 10 %, que el escenario que se cumplió fue catastrófico y que eso implica inevitablemente declarar al polo bolivariano en emergencia político electoral. Se trata de evitar que una derrota táctica pase a ser una liquidación estratégica.

También como error de interpretación, suponía en tercer lugar:

3) Que la fortaleza de recursos con la que contaba la maquinaria electoral del PSUV, así como las ventajas que el propio sistema electoral otorgaba a quienes controlaban bastiones territoriales en al menos 14 estados del interior del país, permitía compensar o mitigar los datos que revelaban las encuestas sobre la pérdida ostensible de popularidad del gobierno y la cada vez más evidente ineficacia de la tesis de la “guerra económica” en la gestión de las percepciones.

De modo que el balance de sobrestimaciones y subestimaciones me hacía ver que el peor escenario para el GPP, y para mi apreciación ya significaba una catástrofe electoral, era que la oposición alcanzara las 3/5 partes de la AN con al menos 103 diputados electos para la MUD. Pero el resultado fue aún mucho peor. La oposición aparece rondando el mínimo necesario para alcanzar los 2/3 partes de la AN (110 curules) y todo dependerá del devenir de las actuales impugnaciones electorales.

Una cuarta subestimación fue:

4) La situación política cambiante en las circunscripciones de los pueblos indígenas. No se trata sólo del modo de organizar las circunscripciones indígenas. Allí había también subestimado una tendencia de malestar en las bases de los movimientos indígenas frente a lo que algunas voces críticas han denominado las “esperanzas frustradas de los pueblos originarios” con la gestión de quienes han llevado a cabo las políticas oficiales del proyecto bolivariano.

El predominio del desarrollismo y el extractivismo, por una parte, junto a fallas en demandas sentidas como los procesos de demarcación indígena, así como el maltrato en casos emblemáticos como el problema de la minería ilegal, la explotación del carbón, el comercio en la Guajira y casos como el de Sabino Romero son parte de un legado negativo hacia los pueblos indígenas reivindicados por primera vez por el propio Chávez de una larga exclusión y discriminación histórica. De modo que subestimé que los 3 escaños de diputados indígenas fueran a parar a potenciales aliados de la oposición. Y así parece ser.

Otro quinto asunto que llegó a inquietarme fue:

5) La situación interna de debilitamiento, dispersión y potencial división de las fuerzas sociales y políticas del proceso bolivariano en su potencial efecto hacia el fenómeno abstencionista.

Pero allí sobreestime la capacidad de integración política y de cohesión del exigente llamado de Chávez a la “unidad política de acción” el día 8-12-2012, sobremanera si se presentaban los peores escenarios ante la imposibilidad de continuar al frente del proceso bolivariano: ¡Unidad, lucha, batalla y victoria! fue una consigna cada vez más necesaria ante la pérdida física de la conducción estratégica del proceso y ante la necesidad de una dirección realmente colectiva, con voluntad, capacidad y “Auctoritas” (Prestigio y Liderazgo colectivo) para enfrentar los desafíos y amenazas que se vislumbraron en el presente y en el futuro.

Tal trágico llamado no ha impedido que se desaten los peores métodos y la peor cultura para tramitar diferencias y tensiones en el interior del campo bolivariano. No existe ni una “cultura de debate ni métodos” para canalizar las evidentes tensiones y contrapuestas visiones en diferentes áreas de política entre las fuerzas sociales y políticas de la revolución.

Por suerte no se ha desatado aún un acariciado objetivo de los sectores de oposición y de la derecha internacional, el cual constituye una división significativa, política y electoralmente, en el heterogéneo campo de corrientes afectivas e ideológicas propias del proceso bolivariano como bloque nacional-popular.

No fue casual observar una permanente inducción al fraccionamiento, mensajes divisivos, amplificación de enfrentamientos intestinos en quienes se han planteado que apoyan el legado de Chávez pero que no apoyan ni siquiera tácticamente a Maduro.

6) Por otra parte, los graves errores de la dirección política del gobierno y del PSUV en el manejo de contradicciones secundarías, junto con los graves errores de actores que forman parte de sectores críticos y honestos del proceso bolivariano ha cargado el ambiente de antagonismos latentes.

El GPP ha pasado a ser un escenario decorativo en vez de una plataforma política de confluencia de fuerzas sociales y políticas. Allí hay un centro de gravedad político clave que pasa por reconocer que el momento de la mediación cesarista progresiva de Chávez ha desaparecido y que no puede sustituirse por un esquema de mediación similar, sino por una transformación del sistema de conducción política, que implica a su vez transformar el sistema de alianzas sociales y políticas en una dirección que supone el desplazamiento desde el momento del líder carismático al ejercicio de la democracia participativa con protagonismo popular y a la transformación del modo de relación y representación entre los partidos del Gran Polo Patriótico y sus modalidades de inserción orgánica, que efectivamente contribuyan a democratizar el poder, en la luchas sociales, económicas, sectoriales, territoriales, culturales y ambientales que trascurren día a día en el país. La democracia revolucionaria sigue siendo más una gran promesa que una realidad efectiva y ha tendido a ser confundida con los viejos esquemas de representación, mediación y articulación de las erráticas experiencias del socialismo real ante la exigente apuesta por la democratización del poder.

Desde nuestro punto de vista existen cinco premisas al menos para ejecutar un plan de acción para la recuperación política del proceso revolucionario bolivariano y el Gobierno Popular:

a) Recuperar, integrar, consolidar y ampliar una “fuerza política consistente” (fuerza material y fuerza moral, como señalara Simón Rodríguez en sus escritos), que encarne los principios de claridad de objetivos, unidad de mano y liderazgo, capacidad de movilizar una masa crítica (base social de apoyo mayoritaria), despliegue de una maquina política de lucha, capacidad de maniobra y planes de contingencia, que asegure la movilización efectiva de las fuerzas para la defensa de la paz y la estabilidad en el marco de la Ley y la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela..

b) Recuperar, integrar, consolidar y ampliar los bastiones territoriales y ampliar bases sociales de apoyo partir del cuadro electoral en cada una de las 87 circunscripciones nominales, 24 estados y 3 circunscripciones indígenas.

c) Recuperar, integrar, consolidar y ampliar el sistema de alianzas sociales y políticas, convocando a la unidad (y reconociendo su diversidad) de todas las corrientes nacionales, populares, revolucionarias que conforman el Bloque histórico, democrático y popular, fortaleciendo la unidad cívico-militar y el Gran Polo Patriótico, organizando máquinas sociales de lucha de “los obreros y obreras, campesinos y campesinas, estudiantes, afrodescendientes, indígenas, académicos y académicas, pequeños y medianos productores y productoras del campo y la ciudad, comerciantes, transportistas, motorizados, maestros y maestras, profesionales de la salud y en general, servidores y servidoras públicos, mujeres, militares, pobladores, pescadores y pescadoras, cultores y cultoras, deportistas, líderes comunales y sindicales y de manera muy especial por la juventud venezolana”. (Propuesta del Candidato de la Patria Comandante Hugo Chávez para la gestión Bolivariana socialista 2013-2019. 11 de Junio de 2012, p.5)

d) Encarar el reto del Liderazgo y de la conducción sustitutiva a Chávez, asumiendo como principio fundamental de su ejercicio una cultura política democrática, participativa, con amplio y decisivo protagonismo popular para el ejercicio efectivo de la “revolución democrática permanente” que permita hacer factible el pasaje de la “democracia protagónica” a la “democracia revolucionaria” (revisitar en este tema Primer Plan y segundo Plan socialista de la Nación).

e) Consolidar y expandir su capacidad hegemónica en el terreno ético-cultural, intelectual, político y económico, implementando todas las medidas que coadyuven en la superación de amenazas y debilidades en el propio ejercicio de la gobernabilidad y legitimidad del proceso de transformación bajo el horizonte de la transición al Socialismo Bolivariano, Democrático y Revolucionario para el siglo XXI.

Se trata de contribuir propositivamente al debate en curso, sin renunciar a un perfil diferenciado en el seno del campo de fuerzas sociales, movimientos y partidos que deseen evitar un descalabro estratégico del proceso bolivariano, lo que llevaría a la corriente histórica que opera como trasfondo a una severa regresión en el clave proceso de interdependencia entre flujos y reflujos políticos, entre cambios de la correlación de fuerzas y de la acumulación de fuerzas.

De modo que pesar de mantener una postura crítica sobre la necesidad imperiosa de someter el proceso bolivariano a un proceso de reconducción democrática y a una corrección del rumbo económico, podemos observar un contraste entre el escenario proyectado en los análisis previos al 6-D como peor escenario y la realidad electoral efectiva.

Como es evidente en la cuadro siguiente, terminé sobrestimando en una cifra de once (11) curules o escaños el resultado del GPP incluso para un escenario catastrófico.

No advertí la probabilidad de ocurrencia de un peor escenario, porque me había trazado una ceguera, es decir un autoengaño: la imposibilidad de una caída de la brecha mayor a -10 % entre el GPP y la MUD.

Si bien es cierto que tampoco la mayor parte de las encuestas acertaban al dar una brecha mayor de 20 % en número de votos, el resultado real se ubicó en -15 %, lo que a todas luces seguía indicando una contundente derrota electoral para las fuerzas bolivarianas:

ESC: OPTIMISMO MUD + CATASTROFE GPP
LO QUE PROYECTAMOS COMO PEOR ESC GPP LO QUE SUCEDIÓ EL 6-D PARA GPP
ESTADO VENTAJA GPP TOTAL-CIRC. TOTAL-DIPUT. VENTAJA GPP TOTAL-CIRC. TOTAL-DIPUT.
ZULIA C3 1 1 C3 1 1
MIRANDA C5, C6, C7 3 4 C5, C6, C7 3 4
DIST.CAPITAL C1, 1 2 0 0
CARABOBO C1, C2, C4 3 3 C4 1 1
LARA 0 0 C2 1 2
ARAGUA C2, C3, C4 3 5 0 0
ANZOATEGUI 0 0 0 0
BOLIVAR 0 0 0 0
TACHIRA 0 0 0 0
SUCRE C2, 1 1 C1, C2, 2 2
FALCÓN C1, 1 1 C1 1 1
MERIDA 0 0 0 0
MONAGAS C2 1 1 C2 1 1
PORTUGUESA C1,C2,C3,C4 4 4 C1,C2,C3,C4 4 4
BARINAS 0 0 0 0
TRUJILLO C1,C3 2 2 C1,C3 2 2
GUARICO C1,C2, 2 3 C1,C2, C3 3 4
YARACUY C1,C3 2 2 C1,C3 2 2
NUEVA ESPARTA 0 0 0 0
APURE C1, C2,C3 3 3 C1, C2,C3 3 3
VARGAS C1 1 2 0 0
COJEDES C1,C2 2 2 C1,C2 2 2
DELTA AMACURO C1,C2 2 2 C1,C2 2 2
AMAZONAS* 0 0 0 0
TOTAL N 32 38 28 31
TOTAL L 24 24
TOTAL I 2 0
TOTAL 64 55

De modo que en términos sintéticos la autocrítica parte de los siguientes aspectos que requerían ser calibrados con mayor juicio:

1. Subestimar el peso de las encuestas e impacto electoral del descontento en materia económica y social,

2. Sobreestimar el peso histórico del legado electoral de Chávez,

3. Sobreestimar la fortaleza de recursos con la que contaba la maquinaria electoral del PSUV,

4. Subestimar cómo el sistema electoral podía jugar en favor de la oposición,

5. Subestimar la situación cambiante de apoyo electoral en las circunscripciones de los pueblos indígenas,

6. No precisar cómo la situación interna de debilitamiento, dispersión y potencial división de las fuerzas sociales y políticas del proceso bolivariano tendría impactos en el fenómeno abstencionista,

7. No calibrar adecuadamente en términos electorales los graves errores de la dirección política del gobierno y del PSUV en el manejo de política pública y de gestión de contradicciones secundarías, incluyendo la degradación del GPP a un espacio intrascendente de la política de alianzas.

Estos siete errores o cegueras formaron parte del análisis previo realizado por mi persona antes del 6-D y conformaron un auto-engaño que impidió, y en algunos casos, sigue impidiendo encarar a profundidad el alcance de la acumulación de tensiones y desequilibrios acumulados en estos últimos 3 años de gestión de un Gobierno que ha oscilado entre su identificación y compromiso por declararse un Gobierno Popular, y el desempeño efectivo para mejorar de modo sustantivo las condiciones materiales de vida del pueblo, a la vez que transformando la lógica o racionalidad político-cultural en un sentido efectivo de transición socialista.

Esto tampoco excluye encarar la crisis de paradigmas, enfoques y modelos de socialismo que habitan en las mentalizaciones de buena parte de los partidos de izquierda y movimientos revolucionarios en el continente, crisis que puede derivar en un momento creativo si se asume el agotamiento de muchos arquetipos de mentalización cultural e ideológica asociados a la exaltación del crecimiento económico sin modificar las bases político-culturales de las nociones de desarrollo, prosperidad, bienestar, progreso y felicidad. Si las izquierdas no discuten a fondo las gramáticas de sentido y significación asociadas a términos como emancipación y liberación social podrían encallar en la administración política de la crisis del capitalismo global, siendo entonces más que estrategias de transformación, estrategias de reproducción.

Pero volviendo al tema del diagnóstico de nuestros errores de apreciación de la situación y prospectiva electoral, vale la pena contrastar cómo en nuestro peor escenario proyectado para el GPP y que favorecía claramente a la MUD, solo contemplamos la posibilidad de una ventaja en curules que llegaba 3/5 partes; es decir a 103 diputados para la oposición:

LO QUE PROYECTAMOS COMO MEJOR ESC MUD LO QUE SUCEDIÓ EL 6-D PARA MUD
ESTADO VENTAJA OPO TOTAL
-CIRC.
TOTAL
-DIPUT.
VENTAJA OPO TOTAL
-CIRC.
TOTAL
-DIPUT.
ZULIA C1, C2, C4, C5, C6, C7, C11, C8, C9, C10, C12 11 11 C1, C2, C4, C5, C6, C7, C11, C8, C9, C10, C12 11 11
MIRANDA C1,C2,C3, C4 4 5 C1,C2,C3,C4 4 5
DIST.CAPITAL C2,C4, C3, C5 4 5 C1,C2, C3, C4, C5 5 7
CARABOBO C3, C5 2 4 C1,C2,C3,C5 4 6
LARA C1,C2, C3 3 7 C1,C3 2 5
ARAGUA C1 1 2 C1,C2,C3,C4 4 7
ANZOATEGUI C1, C2, C3, C4 4 6 C1, C3, C4, C5 4 6
BOLIVAR C1, C2, C3 3 6 C1, C2, C3 3 6
TACHIRA C1,C2,C3, C4,C5 5 5 C1,C2,C3,C4,C5 5 5
SUCRE C1, C3 2 3 C3 1 2
FALCÓN C2,C3, C4 3 3 C2,C3,C4 3 3
MERIDA C1,C2, C3, C4 4 4 C1,C2,C3,C4 4 4
MONAGAS C1 1 3 C1 1 3
PORTUGUESA 0 0 0 0
BARINAS C1,C2 2 4 C1,C2 2 4
TRUJILLO C2 1 1 C2 1 1
GUARICO C3, 1 1 0 0
YARACUY C2 1 1 C2 1 1
N. ESPARTA C1,C2 2 3 C1, C2 2 3
APURE 0 0 0 0
VARGAS 0 0 C1 1 2
COJEDES 0 0 0 0
D AMACURO 0 0 0 0
AMAZONAS* C1 1 1 C1 1 1
TOTAL N 55 75 59 82
TOTAL L 27 27
TOTAL I 1 3
TOTAL 103 112

¿Cuáles son los errores de sobrestimación y subestimaciones por circuitos y estados en nuestro peor escenario proyectado?

En primer lugar sobrestimamos que el GPP lograría una victoria segura en la circunscripción C1 de Distrito Capital, la posibilidad de victoria en las circunscripciones 1 y 2 de Carabobo, sobrestimamos la posibilidad de victoria en C2, C3 y C4 del estado Aragua y de C1 del estado Vargas. Al mismo tiempo subestimamos para el GPP la victoria en C2 de Lara, C1 del estado Sucre, C3 de Guárico.

En segundo lugar subestimamos que la MUD lograría la victoria en Dto. Capital, la victoria completa en Anzoátegui, en Aragua, en casi la totalidad de los circuitos de Carabobo (C4 fue la excepción) y en Vargas. A pesar de haber identificado graves riesgos en la totalidad de los 24 Estados del país, no captamos que la gravedad de los mismos se había intensificado en zonas populares del Chavismo en la REDI Central del país (regiones de desarrollo integral). Supusimos que las compensaciones territoriales en otras zonas del país pudieran equilibrar las cargas de las caídas en estados emblemáticos tal como sucedió en el año 2010, pero sin caer en cuenta del cambio de condiciones (agravamiento de la crisis) entre ambos períodos.

La situación post-6-D nos ha llevado a un verdadero reflujo electoral que pasa por revisar a fondo nociones tales como legitimidad y gobernabilidad, pues incluso el escenario alcanzado por la MUD pone a la orden del día todos los planes de acción asociados a la posibilidad de un cambio no solo del Gobierno sino de “Régimen Político” en el país. Están a la orden del día los manuales sobre “Régimen Change” si se tratara incluso de desbordar la Constitución de 1999, tomando como puente para tal propósito la erosión de la institucionalidad existente a través del “Conflicto de Poderes” respaldado por factores internacionales.

Si la presión política internacional, junto con las restricciones económicas, aprietan la soga sobre Venezuela, cabalgando a) la delicada situación económica y social, b) el clima de opinión y c) la crisis política, solo faltaría la variable: d) protestas y movilizaciones intersectoriales para intentar derrumbar el sistema vigente.

De modo que es al Gobierno al que más le conviene en las actuales circunstancias el logro del reconocimiento de “reglas de juego básicas” y acuerdos de coordinación acatados por todos los actores políticos y sociales. Otro horizonte sería deslizar la crisis política de legitimación hacia un desbordamiento institucional de las luchas, donde operarían las oposiciones “crisis política contra-revolucionaria/revolucionaria” sin contar con consensos mínimos ni reglas de juego, lo que abriría un cuadro de inestabilidad donde predominaría el factor fuerza o la coacción política.

En tal cuadro no ganaría quien obtiene mayor legitimidad sino el que impone su voluntad ante el oponente. Estaríamos ante un escenario donde el vector de conflicto lo definiría aquella coalición que cuente con el mayor monopolio para la disposición y el uso efectivo de la movilización de recursos de coacción y de violencia. El riesgo de tal situación es el escalamiento del conflicto hacia una zona de conflicto abierto, o de guerra, ya sea de decisión rápida, de desgaste o prolongada.

De nuevo volvería a la palestra no una gestión democrática del conflicto sino una polemología generalizada, lo cual no debería subestimarse ni utilizarse irresponsablemente, pues muchos saben dónde podría comenzar el punto de quiebre pero pocos como de desarrolla y concluye tal proceso de hostilidad generalizada. La confrontación, en sus más variadas formas e intensidades, las modalidades de transacción y la cooperación estarán en la cabeza y cuerpo de cada uno de los actores.

No sería lo mismo tener en la cabeza “juegos de guerra”, que la vivencia y atrición de la guerra misma para la vida cotidiana de un pueblo. La Unidad y la Paz invocadas permanentemente por Chávez para viabilizar la revolución pacífica podrían derivar en la pendiente de una oposición “revolución/contra-revolución” de carácter sangriento.

Lo indeseable entonces, es que efectivamente la sangre llegue al rio.

Comentarios

x

Check Also

¿Para qué la Historia? Por: Laura Antillano

Escribió Enrique Bernardo Núñez a propósito de Juan Francisco de León: “Puede que la figura de León sea en el futuro asunto de un gran poema. (…) Seria de recordar ...