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Víctor Álvarez: Con una mano da y con la otra quita

Domingo, 28 de Febrero de 2016 02:24 pm



La inflación se ha convertido en la principal razón para reivindicar aumentos de sueldos. No son las mejoras en la productividad ni un desempeño sobresaliente el argumento para justificar un incremento salarial. Por eso, en la carrera de los salarios contra la inflación siempre salen perdiendo los salarios.

Los datos del BCV indican que la inflación en 2015 llegó a 180,9%. Y en alimentos -renglón que absorbe el mayor porcentaje de los ingresos-, los precios se incrementaron 315%. El reciente aumento del salario mínimo apenas llega a 20%. Si sumamos el incremento del bono de alimentación de 1,5 a 2,5 unidades tributarias, el ingreso aumenta de 16.399 a 24.853 bolívares. Pura ilusión monetaria, porque las familias que viven de un ingreso fijo nominalmente ganarán más bolívares, pero realmente podrán comprar menos bienes y así buena parte de sus necesidades básicas quedará insatisfecha.

Este nuevo aumento se queda corto frente a la inflación. Y, paradójicamente, generará más inflación, porque no se basa en un incremento real de la productividad y, peor aún, se paga con la emisión de bolívares que no tienen respaldo. De hecho, para cancelar el aumento en ministerios, institutos autónomos, gobernaciones, alcaldías, etc., el Gobierno tendrá que tramitar un crédito adicional cuya inyección a la circulación doméstica no tiene el debido respaldo en un aumento de la producción. En un país con alta inflación de costos y de demanda, y una creciente escasez estructural, este aumento incrementará el circulante monetario. Y mucha plata detrás de pocos bienes presionará aún más los precios.

Con un déficit fiscal de más de 20% del PIB y su financiamiento a través de emisiones de dinero sin respaldo por parte del BCV, la galopante inflación amenaza con empobrecer aún más los hogares venezolanos. La presión de demanda que significa más dinero en una economía con menos productos desembocará en una inflación mayor al incremento del salario mínimo y del bono de alimentación.

Los 11 aumentos de salario mínimo aprobados en los 3 años del actual período presidencial se han vuelto sal y agua. Al no estar debidamente respaldados con mejoras en la productividad, dan origen a una mayor inflación que termina anulando el efecto del aumento. Mucho más cuando la reivindicación salarial con que se aspira a compensar la erosión de la inflación se realiza en una economía caracterizada por crecientes índices de escasez.

Hay que tener muy clara cuál es la causa de la enfermedad para no atacar solo sus síntomas. La inflación es como la fiebre de la economía, alerta que algo en el organismo está funcionando mal, pero no es el mal en sí mismo. Cuando aparece significa que hay un problema de fondo que urge atacar. Pero si se confunde con la especulación y se ataca como un delito a través de multas o penas de cárcel, se dejan de corregir las insuficiencias en el aparato productivo y los desequilibrios macroeconómicos, que son las verdaderas causas del problema.

La inflación podrá controlarse a través de políticas macroeconómicas y sectoriales coherentes que ofrezcan un ambiente propicio a la inversión productiva. La corrección de los desequilibrios fiscales, monetarios, cambiarios y de precios debe ser complementada con la ejecución de políticas agrícolas, industriales y tecnológicas que contribuyan a la reactivación de la economía nacional. Es así como aumentará la oferta de los bienes y servicios que son imprescindibles para satisfacer las necesidades básicas y esenciales de la población.

Fuente: 28-02-2016

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