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Leopoldo Puchi/Enfoque: Una OEA del pasado

domingo, 13 de marzo de 2016 11:35 am



Es probable que en el transcurso de este año se celebre un referendo revocatorio, que es el mecanismo constitucional para las situaciones en que una parte del electorado considera que debería ponérsele cese a un mandato de elección popular. La MUD está en pleno derecho de activar este mecanismo. Sin embargo, tendría que estudiar con mucho detenimiento las solicitudes que buscan una intervención de la OEA, ya que hay que tener en consideración que una intervención extranjera crea un contexto de excepción que altera la vida política interna y genera escenarios en los cuales es muy difícil que una nación mantenga las formas convencionales de hacer política.

No se trata de un asunto cualquiera, porque la OEA no es un organismo internacional cualquiera. Como se sabe, esta organización fue concebida desde sus inicios durante la guerra fría como un brazo de la política exterior estadounidense, que para entonces tenía como propósito esencial enfrentar a la Unión Soviética. Una vez concluida esa guerra, la OEA ha debido redimensionarse y adaptarse a las nuevas realidades. Pero no ha ocurrido así y continúa siendo  parte de la arquitectura de la geopolítica de Estados Unidos. Bajo esta condición, ese país goza de prerrogativas especiales en el seno de la organización que lo colocan por encima de los otros países miembros y le permiten moldearla a sus intereses.

La elección en varios países  latinoamericanos y del Caribe de gobiernos que están en desacuerdo con esa concepción de la OEA no cambió esa racionalidad básica de su origen y trayectoria, aunque fue matizada.  Hace un año, Luis Almagro logró llegar a la Secretaría General de la mano de Pepe Mujica, por lo que se esperaba que se diera inicio a un proceso de reformas e innovaciones para ajustar la estructura y la actuación del organismo a los cambios que han tenido lugar en la región y convertirlo así en un verdadero foro entre las dos partes del hemisferio, que no siempre tienen visiones comunes.

Sin embargo, Almagro al llegar a su nuevo cargo dio la espalda a Mujica y no ha emprendido las reformas que se esperaban. Muy al contrario, ha asumido como natural el paradigma según la cual la OEA debe servir de instrumento para que los países del hemisferio se acoplen al dispositivo geopolítico y militar estadounidense. En lugar de avanzar y modernizar, Almagro ha retrocedido y la OEA bajo su conducción luce como algo del pasado, congelada en un ayer.

En este contexto, una intervención sobre Venezuela de una OEA dirigida por Almagro equivale a una intervención de Estados Unidos. La oposición venezolana no tiene por qué avalarla, ni necesita hacerlo para competir en unas votaciones.

Flash Rojo

Ciertamente, la Asamblea no puede remover los magistrados sin calificación previa del Poder Ciudadano. También es cierto que la Sala Constitucional puede declarar la inconstitucionalidad de una ley o parte de ella. Pero lo que no puede hacer es redactar, por la vía de hecho, nuevos artículos. Son magistrados, no senadores.

Es muy probable que en Tumeremo una banda delictiva se haya enfrentado o atacado a otra. Ya esto se aclarará. Pero lo que no se entiende es cómo el Gobernador no tenía ninguna información para el momento en que se hizo pública la denuncia y que además su primera reacción fuera confusa. ¿Ceguera o sordera?

Flash Negro

José Guerra al anunciar que los “inversionistas corren riesgo al negociar con Venezuela” no hace sino obstaculizar adrede las posibilidades de recuperación económica. Sabe bien que hay una decisión del TSJ sobre la emergencia económica. Puede estar en desacuerdo, pero no es excusa para hacerle daño al país.

La oposición anuncia que anunciará. Aparentemente, el enredo se debe a la disputa por la candidatura: cada quien tendría su método a conveniencia. Pero en el fondo el asunto es que los factores más radicales quieren no sólo un cambio de presidente, sino el control de todos los poderes, y el revocatorio no les sirve. Prefieren “calentar la calle”.

El Socialismo en la Historia: 8 de marzo; Fecha política

El día de la mujer no es algo así como otra versión del día de las madres. Su motivación es directamente política, de lucha y emancipación: sufragio universal, reivindicaciones laborales, liberación femenina. No es por azar que la idea de instituir esa jornada surge en el congreso de mujeres socialistas reunido en Copenhague en 1910, en pleno ascenso de movimiento obrero y en la antesala de la primera guerra mundial. La propuesta la hizo Clara Zetkin, del Partido Socialdemócrata Alemán, para honrar a las trabajadoras textiles que en Nueva York habían muerto quemadas en la huelga de 1908. La moción es aprobada, pero no se establece un día preciso y durante varios años se realizan actos en diferentes días de marzo, que tomaban como referencia el recuerdo lejano de una marcha también de trabajadoras textiles del 8 de marzo de 1857. En 1917 la jornada es celebrada en Rusia y miles de obreros y mujeres desfilan por las calles de San Petersburgo, lo que marca el inicio  del proceso que culmina con la revolución bolchevique. En 1921 Lenin decreta el 8 de marzo como día de la mujer en la Unión Soviética. Tiempo después, en 1977, la ONU adopta el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer.

Fuente: 12-03-2016

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