Foto: Referencial - Archivo

"Simplemente miedo" Por: Ramos Allup

Miércoles, 23 de Marzo de 2016 09:18 am



Henry Ramos Allup.- El miedo o temor es una emoción caracterizada por una intensa sensación desagradable provocada por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o Incluso pasado.Es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza, y se manifiesta en todos los animales, incluidos los seres humanos.

La máxima expresión del miedo es el terror. Esta definición, necesariamente muy general, estudiada exhaustivamente por los especialistas en comportamiento humano individual y colectivo (psicólogos, psiquiatras, sociólogos), explica cabalmente el comportamiento del Gobierno en su irreversible fase terminal, no sólo ante la Asamblea Nacional (AN), el único de los poderes del Estado que respeta y observa la Constitución y combate la corrupción, sino ante un país que lo rechaza como responsable de la tragedia que su conducta delictiva ha arrojado sobre la totalidad de los venezolanos.

No nos extrañe, pues, que semejante Gobierno se valga sistemáticamente de los dos únicos elementos que lo sostienen precariamente en el poder (el alto mando militar cada vez más desacreditado y el bufete judicial enguarimbado en la percudida sala constitucional, ambos con enormes índices de rechazo ante la opinión nacional) para escapar del escrutinio público y de la acusación popular que le reclama cada vez más indignada su inmersión en delitos abominables que van desde el narcotráfico de altos jerarcas civiles y militares, el robo descomunal de dinero público que ha permitido a esos jerarcas amasar descomunales fortunas y el despilfarro de inimaginables recursos que medianamente administrados hubiesen evitado los padecimientos que agobian al ciudadano de a pie.

Por no poder explicar lo inexplicable es que los altos funcionarios civiles y militares se valen de marramucias judiciales para evadir sus deberes constitucionales y legales de concurrir a las citaciones de la AN.

Por eso es que cuando los retamos a debatir públicamente ante sus propios auditorios sobre sus malandanzas, se derriten despavoridos de terror cobarde. Por eso es que la alta jerarquía militar y civil emite profusamente instrucciones para que los subalternos guarden secretos sobre conductas hamponiles que ya todo el mundo conoce porque son los mismos subalternos indignados quienes ruedan las informaciones burlando las prohibiciones.

Por eso es que crean por doquier inútiles salas situacionales para revertir ante la opinión pública nacional e internacional mediante artificios y maniobras comunicacionales la pésima reputación que merecidamente tienen. Por eso es que muchos de ellos temen poner un pie fuera de Venezuela porque de inmediato serían aherrojados y puestos a la orden de la justicia internacional. Todo es simplemente miedo.

Sepan los coautores de estos delitos que la responsabilidad no recae solamente sobre un ejecutivo que prepara alforjas y anda en procura desesperada de negociaciones para asegurarse cierto grado de impunidad, sino que la caída arrastrará también los instrumentos (medios de comisión se denominan en el derecho penal) que han servido para perpetrar las fechorías.

Ya se conoce, con fotografías y prontuarios incluidos, una lista de jueces, fiscales, funcionarios civiles y militares de diverso nivel, que pagarán completa la factura mientras que un minúsculo cogollo se marchará con la cabuya en la pata. Así es y siempre será en las transiciones.

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