Foto: ngenespanol

El pequeño parque de las maravillas

Lunes, 4 de Abril de 2016 09:19 am



Hace un siglo, Charles Doolittle Walcott, entonces secretario del Instituto Smithsoniano y uno de los paleontólogos más célebres de la época, recorría las laderas del monte Field en el Parque Nacional Yoho en Canadá cuando encontró dos cosas que cambiarían su vida para siempre. El primer descubrimiento es, posiblemente, el yacimiento fósil más importante del mundo: una cantera que hoy lleva su nombre. El segundo fue su tercera esposa, Mary Vaux, cuyo apellido inmortalizaría en un género de esponjas fosilizadas, Vauxia.

Como es natural, los visitantes modernos de este espléndido y subestimado parque en las montañas Rocosas canadienses concentran su atención en el primer hallazgo. En 1980, el esquisto de Burgess –formación que incluye la cantera de Walcott– fue designado Sitio Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y unos años después, en su exitoso libro La vida maravillosa, el biólogo evolutivo Stephen Jay Gould lo describió como “el más valioso e importante de todos los yacimientos fósiles”. Se trata de un tesoro de seres marinos cámbricos perfectamente conservados, con más de 200 000 especímenes de aspecto extraño e incontables ejemplares que aguardan a ser descubiertos.

No obstante, para Gould y otros científicos, la mayoría de las formas de vida del esquisto de Burgess eran callejones evolutivos sin salida, pues no existen descendientes modernos. Apoyado en la explosión de vida cámbrica y la posterior desaparición de la mayor parte de los linajes evolutivos, Gould argumentó que “la supervivencia del más fuerte” tenía una contrapartida importante: la suerte. ¿Era posible que, en cierta medida, la evolución fuera una lotería? Desde entonces ha persistido un acalorado debate científico, mayormente fuera de los confines del parque nacional. Pero, para entender la fascinación de Yoho, hay que hablar de Mary Vaux, la excepcional mujer que también recorrió aquellas laderas y cuya familia tiene su propia historia sobre cómo, a veces, la casualidad puede parecer predestinada.

 

Las cabras montesas dominan las alturas vertiginosas de Yoho.

Foto: Peter Essick

(La vida en las cumbres es peligrosa aun para las cabras montesas, una especie habituada al terreno: avalanchas, caídas, depredadores y clima extremo matan muchas cabras durante su primer año de vida).
Fuente: ngenespanol

 

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