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Inconsciencia Por: Mary Pili Hernández

Martes, 5 de Abril de 2016 12:51 pm



Los venezolanos estamos mal acostumbrados. Tenemos una tierra privilegiada en todos los sentidos, pero no la cuidamos y, lo que es peor, abusamos de ella.

Cuando se revisan las cifras de nuestros consumos energéticos o de agua, nos damos cuenta de que los niveles de inconciencia nos han llevado a superar con creces lo que está establecido en la mayoría de los países como un promedio razonable.

AHOGADOS

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en su documento referido a los derechos humanos sobre el agua, son necesarios entre 50 y 100 litros de agua por persona al día para garantizar que se cubren las necesidades básicas y que no surjan amenazas para la salud.

Sin embargo, en Venezuela, en una ciudad como Caracas, sus habitantes llegan a consumir entre 300 a 400 litros diarios, lo cual evidencia una desproporción gigantesca en cuanto al uso racional de este recurso.

Lo peor de todo es que esa cantidad de litros de agua, que superan el consumo promedio necesario para cualquier ser humano en el mundo, en su mayoría, se desperdician en cosas tan absurdas como barrer las aceras a punta de manguera, botes de agua no reparados que dejan correr agua limpia y potable hacia las cañerías, llaves abiertas para descongelar un pollo, o tonterías similares.

A la mayoría de las personas en Venezuela le parece normal estar lavando un carro y dejar la llave de la manguera abierta mientras se atiende una llamada telefónica o se conversa con el vecino. Y esto se hace tan cotidiano que, si alguna persona sensata reclamara a quien así actúa, seguramente recibiría una respuesta grosera, tal y como “déjame tranquilo y no seas entrépito, métete en tus asuntos”(como si desperdiciar un recurso que es de todos, no fuera asunto de uno).

Por estas y otras razones, cuando desde el Gobierno se desarrolla una campaña para que utilicemos racionalmente el agua, entre otras cosas porque en Venezuela ya llevamos más de 38 meses que no llueve significativamente, prácticamente nos sentimos ofendidos y el asunto, que es un tema específicamente de conciencia ecológica, se convierte en un asunto político, manipulación mediante, y sirve para los intereses mezquinos que tratan de neurotizar a la población, procurando un estallido social.

Pero la verdad es que, una buena parte de los venezolanos, carecemos de la conciencia necesaria para entender que no podemos desperdiciar los recursos que nos brinda la naturaleza, especialmente el más preciado de ellos, como lo es el agua.

HÁGASE LA LUZ

Si nos vamos al tema de la energía eléctrica, la situación no es para nada más alentadora. Según cifras del Banco Mundial, del Instituto Nacional de Estadística (INE), de la Organización Latinoamericana de Energía y de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL),Venezuela cuenta con una generación neta de 4.179 kilovatios por hora por habitante (Kwh/hab),constituyéndose así en la mayor de América Latina, seguida de Chile (3.393 Kwh/hab), Argentina (2.860 Kwh/hab), Uruguay (2.750 kwh/hab), Brasil (2317 kwh/hab), México (1.999 Kwh/hab), Panamá (1.873 Kwh/ hab) y Costa Rica (1.854 Kwh/hab).

Lo insólito es que, aunque tengamos la mayor generación de kilovatios por hora por habitante de todo el continente (exceptuando Estados Unidos que tiene un consumo desproporcionado con el resto de todo el planeta entero), esa generación no es suficiente para satisfacer la demanda exacerbada que los venezolanos tenemos de un recurso que cuesta muchísimo esfuerzo generar y sobretodo distribuir.

Como la mayoría de la electricidad que generamos se produce por la vía hidroeléctrica, el hecho de que no haya llovido desde hace tanto tiempo tiene una incidencia indirecta en nuestra capacidad de producción. La solución sensata es que todos pongamos de nuestra parte y hagamos un esfuerzo por optimizar el recurso, usarlo solo cuando sea necesario realmente y procurar ahorrar el resto. Sin embargo, esto también suena como un insulto para muchos venezolanos y venezolanas, que piensan que la electricidad llega a sus casas u oficinas por obra y gracia del Espíritu Santo.

Miles de kilovatios se desperdician en aires acondicionados que se quedan prendidos todo el día o toda la noche, sin que nadie se encuentre presente en las habitaciones que están aclimatando.

Peor todavía, es ver cómo se visten muchos funcionarios públicos que trabajan en oficinas de instituciones del Estado. Uno se para en las puertas de esas oficinas y se ve a gente salir con chaquetas y hasta bufandas, como si estuviéramos en pleno invierno europeo, lo cual, además de ridículo, evidencia que el recurso del aire acondicionado está empleándose irracionalmente, al punto de que las personas que allí trabajan tienen que protegerse del frío.

Creo que es urgente que todos hagamos un esfuerzo por mejorar nuestra conciencia ecológica. Ahora mismo, porque necesitamos ahorrar estos dos recursos, al menos hasta que comience a llover. Pero ojalá esto nos sirva para entender que este es el único planeta que tenemos y que, si no lo cuidamos nosotros, nadie lo hará.

@marypilih

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