Las colas un problema social que afecta a los venezolanos I Por: Mariana Navas

Domingo, 10 de Abril de 2016 09:00 am



Motivado a la escasez de alimentos y de otros bienes, los venezolanos han tenido que acostumbrarse a realizar colas para poder abastecerse de parte de la comida que necesitan para subsistir, situación que ha ocasionado la alteración de la cotidianidad de los ciudadanos, de todas las edades, quienes lamentablemente no ven, por ahora, la solución a este grave problema.

Las colas han dado para todo. Han cambiado radicalmente el comportamiento de los individuos situación que ha servido para diversos estudios a nivel sicológico y social, por parte de expertos que han señalado que sentimientos como la ansiedad, angustia, frustración, ira, conformismo, agresividad, tolerancia, costumbre, sin perder ese idiosincrasia del hacer todo un chiste, de la “mamadera de gallo”, hasta en los casos más extremos, también ha salido a relucir, durante esta coyuntura social.  Aquí algunas de las nuevas conductas y problemas que han generado las colas en Venezuela:

Pendiente del número y de madrugar
Con el objetivo, para muchos no alcanzado, de ordenar la venta de alimentos las autoridades del Gobierno han implementado una serie de medidas para la venta de alimentos, una de ellas solo permitir poder adquirir los productos de primera necesidad una vez a la semana, tomando en cuenta el último número de la cédula. Muchos han comparado este sistema con la tarjeta de racionamiento que se maneja en Cuba.
Oscar Castillo, es una padre de familia, que prácticamente tienen que perder un día de trabajo semanal para poder hacer la cola y comprar comida “Me toca los días jueves, ya me acostumbré a salir a las 4 de la mañana para hacer cola en un algún supermercado o una perfumería, a ver que puedo comprar, algunas veces nada”.

El “El Bachaquero”
En medio de la crisis ha surgido un nuevo personaje “El Bachaquero”, que son así definidas las personas que se dedican a comprar productos regulados para luego venderlos a precios exorbitantes. Para muchos, entre ellos las autoridades del Gobierno, son unos delincuentes, que tienen la amenaza de ir presos, por estas prácticas consideradas ilegales. Pero a pesar de las amenazas los bachaqueros, se han multiplicado en todo el país, por lo lucrativo que es este tipo de comercio. Según los estudios de Datanálisis se puede obtener, por la medida bajita, hasta Bs. 60 mil mensual, lo que representa 5 salarios mínimos.

La mafia de los bachaqueros se han organizado de manera exitosa, han realizado un grupos de trabajo que utilizan sus teléfonos celulares y las redes sociales para comunicarse, crearon sistemas de “marcaje de la cola” para ser siempre los primeros en comprar o vender los puestos en la fila, han logrado una conexión con los dueños o encargados de negocios privados o dependientes del Gobierno, para poder comprar los productos al mayor.
Los bachaqueros venden sus productos a la vista de todos, a pesar de las órdenes de meterlos presos, en las calles se han observado cómo hasta los funcionarios de la policía y la Guardia Nacional, les comprar los productos. En la zona de Petare, Quinta Crespo y Catia es donde se concentran la mayor cantidad de estos vendedores, que ofrecen hasta puntos de venta para el pago de la comida.

“Yo tengo 4 chamos, soy madre soltera, antes trabajaba en una tienda de vendedora en el bulevar de Catia y el dinero no me alcanzaba para nada, y veía como los revendedores de comida se metían una bola de billete con ese trabajo. Un día me decidí, renuncié y también me metí a bachaquera y ahora gano diario lo que me pagaban por 15 días de trabajo. Yo creo que esta situación es culpa del Gobierno, que no logró solucionar el problema del desabastecimiento”, dijo una de las vendedoras que pidió ocultar su nombre, mientras ofrecía en el bulevar de Catia, medio kilo de café en Bs. 1.500, por el cual pago menos de Bs. 50 en un Mercal.

Niños no van a la escuela
Otra de las nuevas situaciones que se presentan en las colas es ña gran cantidad de niños, niñas y adolescentes que tienen que dejar ir a sus clases regulares en escuelas y liceos para acompañar a sus padres a realizar las compras, muchos de ellos tienen el rol de ayudar a cuidar las bolsas y cargar los productos hasta sus casas. Los padres y representantes señalan que al tener que salir muy temprano a realizar las colas, no pueden llevarlos hasta sus centros educativos o irlos a buscar, prefieren llevarlos a las colas.

Abuelos a la calle
Otros de los grupos sociales más golpeados son las personas de la tercera edad quienes, lamentablemente, han tenido que también salir a la calle a calarse las largas colas, en un intento de comprar sus alimentos por no tener quién les ayude o ayudar a la familia a llenar la despensa.

En las colas se observan a los abuelos llegar en sillas de rueda, caminando con andaderas, muchos de ellos con enfermedades propias de la edad, con la esperanza de poder comprar, pero en muchas ocasiones el camión no llega. “Yo tengo 78 años, aún me recupero de un derrame cerebral, tengo operada una pierna en donde me colocaron una prótesis, tengo tres hernias discales y tengo que venir bien temprano todos los lunes a tratar de comprar algo de comida, esto es una abuso”, dijo la señora Rosa Parada, mientras esperaban abrieran un supermercado en la parroquia San Juan.

Muertes, abuso y robos
Sin duda alguna otro de los graves problemas que se han presentado a raíz del problema del desabastecimiento es el aumento de los índices de inseguridad en los alrededores de los centros de acopio, en donde los ciudadanos denuncias atracos, abusos de grupos colectivos y lamentablemente muertes, asesinatos de personas.

Este es uno de los casos: 12 ENERO, 2016 Samuel Alberto Calma Guaramaco, un obrero de la construcción de 24 años, salió ayer lunes temprano de su domicilio, ubicado en el sector 1 del barrio Mesones de Barcelona, Anzoátegui, para comprar productos regulados en el Mercado de Alimentos (Mercal) que queda en la calle Principal de la comunidad. Según reseña la prensa local, el joven fue atacado por un individuo cuando hacía su cola. Le hundió un cuchillo filoso en el lado derecho del tórax.

Señalan los testigos del hecho que Calma se encontraba en su cola esperando para comprar comida, se presentó una discusión y el asesino le dio una puñalada a la altura del pecho.

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