Foto: Christina Horsten

El primer parque subterráneo del mundo

Lunes, 11 de Abril de 2016 11:46 am



Desde fuera, solo los paneles solares sobre el tejado indican que el edificio al este de Manhattan no es una nave de ladrillo normal. Sobre la pared junto a la entrada se lee en letras grandes “Lowline Lab”.

Tras los gruesos muros rojos se prueba actualmente lo que para 2020 debe haber tomado cuerpo en Nueva York: el “Lowline”, el primer parque subterráneo del mundo según las indicaciones de sus creadores.

El edificio que alberga el “Lowline Lab” en Nueva York.

Foto: Christina Horsten

 El nombre del proyecto tiene como referencia la más espectacular apertura de espacio verde de la metrópolis en los últimos años: el “Highline”, un antiguo recorrido de tren elevado al suroeste de Manhattan reconvertido en parque, que ha tenido un enorme éxito. Desde su inauguración en 2009, más de 20 millones de personas han paseado a lo largo del parque, el barrio que lo rodea se ha revitalizado y ciudades de todo el mundo han imitado el proyecto, manteniendo siempre las viejas vías de tren como elemento estético.

El “Lowline” pretende seguir impulsándo ese tipo de iniciativas. Sus dos promotores, Dan Barasch y James Ramsey, han elegido para su proyecto una estación subterránea de tranvía en el barrio de moda Lower East Side. A partir de 1908, los pasajeros circularon desde allí hacia Brooklyn sobre el puente de Williamsburg. En 1948 la estación cerró y está vacía desde entonces. “Se trata de un trozo de infraestructura industrial a la que parece que no se le puede dar un buen uso, igual que el tren elevado”, dijo al New York Times Robert Hammond, cofundador del “Highline”.

Los impulsores del “Lowline”, que anteriormente trabajaron en lugares como Google y la NASA, se toparon por casualidad con la estación vacía, tuvieron la idea del parque subterráneo, se dejaron aconsejar por los creadores del “Highline” y ahora están impulsando el proyecto.

Con los paneles en forma de cuenco, diseñados por el cofundador Ramsey, se recoge la luz solar que después llega al subsuelo. Desde allí se irradia filtrada a la habitación a través de una instalación con forma de cúpula que se encuentra en el techo. El parque subterráneo tendría así luz y calor todos los días del año desde el amanecer hasta el anochecer. La técnica debe ser muy visible, señala Barasch, el otro cofundador. “Queremos asegurarnos de que no parezca un truco de magia loco, sino algo que pueden observar directamente las personas. Para nosotros es un importante hito científico”.

 Lowline Lab

Unos visitantes en el “Lowline Lab” en Nueva York el pasado 19 de marzo.

Foto: Christina Horsten

 Hasta la inauguración, sin embargo, queda por delante un largo camino con numerosos obstáculos. En primer lugar está el tema de la financiación. Barasch y Ramsey han recaudado a través de Internet aproximadamente 150,000 dólares (unos 135,000 euros) para los primeros pasos. Para los costos de la obra calculan que necesitarán unos 70 millones de dólares, mucho dinero, que sin embargo parece factible conseguir en una ciudad que cuenta con tantos millonarios generosos.

Las negociaciones sobre el terreno también están lejos de haber concluido. “No nos oponemos a la transformación en un parque, siempre y cuando la ciudad y otros interesados apoyen el proyecto y no suponga ninguna carga económica para nosotros”, dicen desde MTA, la autoridad competente que gestiona los medios de transporte públicos y que actualmente administra la estación. Sin embargo, el propietario de la misma es la ciudad, que quiere seguir escuchando más propuestas para el terreno. Los promotores del “Lowline” esperan poder cerrar con éxito las negociaciones con la ciudad y el MTA de aquí a 2017.

 Lowlline Lab

Unos carteles indican las plantas que crecen en el “Lowline Lab” en Nueva York.

Foto: Christina Horsten

 Queda la pregunta del aspecto que tendrá el parque realmente y qué podrá crecer allí. Eso es lo que prueban los fundadores en este momento en el edificio de ladrillo rojo al este de Manhattan que han llamado “Lowline Lab”. Más de 3,000 plantas crecen desde octubre de 2015 en esta nave del tamaño de una pista de tenis que ya han visitado 10,000 personas. El experimento acaba de ser prolongado hasta marzo de 2017. “Probamos lo que crece y lo que no funciona”, cuenta un joven neoyorkino que guía a los interesados por el recinto. “El musgo no crece demasiado bien, tendremos que pensar en otra solución. Pero la menta lo cubre todo en este momento”.
Fuente: ngenespanol

 

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