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Una noche en una de las zonas migratorias más ‘calientes’ en Europa

Jueves, 14 de Abril de 2016 09:15 am

Noticiasx7 El Tiempo

Skala Sikaminea, una pequeña playa al norte de la isla griega de Lesbos, apenas a 6 millas náuticas de la costa turca.

El punto más caliente de la frontera externa de la Unión Europea, la franja de mar por la que en un año entraron a Europa huyendo de las guerras y la violencia de Oriente Próximo más de un millón de personas. (Ver también: Un millón de inmigrantes llegaron a Europa este año: Acnur).

Poco después de la medianoche, tres españoles –Laura, Ángel y Carlos– y el argentino Nicolás se embarcan en una lancha rápida de la ONG Proactiva, que en los últimos meses ayudó a cientos de miles de refugiados que cruzaron en embarcaciones de fortuna, cargados de miedos y traumas, para buscar asilo en una Europa que desde marzo decidió cerrarles la puerta.

Son socorristas de playa en varias localidades españolas. Un día del 2015, ante la tragedia de las muertes en el Egeo, decidieron venir hasta esta punta de Europa para hacer como voluntarios lo que los gobiernos europeos no hacían con muchos más medios: salvar vidas.

En Skala Sikaminea hay ocho miembros de esta ONG, que en los momentos más graves de la crisis llegaron a ser 15. Fueron los primeros que ayudaron a los refugiados a salir del agua, y salvaron a miles de personas. Carlos dice:“Para los rescates no había medios en Europa; para cerrar el paso y deportarlos, mira, hasta fragatas de la Otán”.

EL TIEMPO acompañó la madrugada de este miércoles a la patrulla nocturna de Proactiva. El acuerdo europeo con Turquía ha frenado las llegadas a esa costa griega –y disparado las que arriban a Italia desde el norte de África–, pero los miembros de Proactiva creen que en cualquier momento podrían volver las embarcaciones.

La mar está tranquila y la lancha avanza despacio hasta la linde ficticia que separa las aguas griegas de las turcas. Bajo una bóveda de estrellas infinitas y con las luces de los pueblos turcos enfrente, Nicolás, el patrón, dirige la lancha. Todos van vestidos con trajes ‘secos’, especiales para aguantar de noche en el agua si hay que tirarse a salvar a alguien. Al rato, el radar marca un punto. Es un carguero turco, inmenso frente a nuestro pequeño bote de apenas 8 metros de eslora. Por la zona patrullan fragatas militares de la Otán, buques británicos, portugueses de la agencia europea de fronteras (Frontex), guardacostas griegos y turcos.

Carlos cree que esta madrugada pueden llegar refugiados: “Los turcos tienen unos focos enormes con los que iluminan su costa, es una forma de decir a los traficantes de personas que los tienen controlados. Pero mira, esta noche no los encendieron, hoy pueden llegar”.

Tras más de dos horas de travesía, Nicolás decide volver a puerto; parece una noche tranquila. A pocos minutos de desembarcar, llega una llamada. Desde el faro próximo han detectado “algo” en aguas turcas cruzando hacia la zona griega. El radar no detecta nada. Laura dice que el radar no “ve” a veces las embarcaciones porque no tienen material metálico que refleje la señal y porque son muy bajos.

Nicolás pregunta de nuevo. La respuesta no es clara, pero parece que hay algo “en la linde, parado”. Nicolás gira el bote, pide a la tripulación que se agarre y acelera los dos motores de 200 caballos. Laura controla el radar y Carlos dirige el foco de proa. La lancha avanza de nuevo hasta la linde en pocos minutos, se para, enciende el foco frontal.
Carlos busca con el foco, no se ve nada. Nicolás para los motores, intentan oír algo. Dice Carlos que algunas veces, en la noche, los refugiados hacen fotografías usando flash porque saben que el foco reflejará el destello de las cámaras o los celulares. Así pasa media hora.

Falsa alarma, deciden, y volvemos a puerto. A pocos cientos de metros de Skala Sikaminea se oye de repente un ruido y se enciende un foco que ilumina toda la lancha. Detrás, a menos de 100 metros, aparece como un fantasma un guardacostas portugués de Frontex que navegaba sin el transpondedor encendido y sin luces. Van al menos cuatro militares a bordo.

Quiere saber qué vimos. Nada. La señal falsa eran ellos. Frontex navega a veces sin dar señal, explica Carlos, “porque así no puedes verlos, tampoco los traficantes”. Desembarcamos, son las 4:30 de la madrugada. Al amanecer los medios helenos cuentan que un guardacostas griego rescató a 120 personas en una barca en las mismas aguas, unas horas más tarde.

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