¿Por qué se fundió el socialismo del siglo XXI? por Antonio José Monagas

Domingo, 17 de Abril de 2016 02:25 pm

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Indiscutiblemente, Latinoamérica está viéndose seriamente afectada ante las contingencias políticas y económicas. Particularmente, desde los mismos inicios de la segunda década del siglo XXI. Aquellos países que vivieron del apoyo prestado por el régimen venezolano, se encuentran hoy en difíciles disyuntivas que devinieron en profundas crisis algunas de las cuales provocaron en ellos graves contradicciones entre la posibilidad de continuar supeditados a los auxilios que pudiera brindarle el gobierno venezolano, o de forzar ciertos límites que determinarían el despegue necesario para imponerse a las dificultades propias del desarrollo y así zanjar las diferencias que se acumularon como problemas de penetrante impacto.

Estas tendencias, tal como estaban suscitándose en la región, obligaron al régimen bolivariano a revisarse para así sincerar el retraso que le produjo el hecho de haber actuado con el desaforo de creerse el epicentro de un supuesto gobierno latinoamericano. No obstante, dicha auscultación no entendió el desplazamiento que iba a ocurrirle luego del pasado 6-D cuando la Unidad Democrática superó las expectativas alcanzando la mayoría calificada en la Asamblea Nacional.

Fue el momento para que el gobierno nacional advirtiera las fracturas que afectaron la movilidad de su organización político-partidista. Esa situación incitó la urgencia de un ejercicio de realineación cuyo propósito fue reestructurar el poder, pero que realizó al margen de una metodología organizacional que garantizara el éxito de la operación. De esa manera, pasaron por alto importantes problemas de razón ideológica, motivacional, conductual, de coordinación y de identidad. Sobre todo, de naturaleza teórico-conceptual lo cual revirtió consideraciones ya dirimidas que derivaron en conflictos cuyo alcance tocó los cimientos de la correspondiente organización política. Y también, de la administración de gobierno. En consecuencia, esos reveses hicieron que se evidenciaran debilidades funcionales frente a pretendidos procesos de planificación que, además, carecían del análisis necesario que permitiera superar la situación de anomalía que ya venía padeciéndose. Esto explica, de alguna forma, las razones que devinieron en la crisis política que hoy apalea la vida del país. No sólo en su economía. También en todo lo que toca la política.

Esa nueva estructura de poder, enfermiza en su genética política desde sus inicios, fue profundamente sectaria, resentida, revanchista y chantajista. Por tan fútiles razones, puede decirse que su gestión política se dirigió a intentar neutralizar y paralizar a la oposición. Sin embargo, aunque este comportamiento había sido divisado internamente, tuvo repercusiones internacionales por repetidos, aunque disimulados, exabruptos cometidos en nombre de la revolución bolivariana. Esto indujo reacciones que, con el tiempo, fueron explayándose al punto que causaron significativos reacomodos entre factores políticos que, en un principio, le habían manifestado al gobierno venezolano los mayores halagos y exaltaciones. Exaltaciones éstas que rayaron en adulaciones que, inclusive, coadyuvaron a elevar el subjetivismo que ya definía la actitud de altos funcionarios del régimen bolivariano.

La derrota sufrida por el proceso eleccionario legislativo por el oficialismo, hizo que el régimen cambiara sus socarronas tácticas políticas hasta entonces puestas en práctica. Fue así como radicalizaron las maniobras que venía pretendiendo. Sin embargo, el problema estalla cuando tal extremismo sobrepasa los propios controles trazados con el fin declarado de emprender la recomposición del régimen toda vez que se sabía perdido y confundido. Sobre todo, agotado. Por supuesto, es acá cuando muchas propuestas políticas, económicas y sociales comienzan a revertirse en función de sus elaborados objetivos. Es el momento cuando todo empieza a salir mal. Las decisiones gubernamentales dirigidas a terminar de fortalecer la gestión emprendida desde el inicio del segundo período del actual gobierno, se atropellan unas con otras.

Fue así como la ideología sobre la cual se configuraron las ideas y propuestas que luego se transformaron en programas gubernamentales, comienzan a perder la fuerza dialéctica que avaló cada discurso de carácter proselitista que sirvió a las facciones revolucionarias a obtener el respaldo necesario para alcanzar el poder político ansiado. La inercia que dicho debilitamiento acarrea, es irradiada al resto del mundo a través de canales de comunicación o vías como, por ejemplo, la diáspora forjada por la inseguridad, la desvastada economía nacional y la tirantez política que, como factores de crisis, se instalan en el país.

La anemia política que sufre el proyecto político, estimula la corrosión de la base política. Por consiguiente, esto empieza a engullir ideales que obligan a emerger contradicciones que buscan allanar los vacíos que van surgiendo sin que ello subsane los nuevos conflictos que aparecen en el plano político. Precisamente, es lo que entre tanto problema que salta a la palestra, hace que se magnifique la crisis que hoy se tiene. Sin duda que esto permite responder ¿por qué se fundió el socialismo del siglo XXI?

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