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La mayor área militar de Latinoamérica se dispone a ser olímpica

Martes, 26 de Abril de 2016 07:13 am

EFE

Deodoro no es solo la segunda zona más importante, por instalaciones y pruebas, de los próximos Juegos Olímpicos de Río; es también la mayor área militar de Latinoamérica, preparada ya para ver sus dependencias invadidas por un ejército pacífico, el de los mejores deportistas del mundo y su legión de seguidores.

Situada a 30 kms del centro de Río, pero aún dentro de su municipalidad, la región de Deodoro albergará durante los Juegos nueve lugares de competición, con capacidad para 78.000 espectadores.

Baloncesto, hockey, rugby, tiro, BMX, bicicleta de montaña, las tres modalidades de hípica, pentatlón y piragüismo en aguas bravas son las pruebas que se disputarán en los terrenos militares de Deodoro, donde trabajan 51 unidades del ejército brasileño. Seis batallones, con más de 4.000 hombres y mujeres, cuidarán del público que acuda a Deodoro durante los Juegos.

El general Luiz Eduardo Ramos Baptista, que ya estuvo a cargo de la seguridad en el Mundial de fútbol de 2014, explica con entusiasmo por qué Deodoro hace diferentes a los Juegos de Río.

“En el resto de zonas olímpicas (Barra da Tijuca, Copacabana y Maracaná) el ejército es una fuerza de contingencia. Nuestras brigadas destinadas allí estarán sentadas tranquilamente, esperando órdenes en caso de que pase algo. Pero en Deodoro, en cambio, el ejército es la fuerza de seguridad pública y la de reacción rápida ante cualquier incidente”, afirma.

Para aclararlo del todo, explica: “Aquí no necesitamos autorización para poner las tropas en la calle. Por el contrario, en el resto de sedes se precisa el permiso firmado de la presidenta del país”.

Esta autorización para operar libremente en terreno militar excluye el interior de los estadios, que serán controlados durante los Juegos por otros cuerpos.

Doscientas cámaras proporcionarán imágenes en tiempo real del parque deportivo, algunas de ellas instaladas en los vehículos militares.

Para el general Ramos Baptista, si las fuerzas de seguridad “normalmente reaccionan”, ahora deben estar listas “para anticiparse y evitar que pasen las cosas”.

El ejército brasileño confía, además, en tener sus propios campeones olímpicos: “Cien atletas son nuestros”, dice el mando, calculando el número de integrantes del equipo brasileño que pertenecen a ejército.

En virtud de un programa de los ministerios de Defensa y Deportes, los atletas pueden beneficiarse de “las ventajas de la carrera militar, como los salarios, los seguros de salud, las vacaciones y el cuidado médico, así como del uso de sus instalaciones para los entrenamientos”

El principal legado de los Juegos para la zona será el Parque Extremo, con las instalaciones de aguas bravas y de BMX ya entregadas a la municipalidad, que las convertirá en parque público.

“Estamos en la parte pobre de la ciudad. Esperamos contribuir a mejorar el nivel de vida de sus habitantes”, asegura el general.

Aficionado a la historia, Ramos Baptista aporta un dato curioso sobre el pasado olímpico: “Solamente hubo unos Juegos en los que no se empleó al ejército: los de Múnich’72”.

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