Los 11 motivos de la “petroguerra” de Saudí Aramco por Nazanín Armanian

Sábado, 21 de Mayo de 2016 10:00 am

Noticiasx7

El pretexto de lanzar a la venta el 5% de Saudí Aramco, la principal petrolera del mundo, ha sido buscar “eficiencia y transparencia en la gestión”, afirman las autoridades del Reino de Arabia Saudí (RAS). Esta compañía emplea, de forma directa o indirecta, a cerca de 200 mil personas en todo el mundo, exporta 10 millones de barriles de petróleo a diario, es propietaria de 24 superpetroleros y cinco buques cisterna, y posee, posiblemente, los 20.000 kilómetros de oleoductos que atraviesan el país.

La misteriosa nacionalidad de Aramco

Fueron Standard Oíl de California, y la compañía petrolera de Texas las que fundaron Aramco (acrónimo de Arabian American Oil Company) cuando en 1933 explotaban el oro negro de Arabia. Su relación con los jeques de aquella teocracia wahabita y la comisión que les pagaban, siguen siendo Top Secret. Igual de opacos son los años posteriores de Aramco, cuando los saudíes, bajo la fuerte presión del movimiento por la nacionalización del petróleo iraní en 1951 -dirigido por el doctor Mosadegh y derrocado luego por la CIA y el MI6-, tuvieron que comprar el 20% de las acciones de la empresa. O cuando el embargo del petróleo árabe a Occidente en 1973 (por su apoyo a Israel en la guerra contra Siria y Egipto) beneficiaba a EEUU para que consolidar la hegemonía de sus compañías en el mercado mundial e imponer un nuevo sistema monetario internacional basado en el patrón dólar.

Aquella petroguerra perjudicó principalmente a Europa y a Japón, los rivales capitalistas de Washington. En 1975, Faisal fue asesinado por su sobrino, y aunque la empresa se empezó a llamar Saudí Aramco, no se publicó ningún documento que mostrase que el RAS se hubiese convertido en su propietario.

En la prensa de EEUU hay referencias de que Aramco sigue siendo estadounidense y su domicilio principal está en Houston. De hecho, desde 1989 David Kultgen aparece como responsable del Departamento de Derecho de Aramco Services Co. Con la sede en Dhahran, la misma ciudad donde EEUU posee una de sus cinco bases militares en la tierra de Mahoma. Puede que la situación jurídica de la compañía sea como la de las bases militares: RAS es el dueño del contendedor, del suelo, mientras el contenido y gestión les pertenecen a los americanos.

Masivas privatizaciones

La reestructuración de la economía del RAS empezó en 2003, fecha de su entrada en la OMC, con la privatización de los servicios básicos (y todo lo que implica) como el suministro de agua, electricidad, y de forma parcial, la educación y la salud, mientras cientos de príncipes y princesas han seguido viviendo del cuento, del régimen. Ahora toca la remodelación política para seguir vendiendo el país, incluso su joya de corona: el director de Saudí Aramco y ministro de petróleo Ali al-Naimi ha sido cesado, al parecer por oponerse a la venta de las filiales de Aramco y su incapacidad de disuadir a los clientes de Irán a aislar a este país en los mercados de fuel.

La OPA de Aramco

Los posibles objetivos del anuncio de la supuesta privatización de (aunque sea un aparte de) esta compañía, son:

Romper el tabú de desnacionalizar la industria petrolífera, y hacer que los ciudadanos de la región acepten con normalidad e incluso con alegría la venta de los recursos naturales de su país. Por ejemplo, hay una fuerte presión de EEUU sobre el colonizado Irak, para que privatice su industria petrolífera.

– Entregar, sin rubor, el control de Aramco a los bancos como JP Morgan, Citibank y Barclays Bank, y por ende el destino político del país a dichas financieras. Los EEUU intenta controlar la intensa lucha por la sucesión entre el hijo del rey Salman, Mohammad y el príncipe Mohammed bin Nayef.

– Competir con Rusia, que desde el 2012 es el primer productor mundial del petróleo.

– Recuperar el mercado asiático. Aramco ha perdido a China como su principal cliente. Ahora Beijing ha convertido a Rusia en su primer suministrador de petróleo. Moscú y Teherán se están apoderando de los mercados de Arabia en Corea del Sur, Japón y la India. El conflicto sirio forma parte de esta petroguerra contra dichos países. Así, EEUU tendrá una posición prominente en un mercado donde Irán y Rusia están cooperando a pesar de sus rivalidades.

– Desviar hacia Arabia Saudí las inversiones extranjeras que, tras el levantamiento de las sanciones contra Irán, se inclinan hacia este archienemigo.

– Generar fondos para las arcas públicas del RAS que sufre un déficit presupuestario de un 20%, causado por el despilfarro, la corrupción, la manipulación del precio del petróleo, y los enormes gastos de las intervenciones militares en Yemen y Siria que le ha obligado a los Saud retirar hasta 13 mil millones de dólares de sus reservas estratégicas.

– Empezar a reducir la dependencia del reino a la renta del petróleo, y diversificar su economía.

– Debilitar a la Casa Saud, sobre todo ahora que se cuenta con una política exterior propia y se atreve a despreciar públicamente al mismísimo presidente de EEUU. Arabia no se salvará de la estrategia de EEUU de crear un ‘Nuevo Oriente Próximo’. Que el Senado de EEUU haya aprobado un proyecto de ley que permite a las víctimas del 11-S denunciar al RAS por su implicación en los atentados terroristas, es sólo un comienzo. ¿Por qué el Senado no confiesa, entonces, el ‘error’ de la OTAN en atacar y ocupar Afganistán en vez de Arabia Saudí?

– Mantener la tensión entre los países de la zona, que están a las expectativas  de cómo esta OPA afectará a la OPEP y a los precios del petróleo.

– Inyectar ilusión en los pozos medio agotados del petróleo de Arabia, atrayendo inversiones extranjeras. El RAS planea centrarse en los yacimientos costeros de petróleo. En el Golfo Pérsico, Arabia comparte con Irán el campo de Foruzan con incalculables barriles de petróleo.

– Las compañías estadounidenses ganarán dos veces comprando las acciones de Aramco: entregarán armas a los saudíes para que sigan defendiendo los intereses de Washington en la región.

El petróleo del RAS ha sido y es una de las principales herramientas de EEUU para perseguir sus objetivos estratégicos. La asociación del Occidente con la dictadura teocrática-medieval de los Saud entra en una nueva fase, en un Oriente Próximo a la deriva.

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