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La mano visible del mercado (II) ¿control de precios o boicot en el suministro? Por: Pasqualina Curcio

Miércoles, 25 de Mayo de 2016 12:20 pm

15yultimo

¿Es el control de precios el responsable del desabastecimiento y la inflación?
Una de las ideas más arraigadas en el imaginario colectivo actual, atravesado como está por la extenuante situación económica que se vive, es aquella según la cual los productos no se encuentran pues el control de precios existente desde 2003 bajo diversas modalidades, ha causado un rezago de los mismos.
Es una idea no solo arraigada sino tan difundida, que ha logrado encontrado eco en las propias filas de la izquierda, tanto la chavista como la que no. El razonamiento que la anima es de sobra conocido, pero no está de más sintetizarlo: el control de precios, junto a otras formas de intervención de los gobiernos chavistas en la economía, ha causado diversas distorsiones, entre las que destaca que los precios establecidos por el Estado en el marco de dicho control, no se adapten a la realidad.
Esto habría traído como consecuencia que los empresarios no produzcan o produzcan menos pues nadie puede producir a pérdida, dándose el caso entonces de que las existencias de los mismos sea menor. De tal suerte, para que aparezcan de nuevo los productos debe o bien subirse los precios o bien eliminarse de una vez el control del Estado sobre los mismos, de forma que los productores y comerciantes recompongan sus márgenes de ganancia al ser las fuerzas del mercado quienes se encarguen de fijarlos y la gente pueda entonces obtenerlos con total normalidad a sus precios reales.
Sin embargo, este razonamiento que ya a todos y todas nos parece tan obvio, choca con algunas realidades. En primer lugar, es bastante notorio que la mayoría de quienes lo sostienen no aportan pruebas al respecto. Es decir, la mayoría –por no decir la totalidad–simplemente repite la fórmula del rezago causado por el control de precios, pero sin demostrar que dicho rezago existe. A lo sumo, se limitan a decir que tal o cual precio está congelado desde tal o cual año mientras que los demás suben, lo cual puede ser cierto –y de hecho lo es en varios casos– pero no representa un hecho concluyente desde el punto de vista económico, siendo además que se asume como natural que los precios deban subir siempre.
Paul Samuelson, el economista norteamericano ganador del Nobel y escritor del manual de economía más vendido y traducido del mundo –El curso de economía moderna– que sirve de base a las escuelas de Economía de todo el planeta, decía a este respecto algo muy interesante. La economía es una ciencia que debe superar en todo momento la mentalidad de pulpero, que a menudo es la que se impone en el análisis económico pero no es la que necesitamos. La mentalidad de pulpero es aquella caracterizada por pensar como piensa cada vendedor en lo individual, cuando lo cierto es que la economía es un hecho social que hay que pensar socialmente.
Que el pulpero piense como pulpero es natural, pero que el análisis económico sea un simple reflejo de la mentalidad de pulpero trae como consecuencia la producción de falacias. El pulpero piensa como pulpero porque lo que le interesa es su beneficio individual, su negocio, y con base en eso toma decisiones (subir precio, botar a un trabajador, etc.). Pero el economista no debería pensar así para recomendar políticas. En lo que debería pensar es en el efecto que las distintas decisiones individuales tiene sobre el colectivo y viceversa. Lamentablemente, la mayoría de los economistas por deformación académica, pero también por interés individual, terminan pensando como los pulperos. Piensan en sus bolsillos antes que en los bolsillos de todos, limitándose a repetir de manera más o menos elegante, según los casos, lo que a los pulperos –en especial los más grandes– les gusta oír.
Como todos los estudiosos del lenguaje saben, cuando no se cuenta con elementos de prueba, la repetición incesante termina sustituyendo a la demostración, pues la repetición crea un efecto de verdad que reemplaza a la verdad misma. Nadie tenía pruebas de que la Tierra era cuadrada y sin embargo… Si usted hace hoy una encuesta se dará cuenta de que la gran mayoría de la población piensa que el robo de electricidad es un fenómeno de los barrios. No obstante, pasa que las marañas esas que uno ve en los postes representan menos del 10% del robo del mismo: más del 90% es el que realizan grandes consumidores como centros comerciales, empresas y residencias en grandes urbanizaciones, que no solo lo hacen de manera más sutil sino que uno esperaría que al tener mayores ingresos pagaran lo que les corresponde, pero no.
Por eso nunca debe subestimarse el poder de ciertas agencias para imponer consensos. Por eso nunca uno debe dejar de interrogarse sobre la naturaleza de ciertas adhesiones, sobre todo cuando tienen efectos sobre la vida de todos y todas. Y por eso era necesario que alguien se interrogara por fin sobre la dinámica del control de precios, los precios, el abastecimiento y la disponibilidad de los bienes, dando cuenta de qué tan cierta es esa “verdad” según la cual los productos no se encuentran y tenemos que hacer colas y pagarlos carísimo cuando los encontramos gracias al control de precios.
El trabajo que estamos presentando de la profesora Pasqualina Curcio, economista de la UCV y Dra., en Ciencias Políticas de la USB, es la segunda parte de una trilogía denominada La mano visible del mercado. Ya publicamos la primera parte en este mismo espacio. Y estamos a la espera de la tercera, que tratará sobre otro lugar común muy conocido: el de la no asignación de divisas como causante del desabastecimiento. Esta trilogía, a su vez, representa una continuidad y profundización de su ya célebre Desabastecimiento e inflación en Venezuela, texto publicado el año pasado y desde entonces lectura obligatoria para todos aquellos y aquellas interesados en dar cuenta real de la coyuntura que enfrenta nuestro país.
Para no quitar más tiempo y dejar que sean los propios lectores y lectoras los que den cuenta de la importancia del texto de la profresora Curcio, describamos muy rápidamente el sencillo pero valioso ejercicio analítico realizado por ella. Tan simple que extraña que alguien no lo haya realizado antes. Pero si recordamos lo que acabo de decir que decía Samuelson, encontraremos pistas de por qué no.
El ejercicio es el siguiente: dados los argumentos de los sectores empresariales, de aquellos que hacen oposición al Gobierno y no pocos que dicen apoyarlo, con respecto al impacto negativo y distorsionante del control de precios sobre la disponibilidad de bienes, uno esperaría por lógica simple que al comparar la producción de los bienes cuyos precios están regulados con los precios máximos fijados por el Estado, saltara a la vista una disminución de la primera como resultado del rezago o no revisión de estos precios en el tiempo. Es decir, en términos un poco más técnicos, se esperaría una relación estadísticamente positiva entre ambas variables.
Como dice Curcio, la razón que subyace en esta relación teóricamente esperada, es que si el precio fijado como máximo está por debajo de los costos medios de producción, las empresas decidirán o no producir o disminuir ésta. Esto partiendo del supuesto de la teoría económica neoclásica de que todos los agentes son racionales. Y dado que por tal cosa se entiende que los mismos siempre buscarán maximizar sus beneficios, nunca se dará el caso que produzcan a pérdidas. En otras palabras: siempre que el precio no cubra los costos, que se dice es lo que pasa con el control de precios, la empresa no producirá o producirá menos.
A este respecto, lo que hizo Curcio fue irse al año 2003. Como se recordará, este fue el año en que comenzó el control de precios (junto al de cambios) como respuesta del entonces presidente Hugo Chávez al sabotaje petrolero que culminó a comienzos de dicho año y que vino precedido del golpe de Estado de abril de 2002. Entre otras razones, porque tales acciones supusieron que la inflación más que se duplicara de un año a otro, pasando de 12,1% en 2001 a 31,2% en 2002.
Así las cosas, Curcio toma ese año como año cero de la serie. Y dado que se asegura que es el control de precios el factor distorsionante, pues no permite que se fijen los precios reales de mercado, supone que el precio de venta de entonces era un precio óptimo o de equilibrio de mercado fijado por la oferta y la demanda, que es como se nos dice debería ser en cuanto estaría por encima de los costos medios de producción. a este precio óptimo lo llama precio “real”. De allí en adelante comienza a seguir la evolución de los precios regulados dentro del marco del control, asumiendo que el precio “real”, de haber evolucionado naturalmente y no mantenerse fijado por el Estado, lo habría hecho ajustado al Índice Nacional de Precios al Consumidor. Luego correlaciona dicha evolución con la disponibilidad de alimentos al menos hasta 2013, que es hasta que se disponen las cifras de la Hoja de Balance de Alimentos que publica el Instituto Nacional de Nutrición. Le invitamos a ver los resultados. De seguro le sorprenderán. Por nombrar un solo ejemplo destaquemos el de las caraotas, que fueron sacadas de la regulación hace 10 años e igualito no se encuentran…
Como todo buen trabajo de este tipo, el de Curcio al tiempo de dar respuesta a importantes interrogantes, abre la puerta a muchas otras. Y tal vez la más importante de todas sea entonces por qué, de no ser tan cierto eso de que la producción se ve afectada por el control de precios, la gente no encuentra los productos y cuando lo hace lo hace mucho más caros. ¿Qué es entonces lo que está ocurriendo? El propio trabajo de Curcio arroja pistas también sobre esto. Dejemos entonces que sean los lectores y las lectoras quienes las encuentren.

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