Foto: Guy Martin

Ritual único: ¿Cómo es una boda musulmana?

Sábado, 28 de Mayo de 2016 12:41 pm

National Geographic En Español

La crisis de refugiados sirios ha centrado la atención internacional en los musulmanes europeos; y también ha generado un nuevo sentimiento anti-musulmán. Pero con estas imágenes de Ribnovo, Bulgaria, el fotógrafo Guy Martin demuestra que las comunidades musulmanas han formado parte del Viejo Continente desde hace mucho tiempo.

La apartada aldea de Ribnovo es una de dos poblaciones búlgaras donde los musulmanes eslavos, conocidos como pomacos, celebran bodas características de la región. Estas ceremonias se llevan a cabo en invierno, la estación nupcial tradicional.

Las bodas de los pomacos de Ribnovo duran dos días completos, abarcando todo el sábado y el domingo. Así que, cada fin de semana invernal, encontrarás a los habitantes de Ribnovo bailando, comiendo… y construyendo alcobas muy elaboradas para los nuevos esposos.

Martin explica que esas alcobas se montan el sábado por la mañana afuera de la casa familiar de la novia. La intención es mostrar a familiares, amigos, y vecinos cómo será la nueva vida de la pareja. Y también alardear: cuanto más grande y elaborada sea, mucho mejor.

Poco después, amigos y vecinos se presentan llevando regalos, los cuales dejan fuera de la casa de la novia. Martin dice que la familia de la desposada también construye un andamiaje de seis metros de altura fuera de la casa, donde la gente cuelga “frazadas, tapetes, alfombras y ropa –[algunas cosas] hechas a mano y otras compradas- para el nuevo hogar de los novios”.

Lo crucial en todo esto es la participación de la comunidad. Martin señala, por ejemplo, que casi siempre se requieren de “hasta 10 o 15 hombres para construir el andamiaje”. También está el asunto de montar la alcoba y desmantelarla al final del día. “Hace falta un ejército de 50 o 60 personas para cada boda”, asegura Martin.

Después del espectáculo matutino de la alcoba, la familia de la novia ofrece una fiesta el sábado por la tarde. Los pomacos comen, prenden dinero en la ropa de los novios, y bailan la houra tradicional en la plaza del pueblo. Más tarde, por la noche, la novia y sus amigas se pintan las manos con alheña, mientras los jóvenes terminan la velada en las cafeterías, fumando y charlando.

Todo se repite el domingo. Por la mañana, vuelven a montar la alcoba y disponen los regalos; y por la tarde, la familia del novio organiza otra fiesta.

Pero al caer la noche, la novia no solo se pinta las manos con alheña. También se acuesta en una habitación de la casa familiar, donde sus amigas y parientas decoran su cara con pintura blanca y joyas; un proceso minucioso llamado gelina que, a decir de Martin, puede durar varias horas.

A continuación, levantan a la novia, quien mantiene los ojos cerrados, y la ayudan a salir caminando del hogar de sus padres. Martin explica que es un acto simbólico, “porque abandona la casa y no regresará a vivir allí”.

Para ese momento, una multitud se ha reunido afuera, y los recién casados se paran delante de todos hasta una hora, recibiendo más regalos y haciéndose fotografías (en todo este tiempo, la novia no abre los ojos). A veces, un imán les da su bendición o dice una plegaria. Y entonces, la novia inicia la caminata ceremonial hacia la casa de la familia del novio.

“No importa si son vecinos o si viven a un kilómetro de distancia, la pareja empieza a caminar… mientras ella tiene los ojos cerrados”, informa Martin.

Al llegar, la familia del novio sigue al nuevo matrimonio hasta su dormitorio. Los parientes del nuevo esposo levantan un velo rojo que cubre el rostro de la desposada para conocerla, simbólicamente; una solemnidad que persiste desde la época en que todos los matrimonios eran arreglados.

Después de eso, todos (al fin) dejan en paz a los recién casados durante tres días completos.

 

Foto: Guy Martin

Hoy día, los jóvenes de Ribnovo suelen emigrar al extranjero en busca de trabajo; a veces varios meses, a veces todo el año. Y conforme las citas se vuelven más aceptables, los matrimonios arreglados son cada vez menos comunes (algunos jóvenes pomacos omiten la complicada ceremonia por otra razón, la cual tiene que ver menos con la tradición y más con las finanzas. Después de todo, hace falta un montón de dinero para celebrar una boda comunitaria).

Aunque Martin dice que la tradición nupcial de los pomacos está bien arraigada, falta ver si los jóvenes de Ribnovo –expuestos a nuevas ideas cuando emigran al extranjero- siguen regresando a casa para casarse.

 

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