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“La verdad informativa otra víctima de una Venezuela en crisis” Por: Cesar García

Domingo, 29 de Mayo de 2016 12:21 pm



Como bien sabemos, son variadas las noticias y las publicaciones que pueden encontrarse diariamente en los diversos medios informativos sean estos periódicos, revistas, noticieros televisivos, programas de opinión, portales web de noticias, comentarios vía twitter, cadenas vía whatsaap entre otras. Estos canales (y otros más) gracias a su alcance e impacto cuentan con la posibilidad de convertir cualquier suceso, comentario o acontecimiento en un hecho noticioso tenga o no relevancia sea o no de envergadura.

En un primer orden se puede presumir que no importa la información que se transmita, que se publique, que se comparta, que se reenvié o que se retuitee pues en última instancia el criterio, la razón y el juicio de cada receptor-lector debería prevalecer sobre la base de la racionalidad. Sin embargo, como ya ha quedado demostrado la manipulación mediática es un hecho cierto que ha logrado imponerse y dominar la racionalidad de muchos. Bajo esta dominación de la racionalidad el elemento de la verdad pasa a un segundo plano pues ya no es la verdad lo que realmente interesa, ya no es la veracidad de la fuente lo que contiene valor significativo se trata simplemente de vender e imponer una determinada información o corriente de pensamiento. Esto no puede percibirse con ingenuidad pues tras tales acciones están escondidos y articulados laboratorios especializados en psicología y propaganda mediática cuyo fin va más allá del noble interés de comunicar o informar oportunamente, y si el contexto informativo, va enmarcado en intereses de orden político habría entonces que recordar al artífice la propaganda nazi como fue Joseph Goebbels para quien la política de las noticias es un arma de guerra y su propósito es el de hacer la guerra y no el de dar información.

Actualmente, nuestra nación está atravesando unas muy duras y difíciles circunstancias: la condición política lo evidencia, la situación económica lo sustenta y las condiciones sociales lo avalan; en tal sentido, no se requiere ni de grandes dotes, ni de grandes conocimientos, ni de un nivel de cultura superior para concluir acertadamente que las cosas en el país están mal y que por los vientos que soplan parece no haber una tendencia clara hacia una pronta recuperación sino más bien hacia la agudización del conflicto político-institucional en el cual nos encontramos. Y es en medio de esta difícil crisis donde los venezolanos debemos procurar a todas luces, no perder la objetividad y el criterio pues resulta que el pueblo venezolano -independiente de su inclinación política- se encuentra en el meollo de la crisis y no debe resultarle extraño que la dirigencia política del país (oficialistas u opositores) según su propia intencionalidad hagan uso de los medios, los canales y del arsenal mediático necesario; bien sea, para tratar de minimizar el severo impacto de la crisis y conflicto en el que nos hallamos o bien, para exacerbar aún más, lo ya exacerbado de las circunstancias político-sociales.

Bajo tal óptica se puede percibir que no es solo el ciudadano común y corriente la única víctima de las penosas circunstancias en las que nos encontramos sino que la verdad informativa como un elemento necesario y vital en estos momentos se encuentra duramente asediada e incluso acorralada. No tengo que decir que hay crisis, conflictividad o penumbra ya que las vivencias de la faena diaria, los comentarios que se oyen de cola en cola mientras se está en la búsqueda de medicinas, de alimentos o de algún artículo de primera necesidad nos dibuja claramente que no es una mentira ni una pesadilla lo que vivimos sino que estamos ante una cruda y verdadera realidad; quizás alguno podrá pensar: ¿no es una pesadilla? Insistiría en responder que no pues la ventaja que tenemos sobre las pesadillas cuando estas forman parte de un sueño es que al despertar vuelves a la realidad y en estos momentos, estamos más despiertos que nunca y otros, quizás ya han comenzado a despertar.

Nos encontramos ante el bombardeo continuo de informaciones que -veraces o no- no dejarán de circular incesantemente por los diferentes canales; especialmente, los vinculados a las redes sociales y donde el ciudadano común que se ha convertido en su catalizador informativo sin darse cuenta también se ha constituido en la principal víctima de su propio efecto.

Probablemente, la inquietud que muchos puedan albergar es: ¿Quién estará diciendo la verdad o a quién le creemos? Pues bien, la realidad vivencial es nuestra mejor herramienta al momento de juzgar cualquier información que se transmita sea esta un hecho noticioso o un comentario; sobre todo, si consideramos qué intereses reales se esconden tras de sí. No permitamos tampoco que el rumor se apodere de nuestro criterio tengamos en cuenta que ser pregoneros o hacerse eco de informaciones, de opiniones o de comentarios no corroborados es una contribución adicional que damos para hacer de la verdad informativa otra víctima de una Venezuela en crisis.

La información como derecho es una conquista de la cual no podemos prescindir bajo ninguna circunstancia; sin embargo, es necesario considerar también que tal conquista como es el derecho a la información debe ejercerse con responsabilidad, con criterio y con sindéresis; por lo tanto, si en realidad no se desea incurrir en el menoscabo de tal derecho resulta necesario tener en cuenta que no basta solamente con informar alegando el hecho de que todos tienen derecho a recibir información y difundirla sin mayores limitaciones; es necesario también, tener juicio sobre la información que se transmite, se comparte, se retuitea, se manda vía whatsaap, etc. Porque nuestro país no requiere de incendiarios informativos sino de comunicadores e informadores  veraces que contribuyan al desarrollo del país y que en los momentos de incierto informativo aporten la luz necesaria.



Hay un verso de los evangelios muy conocido:

“…y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.”

 

 

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