Foto: Archivo

Cita misteriosa en Dominicana? Por: Vladimir Villegas

Martes, 31 de Mayo de 2016 08:16 am



La polvareda que levantó la información divulgada sobre contactos entre el gobierno y la oposición venezolanos en República Dominicana es una consecuencia menor con respecto a las ventajas que tendría un diálogo serio, sincero, constructivo y sin cartas bajo la manga para una solución en paz y en democracia al severo conflicto político existente en el país

No hubo, como ya se ha informado, un contacto directo entre los representantes del gobierno, Elías Jaua, Jorge Rodríguez y Delcy Rodríguez, con los de la Mesa de la Unidad Democrática, Timoteo Zambrano, Carlos Vecchio, Luis Aquiles Moreno y Alfonso Marquina. Cada grupo se reunió por separado con los facilitadores, representados en esa ocasión por el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero.

Para que se convoque una reunión de los dos bandos con los ex mandatarios tiene que haber primero algunos acuerdos sobre los términos y condiciones con miras a que ese diálogo siquiera pueda ser formalizado.

Está claro que tampoco existe unanimidad en cada sector sobre la conveniencia de sentarse o no en una mesa de diálogo, que para hacerla funcionar necesariamente deberá transformarse en una mesa de negociación política.  Los radicales de lado y lado harán todo lo posible por evitar que cristalice una iniciativa de esa naturaleza.

Eso no es ninguna novedad. La novedad es que en esta oportunidad se pueda construir una agenda que permita abordar los temas esenciales y un clima que genere confianza entre las partes y favorezca el logro de resultados concretos.

Un punto ineludible, por supuesto, es el compromiso de que los factores políticos tanto de gobierno como de oposición jueguen dentro de la constitución  nacional y favorezcan la solución al conflicto con las herramientas que la Carta Magna establece para que el soberano sea  quien dirima, mediante el voto, las diferencias existentes. Cada actor fijará sus condiciones para sentarse directamente a la mesa, y corresponde  a los facilitadores la difícil tarea de conciliar posiciones, sin inclinarse hacia ninguno de ellos, porque de lo contrario fracasaría la tarea que se les ha asignado.

Estas reuniones pueden o no anunciarse a la opinión pública, y lo sensato, lo responsable y lo conveniente es que si se va a dar a conocer un contacto entre gobierno y oposición esto se haga de común acuerdo para evitar un uso indebido de la información sobre el encuentro. No es lo mismo ni se escribe igual un contacto indirecto a través de intermediarios que una reunión cara a cara. Lo primero fue lo que realmente ocurrió y eso tiene su lógica. Ya se han producido experiencias anteriores de contactos directos formales e informales entre la oposición y gobierno que han resultado en frustraciones y fracasos. Era tiempo de hacer las cosas de manera diferente para tratar de obtener resultados positivos. ¿Quieren realmente eso gobierno y oposición? El tiempo, una vez más, dirá lo que en verdad quiere cada quien.

Como hemos dicho en anteriores oportunidades, el diálogo no es fácil de construir, sobre todo cuando existe gran desconfianza e incluso intolerancia entre las partes, pero nada que no pueda superarse con un buen desempeño de los facilitadores. Todo depende, claro està, de la voluntad política de cada factor. No se puede jugar ni a correr la arruga ni a ganar tiempo. Es un momento de decisiones que van a determinar el curso de nuestro país.

El tamaño y la profundidad de la crisis social generada por el desabastecimiento de alimentos y medicamentos, el desaforado incremento de la inflación y el peligro real de que las micro sacudidas callejeras que hemos visto en torno a supermercados y transportes de alimentos se transformen en una incontrolable acción de calle que arrase con lo que es y lo que no es. ¿No es esto un motivo suficiente pare asumir seriamente que deben buscarse soluciones por la vía del diálogo, con la constitución como regla de juego fundamental?

Es comprensible que existan sectores reticentes al diálogo, por desconfianza y frustración. Pero los extremistas de lado y lado favorecen la confrontación porque los mueve el deseo de aniquilar al otro. Porque no toleran la idea de un país donde haya cabida a la diversidad y al debate democrático. Si nos dejamos llevar por los extremos y no intentamos una vez màs hacer realidad una mesa de negociación política, estaremos renunciando al derecho que tiene la mayoría del pueblo venezolano a vivir en paz, con justicia, con una economía que funcione, con instituciones que garanticen el cumplimiento de la ley y el pleno ejercicio de los desechos contenidos en la Carta Magna.

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