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Diálogo a gritos Por: Maryclen Stelling

Domingo, 12 de Junio de 2016 10:50 am

Noticiasx7

Voces internas y externas expresan su preocupación por la situación del país y coinciden en la necesidad del diálogo. Situación ideal pero difícil, por cuanto requiere de un proceso que nos enrumbe hacia la paz legítima y sostenible. Y como “deseos no empreñan”, nos luce que, por el momento, el juego está trancado.

Ambos grupos políticos, atrincherados en posiciones aparentemente inamovibles, afirman querer negociar. Voceros de oposición aseveran que “ningún diálogo está por encima del cambio constitucional en 2016”, y para dialogar “debe haber condiciones claras como las planteadas por la Unidad”. Por su parte, voceros oficiales insisten en el “diálogo franco y sin condicionamiento para el bienestar de todo el pueblo de Venezuela… Nuestro fin supremo es la paz de todos los venezolanos”. El Presidente propone tres puntos (o condiciones) para la agenda de diálogo: Instalación oficial de la Comisión por la Verdad; encuentro entre los Poderes Públicos del Estado que genere un gran acuerdo de respeto a la Constitución y la renuncia de la oposición a toda forma de violencia política, social y criminal.

En el discurso político de ambos grupos destacan una serie de creencias deslegitimadoras -deshumanización, proscripción, rotulación negativa- acompañadas por emociones negativas que, a su vez, derivan en conductas igualmente adversas hacia el contrario, un peligro para la sociedad.

En este cuadro de posiciones rígidas, Rodríguez Zapatero, jefe de la misión de Unasur para el diálogo, sugiere que la oposición se centre en las elecciones presidenciales de 2018 y, a cambio, la posibilidad de dar libertad condicional a algunos presos políticos. Tajante la MUD responde que el revocatorio no se discute. El Parlamento Europeo, en tanto precondición para cualquier diálogo, exhorta a liberar a los presos políticos y respetar el revocatorio.

¿Es posible hablar de diálogo y paz, cuando los discursos construidos por los grupos políticos promueven y legitiman la confrontación, la violencia en distintas formas? ¿Es posible retomar la senda del diálogo cuando ambos grupos manejan una percepción de ilegitimidad y responsabilizan al adversario de la situación? ¿Cuándo se promueven y legitiman acciones políticas para la eliminación del adversario? ¿Cuándo el llamado se realiza en un contexto deslegitimador del propio diálogo?

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