Foto: Archivo

La puñalada por la espalda Por: Antonio Sánchez García

Domingo, 12 de Junio de 2016 11:15 am

Noticiasx7

A Casto Ocando, periodista del Miami Herald, le debemos dos revelaciones de gran importancia: el encuentro en Punta Cana entre el trío de mensajeros de Castro Maduro y las partes venezolanas en conflicto, que tras el drástico rechazo de Leopoldo López, “mercancía” de recambio propuesta por Maduro para un cambalache de casa por cárcel y revocatorio por elecciones, terminara en agua de borrajas. Y ésta última, hoy hecha pública en Miami, de un encuentro secreto entre Susana Malcorra, la canciller argentina, y Delcy Rodríguez, la canciller venezolana, sostenida en Washington y continuada en Caracas. Un encuentro que fue más allá de los habituales tête-à-tête del mundo diplomático para convertirse en un jubiloso intercambio de favores: Malcorra viajó a Caracas a sellar su compromiso de respaldo al gobierno de Nicolás Maduro en un avión puesto a su disposición por PDVSA. ¿A cambio del respaldo de CastroMaduro y su paquete de votos forista-caribeños a su candidatura a la Secretaría general de la ONU? Sólo un necio creería lo contrario. En política, séase neocomunista, como Maduro, o neoliberal, como Macri, no se da puntada sin hilo. Como diría el también argentino Enrique Santos Discépolo hace ochenta años en su maravilloso tango Cambalache, “el mundo fue y será una porquería, ya lo sé, en el 506 y en el 2000 también”.

Henry Ramos ha dicho que, por lo menos, Cristina Kirchner, otro clásico personaje brechtiano y discepolín de la tenebrosa picaresca política porteña, no era hipócrita. El hipócrita al que se refería era Mauricio Macri, al que decidió rebautizar con el remoquete de Mauricio Micro. El manco. Tienta rebautizar a la Sra. Susana Malcorra con otro remoquete, éste propio del argot argentino y llamarla Mal Chorra. Para quienes no conocen el término, se hizo inmensamente popular en la voz de Carlos Gardel en un tango del mismo nombre, del inmenso Enrique Santos Discépolo, llamado Chorra y que termina diciendo:

Para quien tenga dudas sobre el encuentro de la canciller de Macri y la de CastroMaduro, según parece dos personajillos tal para cual, la noticia viene acompañada de una foto en las que lucen sonrientes. No se explica si fue tomada en el hotel caraqueño en el que la Malcorra descansó antes de seguir viaje a Buenos Aires, o en Washington en medio del boicot programado por ambos gobiernos ante el intento del uruguayo Luis Almagro por conseguir el respaldo a la aplicación de la Carta Democrática. Tampoco se dice quién pagó la cuenta. Si el avión lo puso PDVSA, ¿por qué no habría de haberle pagado el alojamiento?

Recuerdo los tiempos próximos y cercanos en los que, a punto de ganar las elecciones, Macri y Lilian Tintori, la esposa y principal combatiente por la libertad de Leopoldo López, se fotografiaron en prueba de un compromiso de honor: la primera iniciativa de Macri en el plano internacional, de ganar la presidencia, sería exigir la aplicación de la Carta Democrática contra el gobierno que mantenía encarcelado injustamente a su esposo. Y aherrojado al pueblo venezolano.

¡Qué ominoso y triste precedente para los magistrados argentinos! Le chorrearon miles de millones de dólares al ingenuo autócrata venezolano y estafan a sus demócratas sin que se les arrugue el semblante. Comienzo a comprender el por qué de la intransigente negativa de Bolívar a recibir en Quito a San Martin, quien sin siquiera bajarse de su nave debió volver al Perú con la cola entre las piernas. Las intriga no era costumbre en el gran caraqueño. Era la grandeza. Como también lo señala en una mordaz indirecta en su notable y más bien desconocido artículo UNA MIRADA A LA AMÉRICA ESPAÑOLA, publicado en Quito en 1829, no parecía mostrar mucha simpatía por los antecesores lejanos del Señor Macri: “Empezaré este bosquejo por la República Argentina, no porque se halle a la vanguardia de nuestra revolución, como lo han querido suponer con sobra de vanidad sus mismos ciudadanos; sino porque es la que está más al Sur, y al propio tiempo presenta las vistas más notables en todo género de revolución anárquica.” Como diría mi admirado Alexis de Tocqeville: los países arrastran sus pecados originales por los tiempos de los tiempos. Ahora el turno es de Mauricio Macri.

Sálvese quien pueda.

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