“¿Qué puede haber después del Cumanazo?” Por: Cesar García

Domingo, 26 de Junio de 2016 01:10 pm

Noticiasx7

El antecedente.

Haciendo un poco de memoria recordaba cómo en uno de sus tantos mítines políticos, el entonces presidente Hugo Chávez -cada 27F-, aprovechaba la ocasión para fustigar y criticar el sistema económico neoliberal el cual sin duda alguna dejó una impronta en el acontecer político, económico y social de nuestro país. La aplicación de aquel denominado “paquetazo de CAP” por allá en el año 1989 avivó aquella explosión social como fue el Caracazo. En el transcurrir de su mandato -Chávez- nunca cesó de reiterar y rememorar estos hechos los cuales a la luz de la interpretación ofrecida, se trató de una protesta señera del pueblo contra el predominio de la ideología neoliberal ante la pretendida imposición del imperio norteamericano que procuró implementar tales medidas en nuestra nación, contando -según esa versión- con la anuencia de un dócil vasallo como fue el gobierno de CAP.

Muchos años después de haber ocurrido aquel lamentable suceso que enlutó a la sociedad venezolana producto de la gran represión en la que incurrió el gobierno y donde la institución castrense junto a la policial hicieron uso de la fuerza desmesurada para restaurar el orden civil. Ante tal recordatorio, vale la pena, que hoy reflexionemos en cuanto a; si aquellos hechos del 27-F son interpretados como la respuesta señera de un pueblo contra el predominio de una ideología neoliberal la cual se traducía en hambre, miseria y penuria para el pueblo venezolano. Entonces:

  • ¿Cómo podemos interpretar los hechos suscitados el pasado 14 de junio en la ciudad de Cumaná donde el hambre, la miseria y la penuria colmaron la paciencia popular?

El espejo de las perspectivas.

Resulta que para la élite gobernante del año 89, el Caracazo fue encuadrado dentro del marco del vandalismo, del caos, de la anarquía y alentado por fuerzas subversivas de izquierda que contaron con el apoyo de Fidel Castro quien habría aprovechado su visita a Caracas durante la toma de posesión de Carlos Andrés Pérez -el 2 de febrero de 1989- para ingresar armas al país y ultimar detalles de una insurrección. Referente a esto último cuanto de verdad, cuanto de mentira o cuanto de manipulación habrá eso es algo que no pretendo precisar aquí.

El hecho indiscutido es que hubo un estallido social y quienes vivieron aquella experiencia poco grata; de seguro recordarán, que ciertamente fueron saqueados múltiples lugares expendedores de alimentos como abastos y supermercados pero también más de uno quedó reseñado con un televisor a cuesta, un equipo de sonido y artículos de otra índole. Pero en fin, a 27 años de aquel acontecimiento, cómo ha visto o ha descrito la élite gobernante en turno los recientes sucesos acontecidos en Cumaná:

  • ¿Acaso se ha dicho que se trata de la indignación popular porque están hartados de las colas interminables que hacen día tras día para intentar comprar alimentos?
  • ¿Acaso las declaraciones han sido de justificación admitiendo que los hechos de Cumaná se circunscriben dentro de una batalla contra el sistema imperante y donde hombres, mujeres y jóvenes se rebelaron contra un modelo ya desgastado?
  • ¿Se ha dicho que los sucesos de Cumaná forman parte de la gesta que ha impulsado un pueblo heroico como el cumanés que salió a protestar en nombre de todos aquellos que hacen cola para comprar alimentos, en nombre de los que no tienen dinero para comprarle a los bachaqueros, a luchar por los derechos de aquellos que no siendo militantes del partido de gobierno esperan por la venta de una bolsa de comida sin menoscabo de su inclinación política?
  • ¿O quizás, las opiniones entre aquella élite gobernante del 89 y la actual resultan en una semejanza de contenido en formas y fondos porque justamente detentan el poder y se han tornado conservadores a ultranza?

Sé que el tema puede resultar sumamente complejo; más aún, si se tiene en cuenta que las dimensiones del Caracazo no pueden equipararse dado su alto impacto. Sin embargo, como nos recuerda García Pelayo, todo fenómeno resulta susceptible a la politización. Así que de la misma manera, como el Caracazo se politizó, los hechos de Cumaná se mantienen en la misma línea de politización tanto para el gobierno en turno como para quienes le adversan. Entonces, no sorprende en absoluto, que la línea mediática oficial hable hoy de guarimberos, o que los actos vandálicos y saqueos en Cumaná fueran orquestados por la derecha para generar terror y desasosiego. Ahora bien; ¿Estoy justificando la violencia, el terror, el vandalismo, el pillaje o el malandraje oportunista en los sucesos de Cumaná? En ninguna manera. Solo quiero destacar que cualquier fenómeno susceptible a la politización (condicionante o no) brinda matices particulares; especialmente cuando se es, un gobierno en turno.

Tanto en el “Caracazo” como en el “Cumanazo” -como bautizaron a este último- se evidencian hechos vandálicos cometidos por oportunistas que vieron la ocasión de pescar en río revuelto aprovechándose del legítimo derecho a la protesta que pueden ejercer los venezolanos que sienten que sus derechos están siendo violentados (Art. 350 CRBV). Sin embargo, los oportunistas siempre abundan por doquier y sólo se hacen presentes a ver qué beneficio obtienen pero ni siquiera este elemento puede desenfocarnos del conflicto que hay en pleno desarrollo dentro de la nación el cual solo parece tender a la agudización. Por ejemplo, datos -no oficiales- publicados por el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) indican que las protestas contra la escasez y desabastecimiento de alimentos aumentaron en 320% en mayo de 2016= 171 (mayo2015= 41).

El gran descontento poblacional está generando diariamente micro-explosiones en todo el territorio nacional y es muy factible, que como todo descontento que viene en crecimiento sostenido más temprano que tarde termine por desplazar no solo las fuerzas del orden sino a la misma dirigencia política del país (gobierno-oposición): ¿Será posible que intereses oscuros pululando de parte y parte estén esperando tal desenlace a ver qué beneficio pueden obtener?

En conclusión:

Circunscribir la crisis de alimentos -por mencionar solo una arista del gran conflicto- a una sola línea donde la responsabilidad se atañe a una derecha que intenta desestabilizar la nación y deponer al gobierno en turno por la vía que le resulte posible, es ignorar y olvidar que el gran descontento generalizado que hoy recorre a Venezuela no necesita de atizadores de oficio pues sus principales componentes como son la escasez de alimentos y las interminables colas para acceder a estos aviva de continuo la animosidad de una sociedad en la cual la temperatura solo viene subiendo.

Por otra parte, es indignante ver como algunos -pueblo contra pueblo- pueden valerse de la carencia y escasez de alimentos para fomentar disturbios oportunistas o para velar exclusivamente en función de intereses egoístas; dicho en otra forma, nos encontramos en pleno apogeo de un “laissez faire, laissez passer” incontrolable y el alimento es el arma que algunos empuñan hoy. Lamentablemente como lo reseñan las páginas de nuestra historia los menos favorecidos siempre llevan la peor parte pues son los que ponen los muertos, los que derraman la sangre y para colmo, los que terminan lavando los platos donde otros comieron. Por lo tanto, no podemos desconocer una realidad tras el telón: por un lado, la corrupción e ineficacia de un gobierno en cuanto a la planificación y ejecución acertada de políticas que masifiquen y garanticen el suministro de alimentos a chavistas, a opositores, a maduristas, a los de corte ni ni, a los extranjeros que hacen vida en nuestra nación, etc. Por otro lado, a los dirigentes opositores que confabulados con un sector privado o alianzas externas y a causa de intereses sombríos y particulares intentan pescar en río revuelto boicoteando cualquier acción o diligencia que pueda contribuir a una pronta solución relacionada con la escasez de alimentos.

Violencia, violencia y más violencia es lo que estamos experimentado en sus más variadas formas y maneras, lo cual, inevitablemente trae como consecuencia que la sociedad toda esté colocada sobre un tapiz de ofensa y contraofensa. No obstante, la violencia no solo está reflejada en los actos vandálicos que pudieran ser perpetrados por facinerosos pues resulta que hoy más que nunca estamos en presencia de circunstancias particulares que mantienen en cocción permanente el caldo de cultivo para que se suscite un hecho violento de proporciones inimaginables capaz de enlutar y empobrecer aún más a nuestra nación.

La escasez de alimento es un hecho público, palpable y notorio -¿Acaso no hacemos mercado o al menos eso intentamos?- pues las inmensas e inacabables colas que se registran en supermercados o locales expendedores de alimentos así lo demuestran.  No se requiere de una iluminada inteligencia para darse cuenta que la escasez de alimentos aunado a otros factores que influyen en la vida nacional podrán devenir en hechos como los ocurridos en Cumaná pero en escalas de mayor impacto.

 

“Revuelva las aguas para asegurarse una buena pesca”.

(Libro 48 Leyes del Poder/ Ley Nº 39).

Cesar García

Estudiante de Estudios Políticos -UCV-

Caracas, 22 de junio de 2016.

 

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