Maryclen Stelling

Ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario Por: Maryclen Stelling

Domingo, 26 de Junio de 2016 10:37 am

UN

La Patria Grande celebra el histórico acuerdo de paz alcanzado en Colombia luego de arduas negociaciones por un lapso de cuatro años. De aquí en adelante el camino del postconflicto planteará nuevos desafíos.

Venezuela, acorde con las características de su situación interna, “lucha” por afrontar y resolver su propio conflicto. Atrapada, sin embargo, en los supuestos que manejan factores políticos enfrentados, convencidos en torno a las condiciones del proceso de negociación y sus resultados o consecuencias. Ambos bandos están persuadidos de que la confrontación debe culminar en una definitiva y clara victoria política para uno de los dos lados y de donde, como resultado, emergerá un solo ganador y un derrotado. Impera una cultura del conflicto que se centra en el fortalecimiento del pacto social de “no convivencia”, en la legitimación-deslegitimación del otro por diversas vías y, fundamentalmente, se limita a una visión simplista y reducida de la posible salida: revocatorio y/o Carta Democrática con pocas opciones para el “batuqueado” diálogo.

A partir de procesos de pacificación en la región surgen una serie de recomendaciones. La reconciliación en tanto acuerdo político “para ayudar a que los actores entiendan la justicia como un concepto que… tendrá más relación con el futuro que con el pasado”. La moderación debe predominar sobre el extremismo. Debe cambiar la percepción que cada parte tiene de la otra. La paz y la democracia significan aceptar el derecho del adversario a existir y a tener un espacio de poder. Un conflicto no se puede resolver sin la ayuda de terceros y, una vez escogidos, se debe confiar en ellos.

Consciente de que cada conflicto es un fenómeno único caracterizado por distintos grados de complejidad, Venezuela debe afrontar con urgencia la pacificación del conflicto en todas sus manifestaciones: discursiva, psicológica, social, política, institucional, económica, estatal y además expresiones de violencia espontáneas y organizadas que, peligrosamente, se consolidan más allá de la simple protesta ciudadana.

Atrapados ambos bandos en el forcejeo confrontacional, relegan al olvido la posibilidad de erigir sobre el disenso una cultura para la transformación constructiva del conflicto, sin vencedores ni vencidos.
maryclens@yahoo.com

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