indigencia una situación muy difícil
Foto: Archivo

La voz de la indigencia, un eco que se hace cada vez más fuerte en Caracas

martes, 13 de septiembre de 2016 05:30 pm

Gilberto Rojas

Caracas, la capital latinoamericana que para los años 70 era considerada “la ciudad maravillosa” ha sufrido un deterioro progresivo en los últimos 20 años que hoy se nota en sus aceras, en sus calles y en su gente.

Indigentes, basura y delincuentes son para el caraqueño la visual diaria cada vez que sale a recorrer las calles de la ciudad más peligrosa del mundo, según varios estudios internacionales publicados este mismo año.

A la delincuencia y a la crisis económica general que se está viviendo en el país, se ha sumado otra problemática que se había casi exterminado para el 2012. Estamos hablando de la indigencia de las personas “sin techo”, de aquellas que no solo no tienen para comprar comida ni para pagar servicios, sino que no ostentan una familia que los respalde, ni instituciones que los ayuden.

Al caminar por las calles de Caracas, estés en El Rosal o en San Agustín, verás por lo menos un par de indigentes por cada kilómetro recorrido. Esta crecida inminente y silenciosa de los “sin techo” ha llamado la atención de los caraqueños, más no de las autoridades encargadas,  que en lugar de incrementar los programas de atención a estos individuos que sin lugar a dudas los necesitan, los han disminuido de manera tal que ya son casi inexistentes.

Lo mismo ocurre con las ONG o fundaciones privadas que en otrora eran múltiples en la capital venezolana. Hoy solo se contabilizan unas cinco que siguen operativas, de las cuales solo un par de ellas siguen “ayudando con lo que pueden” a estos individuos que requieren alimento, ropa y cuidados médicos.

A esto se le suma la erradicación de los comedores y “hogares” pertenecientes a la fundación gubernamental “Negra Hipólita”, no se pudo conseguir información de sus actuales actividades, ni datos numéricos de sus trabajos realizados este año. Lo mismo ocurre con el censo del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), no han salido publicados tales porcentajes y por lo tanto se desconoce la magnitud del problema.

La crisis económica recrudece la situación

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Los locales tienen que lidiar con este tipo de detalles todos los días ya que son una importante fuente de comida para los indigentes

La indigencia tiene ciertas causas particulares que son las mismas en todo el mundo. Enfermedades mentales, problemas del hogar, adicción a las drogas y pobreza extrema o crítica son las más frecuentes y las razones del 95% de los indigentes que vemos en nuestras calles.

No obstante,  la situación económica que ha recrudecido la pobreza extrema o crítica en las familias venezolanas, son la causa principal de que las calles de Caracas se hayan convertido hoy día en el hogar de tantas personas.

Economistas y sociólogos han tratado el tema en varias oportunidades y en su mayoría confluyen en la teoría de que la crisis económica que sufre el país,  ha hecho que muchas familias hayan tenido que abandonar la comodidad de sus casas para vivir en pensiones o en su defecto en moteles por períodos indeterminados, hasta que el poco dinero que tienen les alcance y sea la calle la última y única opción.

La inflación calculada de forma optimista para un 800% a finales de año, la disminución agresiva de la capacidad de compra del venezolano y la escasez de alimentos que aún es el problema principal para el 90% de las familias en el país, han dejado literalmente a cientos de personas en las calles.

Hay que entender que cuando estos detalles son la razón principal de los hoy llamados “sin techo”, las instituciones gubernamentales y las no gubernamentales son necesarias para contrarrestar el daño. Estudios han revelado que el 60% de las personas que duran en la calle un año se vuelven adictos a dos o más drogas, el 45% se contagia de enfermedades venéreas y el 39% comete delitos como el robo, hurto y/o asesinato.

“Desde los 12 años estoy en la calle”

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Plaza Venezuela es uno de los lugares más concurridos por los indigentes de Caracas

En una de las zonas empresariales más concurridas de Caracas, donde más de 2 millones de personas transitan a diario y se puede ver la vibrante vida del venezolano a flor de piel, se puede encontrar a un joven con aspecto deteriorado a las afueras del cajero de un banco indicándole a los usuarios cuál máquina está dispensando dinero.

Este joven se llama Efraín Linares, tiene 22 años de edad, no consume ningún tipo de estupefacientes en la actualidad y lleva 10 años de su vida, con intermitencias breves, viviendo en la calle.

Según sus palabras lo echaron de su casa por tener problemas con su padrastro y a los 12 años de edad se vio solo y abandonado en las calles de Valencia. Ningún familiar lo quiso recibir en su casa y no tuvo más opciones que convertirse en hombre a tan corta edad y velar por su seguridad, su cobijo y su comida.

Luego de recibir varias amenazas de muerte por dormir donde no debía y parquear carros “en la zona de otros” acumuló el poco dinero que tenía para emprender un viaje a Caracas que pronto vería como “la peor decisión de su vida”.

Tenía 14 años cuando me vine a Caracas, yo pensaba que aquí me iba a ir mejor porque había más gente, esto era más grande y quizás podía conseguir un trabajo que me diera para dormir en una cama y comer”. Eso pensó Efraín “el niño” cuando se montó en el bus para la capital.

Las calles de Caracas le dan la bienvenida

No pasaron muchos días para que “la ciudad maravillosa” le diera la bienvenida. “Al primer lugar donde fui a dormir, fue a Nuevo Circo, vi que muchos dormían ahí y pensé que yo también podía. Cuando me quedé dormido al lado de un basurero que estaba vacío me dieron 16 puñaladas”.

“La Policía me llevó al hospital y me curaron, ahí fue la primera vez que comí tres veces al día desde que tenía 12 años”. Posteriormente el chico que tenía 14 años tuvo que aprender a defenderse, a hacer dinero como pudiera y a dormir con “los ojos abiertos”.

Fueron pasando los años y el niño se convirtió en hombre, un hombre que olía pega, consumía varios tipos de drogas y que tenía “un trabajo fijo” limpiando los vidrios de una panadería en el centro de la ciudad. “El portugués me ayudaba burda, me daba un pan con jamón y queso en la mañana y un pan con café en la noche cuando estaba cerrando. Yo le limpiaba los vidrios por fuera y le cuidaba el local para que no lo fueran a robar”.

Aparentemente, no está claro, “el portugués” también le daba dinero, él en ese momento vivía en una de las bien conocidas pensiones de Quinta Crespo y podía además comer fuera de lo que el portugués le diera. Lamentablemente para él, hace poco más de un año el dueño de la panadería tuvo que cerrar su local e irse del país y Efraín se quedó sin ingresos.

De nuevo en la calle

Me acuerdo que llegué una mañana y el tipo no abrió, me quedé ahí a ver si lo veía y llegó más tarde, me dio mil bs y me dijo que iba a cerrar porque se iba del país”. Lo duro de este golpe no duró en hacer sus efectos, Efraín no pudo pagar más el techo que le costaba para entonces 200 bs por noche y de ahí en adelante ha tenido que hacer de las calles de Caracas, nuevamente su hogar.

“Ya yo no huelo pega, ni fumo ni me meto nada, es que igual no puedo meterme nada porque no lo puedo comprar, yo aquí hago más o menos 1.000 bs diarios, pero no puedo venir todos los días porque la policía me corre, ahora vengo nada más los lunes, los jueves y los viernes, los demás días estoy por Quinta Crespo, porque ahí puedo cuadrar comida en el mercado”. Sentenció el joven.

Con tan solo 22 años de edad Efraín Linares está sometido a una vida de miseria, donde por sí solo es muy difícil que pueda salir, solo las instituciones encargadas podrían hacer algo por él y por los cientos de casos más similares que hay en la capital venezolana.

Ojalá y me ayuden porque todos los días me puedo morir”.

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