Foto: Luis Britto García

Juicio político al Presidente Por: Luis Britto García

domingo, 30 de octubre de 2016 04:10 pm

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1 El Poder Legislativo está en conflicto con el Ejecutivo. Emperifollados con suntuosos trajes a la moda, los diputados oligarcas acuden para la sesión secreta en la que se proponen acabar con los demás poderes. El diputado José María de Rojas comienza a leer el proyecto de resolución. Propone: Primero: Iniciar el enjuiciamiento del Presidente para deponerlo “por las infracciones y abusos que haya cometido contra la Constitución y las leyes”. Segundo: Mudar la sede de la Asamblea a Puerto Cabello, bajo protección del jefe militar que apoya el pronunciamiento. Tercero: Crear un cuerpo paramilitar propio, encargado de hacer valer y ejecutar por sí mismo las disposiciones de la asamblea. El Legislativo se constituye así en Ejecutivo, en Judicial y en Fuerzas Armadas. Para que no falte nada, se autonombra como cancillería y envía al diputado Fermín Toro ante el embajador de Estados Unidos para solicitar la intervención.

2 En la Caracas de entonces -pues hablamos de la mañana del 24 de enero de 1848- todo se sabe, y gentes del pueblo se reúnen en la plaza de San Francisco, frente al Congreso que sesiona a puertas y ventanas cerradas. Custodia estas con fusiles la milicia paramilitar de los congresistas, al mando del rubio y condecorado coronel Smith. El ujier anuncia al doctor José Tomás Sanabria, secretario del Interior, quien llega con la difícil misión de explicarles a los diputados que no pueden destituir presidentes ni crear milicias paramilitares alegando que cuentan con el apoyo de algún caudillo del Ejército. El diputado conservador José María de Rojas saca un puñal que tenía escondido en el chaleco, lo pone en el cuello de Sanabria, le dice que está detenido y le ordena que haga venir a los demás ministros para que se entreguen también presos al poder que intenta usurpar todos los poderes.

3 Los apacibles diputados oligarcas desenvainan dagas, pistolones y bastones de estoque y amenazan al secretario. Algo del alboroto se escucha tras las puertas y ventanas cerradas: el pueblo se enardece y pide que liberen a Sanabria. El flamante coronel Smith ordena a los paramilitares del Legislativo que disparen: varios hombres del pueblo caen muertos o heridos.

4 El pueblo, armado apenas con varas y bastones, acomete contra los paramilitares y los pone en fuga, abre los clausurados portones e irrumpe en el cónclave de los conspiradores. Estos trasponen de un salto el paso que separa lo sublime de lo ridículo. El diputado Antonio Sucre saca un pistolón y lo apunta contra Sanabria. “¡Toño, apunta para otro lado!”, le grita Rojas, sin quitar el cuchillo del cuello del ministro. Sucre dispara, sin acertar a ninguno de los dos, y echa a correr. Siguen hechos que cambian el destino de Venezuela.

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