Crónica Negra | La celopatía del ex policía

Domingo, 6 de Noviembre de 2016 02:48 pm

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Eran muchos los que en el pueblo decían -y de seguro creían- que Don Puncio tenía un pacto con la muerte porque cada vez que se iba a morir alguien, de viejo o por enfermedad o porque lo iban a asesinar, se le ponía toda la piel erizada y, así, con la piel erizada, duraba todo el tiempo hasta el día en que la muerte aparecía y se llevaba a la persona en cuestión.

Don Puncio ya tenía tres semanas con la “piel de gallina” y él, solo él, sabía a quién era la persona que debería venir a buscar la muerte, pues la piel erizada se le triplicaba cuando la persona en cuestión se le acercaba o le pasaba cerca. Eso ya le había ocurrido en otras ocasiones.

“Pobre muchacha, ni se imagina lo que le espera. ¡Y tan bonita que es! Definitivamente nunca voy a entender a la muerte”, dijo Don Puncio pensando en voz alta, cuando la vio pasar, con sus pantalones pegaditos, su chaleco y su pelo ensortijado.

“Ese hombre no te conviene, mi niña, un hombre que es capaz de disparar contra un perro no puede querer a nadie, no puede tener sentimientos. Yo misma lo he visto corretear a esos pobres perritos por toda la calle. La otra vez venía llegando en su motota y un perro se le atravesó y, en vez de frenar, aceleró y por poco lo mata”, le dijo la tía Felipa una vez que se la encontró en el supermercado.

Pero a él también le daban consejos. Un amigo le dijo en una oportunidad: “está muy bella la coñita, compadre, pero usted corre el riesgo de que en cualquier momento ella se enamore de alguien de su edad y lo deje a usted guindando”.

Lo cierto es que ni uno ni la otra hicieron caso de las advertencias y consejos y continuaron su romance.

La pareja. Ella tenía 21 años, era estudiante de Comunicación Social de la Universidad del Zulia (LUZ) y se llamaba Kelly. Él ya rondaba los 33 y se le conocía como Iván.

El había sido policía, pero ahorita, aseguran en el pueblo, no estaba trabajando en cuerpo de seguridad alguno sino que era un “chivo eléctrico”, es decir, seguía actuando y vistiendo como policía, se la pasaba armado para arriba y para abajo y no hacía esfuerzo alguno por ocultar su arma sino todo lo contrario. Laboraba como escolta de un conocido merenguero de la región.

Los primeros días la relación fluyó de lo más normalita e, incluso, parecía que hacían muy buena pareja. Pero después, con el paso de los meses, la relación se fue tornando tormentosa y se la pasaban discutiendo todo el tiempo.

Cuenta la tía Felipa que en una ocasión Kelly se encontraba en la esquina conversando con varios amigos del barrio y en ese momento llegó el hombre en su moto, la llamó, discutieron a gritos y casi que la montó a empujones en la moto y se marcharon.

Sin embargo, contra todo pronóstico, la pareja se puso a convivir en casa de una abuela de Kelly, en el barrio Centenario de LUZ, en la Circunvalación Dos, en Maracaibo (Zul).

“Ese hombre siempre fue muy celoso. Un día hasta la celó de un primo de ella. Se la pasaba viendo fantasmas donde no los había y siempre se hacía una película”, dijo la tía Felipa.

Todo hace indicar que la vida de la joven Kelly se había convertido en una verdadera pesadilla. De hecho un vecino comentó que en la casa donde vivía la pareja hay dos loros y que los animales a cada rato se la pasan diciendo “¡te voy a matar!, ¡te voy a matar!”, lo que indica que esas eran las palabras que escuchaban con frecuencia.

El último mensaje. Aquella noche había no menos de diez personas sentadas conversando al frente de la casa. Kelly Paola entraba y salía a cada instante hasta que llegó su concubino, quien se incorporó al grupo y se quedó un rato allí.

Ella le había bajado el volumen al teléfono y lo tenía en “vibracall”. El mensaje llegó y ella escuchó el gruñido del aparato, pero no quiso atender. El se percató que había llegado el mensaje porque la pantalla del celular se encendió. Rato después ella se levantó y fue al baño, pero dejó el celular en la silla. Él esperó unos segundos, lo tomó y comenzó a revisarlo. El mensaje había llegado por la red social Instagram. Nadie sabe lo que decía ni quién lo había enviado, pero Iván Huerta se levantó de la silla y entró a la casa. El resto del grupo se quedó allí, inocente de todo.

El hombre comenzó a golpear la puerta del baño y ella le abrió cuando supo que era él. Comenzó la discusión. Ella le dijo algunas cosas y le dio la espalda, pero él la tomó por un brazo, la volteó y casi de inmediato le hizo un disparo en la cabeza.

Cuando los familiares que estaban afuera entraban corriendo a la vivienda para averiguar lo que había pasado, el hombre salió corriendo, encendió la motocicleta y escapó a toda velocidad. Esa misma noche se le dejó de erizar la piel a Don Puncio.

La estudiante de Comunicación Social en LUZ fue velada en la misma casa donde la mataron y fue sepultada en el cementerio La Chinita.

Su concubino, Iván Huerta, fue detenido cuando intentaba pasar la frontera para refugiarse en el vecino país. El Ministerio Público lo presentó en tribunales y un juzgado de Control le dictó medida privativa de libertad.

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