Los errores del “Diálogo” Por: Cipriano Heredia

Viernes, 18 de Noviembre de 2016 10:31 am

Noticiasx7

En nuestra entrega anterior, titulada “Diálogo o Mamadera de Gallo”, sostuvimos con base a los antecedentes y otros elementos que el régimen sólo buscaba con el “diálogo” dos cosas fundamentales para su sobrevivencia y tranquilidad: lavarse la cara frente al mundo y ganar tiempo para lograr pasar la raya del 10 de enero de 2017, después de la cual todo es distinto jurídica y políticamente. Hoy podemos decir, sin ninguna duda, que el gobierno ha logrado ambas cosas y, lamentablemente, lo ha hecho valiéndose de errores de la oposición.

Como punto previo asumimos que esto último levanta ciertos comentarios adversos. Algunos hasta sostienen que le hacemos un favor al gobierno haciendo críticas públicas y nos tildan de divisionistas e irresponsables. Sin embargo, no aceptamos tal manipulación. Por un lado, nuestra trayectoria de lucha, sacrificios hechos y riesgos asumidos, nos avalan como opositores a carta cabal. Y por el otro, estamos en la Unidad y seguiremos en ella, pero nadie va a impedir que expliquemos libremente nuestra visión, y más aún cuando se trata de hacer observaciones que pueden ayudar a corregir el rumbo y la estrategia.

Dicho esto, comenzamos por recordar que se advirtió claramente desde el principio que había que presumir la mala fe del Gobierno y que las condiciones no estaban dadas para un Diálogo serio y efectivo. De hecho, cuando la mesa se instaló, el régimen acababa de interrumpir arbitrariamente el proceso revocatorio y de asaltar a punta de palo y pistola, la sede de la Asamblea Nacional. La respuesta de la Unidad fue buena: iniciar un debate para determinar la responsabilidad política del Presidente en el desastre nacional que hoy tenemos (numeral 3 del art 187 en concordancia con art 232 de la Constitución), y convocar a una marcha a Miraflores el jueves 03/11 para notificarle las resultas del llamado “juicio político”, que eventualmente sería la declaratoria de abandono del cargo (causal de falta absoluta según artículo 233).

Ambas iniciativas eran claramente respuestas políticas, acordes con la gravedad de los atropellos por parte del Régimen. Una tenía como escenario la AN y la otra la calle, que son nuestros dos escenarios de fortaleza. No obstante, con la instalación de la Mesa de “Diálogo”, el Vaticano solicita no ir a Miraflores, lo cual, hasta cierto punto, era una petición razonable. Pero de manera inexplicable se incurre en algo que los abogados llamamos “ultrapetita”, que es dar más de lo solicitado, y se acuerda paralizar el “juicio político” y desconvocar la marcha, con lo que la oposición desmonta los dos elementos de presión más claros y contundentes con que contaba para ese momento.

Para entender mejor este tremendo error, pongámoslo en esta perspectiva: asumamos como sensato haber cedido en la petición del Vaticano de no ir a Miraflores, evento que eventualmente podría haber terminado mal. Sin embargo, era indispensable mantener la presión tanto en la AN como en la calle mientras el “Diálogo” se daba. El debate sobre la responsabilidad de Maduro en esta tragedia debió seguir, a la par que la marcha debió mantenerse, cambiándose el destino, el cual podría haber sido la Nunciatura (como hicieron los estudiantes), o las principales catedrales de todo el país, ya que la Iglesia asumía además el rol de mediador principal en el conflicto (todos los demás fueron impuestos por el Gobierno). Al paralizar todo, la oposición quedó en posición de minusvalía frente al Régimen, y éste aprovechó la situación.

El otro gran error está en la agenda acordada y su desarrollo. Quienes decidieron sentarse a la Mesa le dijeron al país una y otra vez que “el único tema” a tratar con el Gobierno sería la fecha y condiciones del Revocatorio arbitrariamente truncado o, en su defecto, la realización de unas elecciones adelantadas por efecto de otro mecanismo. Es más, uno de los actores más prominentes sentenció varias veces que “si no hay RR no hay diálogo”. No obstante, el Gobierno hábilmente planteó una amplia agenda y fue aceptada, con el detallazo de que, al presentar los primeros acuerdos, “el único tema” sobre el que no hubo anuncio alguno fue precisamente la definición de la fecha y condiciones del Revocatorio. ¿Qué puede sentir la ciudadanía ante esto, cuando se suponía que ese era, al menos, el principal tema a discutir? Mejor anuncio hubiese sido que no se había llegado a ningún acuerdo porque la oposición hacía de esto un punto previo y el Régimen no lo aceptaba ¿o es que ese no era en realidad un punto de honor? No es nada satisfactorio que ahora se diga que de eso se hablará es el 06 de diciembre, ya que sin duda es tarde.

Por último, respecto a aquello sobre lo cual si hubo acuerdo, empezamos por compartir la crítica sobre el hecho de haber aceptado los términos  “personas detenidas”, “sabotaje económico” y “desacato de la AN”. Ahora muchos dicen que eso es sólo un problema semántico, y no es así. En realidad es una falla grave, porque se asume la narrativa del Régimen como válida y eso sólo los fortalece a ellos y nos debilita a nosotros. Aquí lo que hay son presos políticos, un caos económico provocado por el Gobierno y un golpe continuado del TSJ espurio contra la AN legítima.

De igual forma, la secuencia de decisiones que se acordaron para resolver lo de Amazonas y designar las dos rectorías vacantes del CNE, beneficia al Gobierno. Al desincorporar a los diputados de Amazonas, la oposición pierde las 2/3 partes, situación en la cual tendrá que acordarse con el Régimen en las designaciones, por lo que, en el mejor de los casos, tendremos un CNE que quedará 3 a 2 a favor del Régimen. Desde el punto de vista matemático tendremos un Rector más, pero en su composición política, el CNE seguirá teniendo mayoría oficialista.

En definitiva, algunos cometen aquí el error que cometió Santos en Colombia. Allá la gente quería la Paz, pero no como sea, y por eso perdió el SÍ. Aquí la gente quiere diálogo, pero no para lo que sea, y por eso no avala los primeros acuerdos. Sin cambio de gobierno no hay solución a la crisis. Cada día que gana el gobierno, lo pierde Venezuela. El mandato del pueblo y el principal objetivo están muy claramente establecidos. La misión del liderazgo es darle conducción política a la lucha para lograrlo a la brevedad posible en el marco de la Constitución.

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