¡Libertad! ¡Liberación! Por: Bruno Renaud

Domingo, 20 de Noviembre de 2016 01:09 pm

Noticiasx7

Indudablemente, un viento de libertad ha venido soplando sobre los países de nuestra América. ¡A Dios gracias! Pero no son pocos sus adversarios. El opresor no soporta la rebelión del oprimido. Sin embargo, el cúmulo de decepciones económicas, políticas y sociales que conocía el sub-continente facilitó la luz. La fe se hizo grito y la frustración general se hizo reconquista. En nuestro país, los partidos políticos tradicionales, mal inspirados por la Iglesia católica jerárquica, tampoco soportaron “la rebelión de las masas”. Dicen que se trataba de desobediencia a Dios. ¡Como si Dios mismo se hiciera verdugo!

Libertad, liberación… ¿Esto no nos dice nada? Ese grito atraviesa toda la Biblia. En especial, desde su comienzo hasta su final la predicación de Jesús de Nazaret se sitúa entre esas palabras. El inicio: retomando la historia de Israel (¡otro país largamente hambriento de libertad!), Jesús cita a un antiguo profeta: “El Espíritu del Señor está sobre mí. Me ha enviado para llevar la buena nueva a los pobres, anunciar la libertad a los presos, la vista a los ciegos y la liberación a los oprimidos”. Y al final de su vida, mientras los acontecimientos parecen ir en contra del encanto inicial, mientras parece vencer el mal y la violencia se hace horrorosa, oímos al mismo pregonero poderoso: “Cuando se presenten estos signos, enderécense y levanten la cabeza ¡porque está cerca su liberación!”.

Abrumada por siglos de opresión, América Latina relee su vida y redescubre el horizonte: ¡libertad! La teología de la liberación se hace camino. Medellín, 1968, fue campanazo inicial. Lamentablemente, no pocos papas y obispos se echaron para atrás.

Hablar de libertad -palabra tan vecina a la de “libertinaje”, decían- ¡no puede ser ninguna propuesta religiosa! Increíble.

Pero en toda América Latina, centenares, miles de simples bautizados o servidores del evangelio fueron perseguidos a muerte, combatiendo pacíficamente junto con el Dios libertador. Fueron los peores años de las dictaduras latinoamericanas.

Es bueno tener la memoria de ese pasado durísimo para no volver a aceptar nuevas opresiones. Y que se alegre el ateo: ¡no es preciso ser cristiano para amar la libertad!

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