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La pobreza que nace de la riqueza Por: Roberto Briceño-León

Domingo, 8 de Enero de 2017 01:12 pm

Noticiasx7

Al comenzar 2017, uno recuerda el año que acaba de terminar y resulta sorprendente el nivel de empobrecimiento que hemos sufrido todos los venezolanos. Los obreros privados, los empleados públicos, los comerciantes, los empresarios, los profesores universitarios: todos nos hemos vuelto más pobres. Lo que podemos comprar con nuestros sueldos se ha vuelto sal y agua, no alcanza, si es que se consigue. Los amigos y vecinos están más flacos. Los pacientes sufren para conseguir las medicinas, y no hay familia, pobre o rica, donde no se hable de algún plan para emigrar a otro país…

Y más sorprendente aún es que esto ocurra después de haber tenido una de las riquezas más grandes en la historia. Nunca antes fuimos tan ricos como en la década pasada. Tampoco, nunca antes se había distribuido tanto dinero y bienes entre la población. ¿Qué nos ha pasado entonces? ¿Cómo fue posible que después de tanta riqueza llegáramos a tanta pobreza?

La explicación que nos dieron en el pasado puede aplicarse también en el presente: alguien se la robó. Lo ha dicho no solo la oposición, sino también altos dirigentes del chavismo. Pero hay una explicación sociológica más de fondo y que nos ha costado mucho entender: hay una pobreza que surge del mal uso de la riqueza.

Durante la última década, en Venezuela se usó la riqueza para destruir la economía nacional con tres modalidades.

En primer lugar, importando. Cuando con la riqueza que llegaba por la venta de petróleo se compraba carne de Argentina y quesos de Uruguay, se destruía la industria ganadera venezolana. Cuando se importaban pollos de Brasil o caraotas negras de Nicaragua (país donde no se come la caraota negra, sino la roja), se destruyó la agricultura.

En segundo lugar, expropiando. La riqueza petrolera se utilizó también para expropiar industrias que producían bienes de consumo, como papel, chocolate, harina de maíz, café o azúcar. La riqueza se utilizó para pagar a sus dueños (cuando ese pago se hizo) y para importar el azúcar, el café o el papel higiénico, pues dejaron de producirse en el país.

En tercer lugar, fomentando la holgazanería de una parte de la población. Cuando se le paga a la gente para que no realice ningún trabajo, se desvirtúa el valor del trabajo y de los trabajadores. ¿Cómo puede enseñársele a un pueblo a pescar cuando hay un gobierno que regala pescado? El regalo indiscriminado genera holgazanería cuando no les llega a las personas realmente necesitadas de ayuda, a los ancianos y las madres solteras, sino a los aprovechadores de oficio.

La riqueza no puede comprar ni desarrollo ni felicidad. La riqueza puede comprar armas y patrullas, pero no seguridad. Puede permitir comprar medicinas y médicos extranjeros, pero no salud. Puede comprar fábricas, pero no hacerlas producir.

En este nuevo año debemos cambiar el rumbo y usar la riqueza petrolera para fomentar la creación de más riqueza y bienestar, no para convertirnos en más pobres.

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