El encanto efímero de “La la land”

Viernes, 13 de Enero de 2017 09:31 am

EU

Aunque la temporada de premios marche todavía a medio camino por las colinas de California, sin duda el musical La la land ya se coronó como el gran ganador del año en la industria cinematográfica estadounidense.

Y es que la tercera película de Damien Chazelle –después de Guy and Madeline on a Park Bench, de 2009, y la aplaudida Whiplash, de 2014– posee todas las cualidades de las que Hollywood se jacta a la hora de demostrar, con orgullo, que sigue siendo una “fábrica de sueños”.

Recientemente galardonada con el Globo de Oro a Mejor Película y nominada a los Bafta, a los SAG’s y a los premios de los sindicatos cinematográficos de su país, La la land abre con un enérgico número musical en el que un nutrido grupo de aspirantes a estrellas se queda atascado, con sus respectivos vehículos y sueños, en una autopista angelina. Inexorablemente, la memoria remite a aquella secuencia de Fama en la que los estudiantes de una academia de Artes cierran una calle de Nueva York para bailar y cantar, o a la de John Travolta contoneándose sobre el techo de un carro en Grease

¿Homenaje al género musical? Claro que lo hay, y bien que Chazelle lo haga en estos tiempos de ausencias como la de Debbie Reynolds. Allí están, como reminiscencias, Cantando bajo la lluviaSombrero de copa, West Side story y hasta Bird, ese maravilloso biopic que Clint Eastwood dedicó al trompetista Charlie Parker.

Se extraña, eso sí, que entre las influencias del director de La la land no figure alguna de las obras del que, a mi juicio, es uno de los máximos representantes del musical comprometido, ese que otrora en lugar de buscar que los espectadores escaparan por un rato de su realidad –la razón primera por la que el género floreció en los años dorados de Hollywood–, exponía a través de las canciones y los bailes los momentos no tan deslumbrantes del alma humana: el auge del nazismo en el Berlín de Cabaret o la destructiva creatividad del coreógrafo que inspiró All that jazz, Joe Gideon. Me refiero, por supuesto, a Bob Fosse.

Pero de vuelta al filme que seguramente reinará en la octogésima novena entrega de los Óscar, el próximo 26 de febrero, entre aquellos esperanzados aspirantes a la fama se encuentran Sebastian (Ryan Gosling), un pianista que se ha propuesto rescatar del olvido al jazz, y Mia (Emma Stone), una joven que acude a Los Ángeles porque quiere ser actriz. Mientras los sueños de cada uno no terminan de materializarse, ella se gana la vida sirviéndole ponqués y cafés a las estrellas en las que ella proyecta sus deseos, y él, tocando en bares de poca categoría.

Como siempre ocurre en los melodramas clásicos, el primer contacto entre Sebastian y Mia no es nada cordial. Pero a fuerza de encontrarse una y otra vez, la casualidad los junta. Ambos terminan enamorados, o mejor aún, apoyando las metas del uno y de la otra. Porque a Mia le entusiasmaría poder escribir obras de teatro que ella misma pueda protagonizar y Sebastian anhela abrir su propio club nocturno donde suene el jazz más auténtico.

La la land, sin muchos rodeos, es una historia de amor en la que, parafraseando y contraviniendo a Sartre, uno más uno no es uno, sino dos. Sus protagonistas jamás abandonan sus metas de vida. El amor pierde fuerza ante la ambición, ante la necesidad de reconocimiento, de éxito. Y he ahí la crítica soterrada que Damien Chazelle pareciera dirigir, entre música y coreografías, a una sociedad que privilegia lo efímero –la belleza, la popularidad, la fama, el dinero– a lo verdaderamente imperecedero, usted sabe, los sentimientos, el amor… Esas cosas, pues.

Desde tal óptica, nada puede objetársele a La la land, sobre todo cuando está más que demostrado que la condición humana puede expresarse de manera noble o vil.

Con una impecable puesta en escena y una muy bien concebida dirección de producción, hay una omisión que hace de La la land un filme sin atisbos de verdad, artificioso, desactualizado. Y no es que la ficción moleste, pero es difícil creer que entre ese montón de aspirantes a famosos que llegan día a día a Los Ángeles no haya quienes sucumban, quienes terminen pagando con su cordura la imposibilidad de entrar a las grandes ligas del espectáculo. ¿Qué sentirán, por ejemplo, aquellos seres a los que el sistema hollywoodense les cierra sus puertas y terminan en el Paseo de la Fama recogiendo propinas de los turistas disfrazados de Hulk o de Charlot?

Pese al destino que reserva a sus protagonistas, Damien Chazelle se olvidó de los verdaderos derrotados de Hollywood cuando escribió La la land, un filme de encanto efímero, lleno de nostalgia, con composiciones contagiosas, dos actores carismáticos, entregados y con una química impresionante… pero, al fin y al cabo, un empaque que propende a lo colorido, luminoso, esperanzador y epidérmico. Es como cuando un niño abre un regalo exquisitamente envuelto, pero en su interior no encuentra lo que él deseaba. Demasiada idealización para la Meca del Cine.

Lea también:

Comentarios

x

Check Also

¡Conoce las razones por las que Diosa Canales y Sigiloso pidieron asilo en Colombia! (+Foto)

Mensaje emitido por José Rojas, mejor conocido como Sigiloso. Estos son las declaraciones por las cuales salimos de Venezuela. A partir del momento en el cual mi esposa Diosa Canales y mi ...