La verdad como el mejor puente Por: Cesar Garcia

Miércoles, 18 de Enero de 2017 08:59 am

Noticiasx7

Si algún cambio necesitamos como nación es que la verdad se constituya en nuestro mejor puente; en tal sentido, una vez despedido el año 2016 y dada la bienvenida al 2017 podemos percatarnos con extrema facilidad que las fuertes contradicciones y las serias complejidades que se suscitaron a lo largo del pasado año en los diferentes ámbitos como el político, el económico o el social ya comenzaron a retumbar en este nuevo ciclo que se abre para todos los venezolanos; por tanto, no se requiere ser un especialista ni mucho menos estar dotado de poderes extrasensoriales para tener en consideración que problemas como la inflación, la inseguridad, la escasez de alimentos, la crisis política, la falta de entendimiento, la insuficiencia de un diálogo político (serio) aunado a otros factores vinculantes son desde ya en 2017, la tela que los venezolanos empezaron a cortar; tela que además, ha mellado las tijeras de muchos hogares generando desazón, desestimulo y desesperanza

Las perspectivas que percibe la gran mayoría de los venezolanos resultan sombrías y desalentadoras, y aunque intenten sobreponer sus aspiraciones con buen ánimo y buena actitud lo cierto del caso es que la realidad ante sus ojos le coloca una dura y difícil carga; así que, seguir mintiéndole a esa decena de miles de venezolanos que se inclina por una idea o por otra es una de las peores perversidades que los dirigentes políticos del momento (gobierno u oposición) pueden seguir cometiendo; en especial, si la única ambición que está de por medio entre las corrientes en pugna es concebir el poder como un fin particular y no el poder como un medio para el servicio.

Concebir el poder con fines particulares puede ser peor que la escasez, el hambre o la pobreza porque en tal caso; el engaño, la manipulación y la mentira serían las herramientas que usarían los políticos de oficio que persiguen tal objetivo y cuyo único fin sería (intentar) neutralizar la racionalidad del pueblo que los escogió y que depositó en ellos una determinada confianza. Entonces, dado nuestro caso particular, ¿qué pasa cuando esos representantes o dirigentes políticos sean de gobierno u oposición tan solo están concibiendo el poder con fines particulares?, ¿tendrán o gozarán de credibilidad ante sus representados? Dicho de otra manera, ¿se le puede creer al gobierno?, ¿se le puede creer a la oposición?, ¿gozan de credibilidad estos actores?

Ciertamente en las calles de Caracas y el resto de la nación hace falta con extrema urgencia el alimento, los medicamentos, productos de higiene personal, estabilidad en los precios (por solo mencionar algo); no obstante, ignorar la importancia que se cierne sobre la “credibilidad y la verdad” es aún mayor porque ¿cómo esperamos construir o corregir el rumbo de la nación si cada quien esconde tras de sí, el puñal del oportunismo y del ardid? No se trata de ser ingenuos ni mucho menos pensar que la política defendida por uno u otro bando es el más perfecto o el más acorde, claro que no, ya que la política es dinámica y en su dinamismo cada bando asume que “su verdad” es la verdad y de esta manera la presentan ante sus representados. Y si cada quien asume para sí su propia verdad sin considerar que la verdad del otro también puede resultar cierta; entonces, ¿cómo conciliar un verdadero acuerdo?

Por intereses particulares que descansan sobre la política se han propiciado guerras y por el uso de esta se han generado conflictos porque la política en sí misma lleva intrínseco el gen del poder. Sin embargo, también está presente el hecho de que por causas o razones políticas se han superado grandes dificultades, se han firmado acuerdos y se han alcanzado entendimientos; por supuesto, esto último se logra (y se ha logrado) siempre y cuando estén presentes la voluntad, la credibilidad y se sustente todo interés en un marco de verdad común; además de ello, si se considera el accionar político en su más noble función: servicio por el bien de las mayorías.

Hoy Venezuela está cundida por un cúmulo de información sobre su condición política; no obstante, algo que se debe preguntar cada venezolano es ¿cuánto de veracidad hay en esas informaciones, cuan oportunas son o qué tan creíbles resultan? En esa marea de dimes y diretes el pueblo venezolano (lamentablemente) termina siendo el mayor afectado. Afectado por lo que dicen unos y por lo que dicen otros pero más allá de esto hay una verdad que resulta común a todo un colectivo nacional, y esa verdad, sigue forjando su propia credibilidad y está presente en cada calle, barrio o urbanización; está allí, en cada municipio y estado fraguándose en el estupor, en la indignación, en la tristeza, en la rabia, en la necesidad, en la victimización de venezolanos afectos al gobierno o a la oposición y de otros que ya no quieren oír la tanta alharaca que para nada les resulta útil: ni para evadir una cola, ni para conseguir un medicamento, ni para evitar el accionar desmesurado del hampa, de los bachaqueros o de los empleados corruptos que abundan en el sector público como en el privado.

En este año la nación requiere de un mensaje creíble, de un mensaje sincero, no ilusorio, no pasajero, no ficticio un mensaje donde se señale que las terribles y perjudiciales condiciones que venimos padeciendo y que se hicieron tan comunes en 2016, no acabaran de la noche a la mañana. Eso sí. A fin de no quedarnos estancados en un pesimismo depresivo se requiere de un mensaje que estimule el accionar de cada venezolano a tender puentes de verdad por doquier: en el hogar, en el trabajo, en nuestras comunidades, en los centros de estudios, en la administración del gobierno, en las dirigencias políticas, en las acciones y estrategias económicas, en el sector privado y en el público solo así podremos elevarnos por encima de los muros de mentira que pretenden robarle a nuestros hijos, nietos y próximas generaciones el futuro que ellos merecen.

Claro que hay esperanza (aunque el panorama nos dibuje lo contrario) y no descansa exclusivamente en las decisiones u opiniones dictadas por los dirigentes de oposición por un lado o los regentes temporales del gobierno por el otro, hay esperanza en la consolidación de un país que aprenda día tras día a forjar su unidad partiendo de la diversidad, de la verdad compartida y de un auténtico respeto democrático que apunte a un gran objetivo nacional: el bien mayor.

“Necesitamos reunir todas nuestras fuerzas para lograr un golpe capaz de variar la suerte del país.”

(Simón Bolívar)

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