López Rivera en retorno Por: Laura Antillano

Domingo, 22 de Enero de 2017 10:47 am

Noticiasx7

“Oscar López Rivera merece ver el mar”. Y el enunciado no es nuestro, forma parte de un maravilloso artículo leído hace unos años, por iniciativa de un amigo puertorriqueño, quien nos ha dado a conocer mucho del buen periodismo de su territorio, desde el noreste del Caribe.

Obama, pues, se despidió pensando en la posteridad, en el cómo sería recordado por la historia. Y faltando casi horas para su salida de la Presidencia, (¿en acto de contrición?) aprueba el indulto para el héroe y víctima de una de las más largas condenadas conocidas, la de Oscar López Rivera, con 36 años encarcelado (desde 1981), por un mandato insólito: “acusado por conspiración sediciosa para derrocar al Gobierno de Estados Unidos”.

Cuando vemos sus fotografías publicadas por los medios, nos sorprende la suavidad de su expresión, la sonrisa de la poesía de quien tiene una vida interior profunda, con una certeza indudable de su posición frente al entorno en el contexto de la historia. Un luchador inquebrantable, con conciencia plena de su papel en la defensa de su territorio nativo con ansias de independencia.

El pueblo consciente de Puerto Rico ha manifestado siempre su solidaridad con ese indudable líder de sus luchas, a la par con sus protestas por la Isla de Vieques, isla-municipio del archipiélago, cuyo destino ha sido el de convertirse en un territorio de pruebas armamentistas de guerra, con el control de la Marina de Guerra estadounidense desde 1940. Se convirtió en “plataforma de ensayos para los misiles lanzados en Corea, el napalm arrojado en Vietnam, las bombas de fósforo dispersadas en Gaza y las balas de uranio reducido disparadas en el Creciente Fértil”. El territorio de Puerto Rico, el archipiélago con Vieques incluida, su población y su entraña histórica, están tan cerca de nuestra entraña latinoamericana como cualquiera de las naciones fronterizas que nos rodean, pero la gravedad de su circunstancia geopolítica no pudo preverla Simón Bolívar cuando la visitó en 1816 proveniente de Haití. Historias distintas marcaron caminos divergentes, que sin embargo convergen en sus momentos.

La fecha de salida libre de López Rivera es para mayo, por lo que las celebraciones están en tiempos de antesala.

Clarisa López Ramos, su hija, expresa públicamente la alegría que le proporciona la posibilidad de ver al padre libre y regresando a Puerto Rico (dado que el encarcelamiento es en Estados Unidos, en la prisión de Terre Haute, estado de Indiana), nos conmueve la constancia amorosa, expresada en creces, por una mujer que ha tenido a su padre encarcelado por 35 años y está deseosa de compartir con él su amor mutuo en el espacio de la cotidianidad, en los detalles sencillos de la vida cercana. Podemos acaso imaginar lo que ha significado el vivir esta angustiosa distancia en el día a día de una treintena de años.

La fuerza de la personalidad del líder está vigente en la belleza misma de su serenidad y solidez, como parte de una sociedad que lucha por la defensa de su idiosincrasia, y sus modos (tan parecidos a los nuestros hasta en la cadencia del habla).

No puede ser fácil el emprendimiento de una gesta emancipadora que se enfrenta a las circunstancias despóticas de una prisión como esa, cercenado su derecho a la libertad y la de su territorio geográfico sentimental. Clarisa ha expresado en rueda de prensa la voluntad de su padre de que ella agradeciera públicamente “al pueblo puertorriqueño, como al pueblo latinoamericano y especialmente a Cuba, Venezuela y Nicaragua” todas las gestiones realizadas por su libertad. Con ella lo celebramos en esta América grande.

@LauraAntillano

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