Venezuela no puede seguir con Colombia a cuestas

Lunes, 30 de Enero de 2017 11:36 am

Luis Enrique Gavazut

Al mismo ritmo en que el gobierno venezolano intenta llevar las relaciones más armónicas y transparentes con Colombia, del lado de las autoridades del vecino país el esfuerzo parece ir en la dirección exactamente contraria. El último en pronunciarse al respecto fue el flamante vicepresidente Vargas Lleras, quien afirmó, y citamos, que el gobierno colombiano se encontraba construyendo unas viviendas:  “para (la) población desplazada que vive en Tibú, no vaya a dejar meter los venecos, por nada del mundo… esto no es para los venecos” puntualizó el vicepresidente.

Además dijo: “No hay un solo lugar en Colombia donde se permita que personas que no sean del país, se beneficien de programas sociales”.

Como es ampliamente conocido, esto contrasta con la política venezolana de puertas abiertas con Colombia, donde no solo en materia de viviendas, sino de todas las demás políticas públicas, la población colombiana legal e ilegal en nuestro país se beneficia amplia e igualitariamente.

Pero en medio de su intervención Vargas Lleras dijo algo más interesante: “Con el cierre de frontera, el Norte de Santander debe dejar de depender de Venezuela y se debe integrar económicamente al país”. A confesión de parte, relevo de pruebas. Esto es un reconocimiento más que explícito de la relación anómala  existente entre ambos países. Deberíamos ayudar al gobierno de los señores Santos y Vargas en esa noble tarea de dejar de depender de nosotros.

La llamada “bicicleta cambiaria” ha funcionado durante años en Colombia hasta que el pasado 11 de diciembre el presidente Nicolás Maduro, finalmente, le metió el palo a la rueda al desmonetizar el billete de 100 bolívares.

En este portal se ha explicado en detalle este perverso mecanismo y todas sus consecuencias nefastas para la economía venezolana, al tiempo que Colombia se enriquece de manera delincuencial a expensas de nuestro país. Al respecto, el editorial “Sacarle la cadena a la bicicleta” resulta una lectura obligada.

Como resultado del diferencial cambiario entre el tipo oficial bolívar-peso del Banco de la República de Colombia (BRC) y el tipo cucuteño delincuencial (bolívar Cúcuta) legalmente permitido por su Resolución No. 8 del año 2000, en la frontera las mafias de cambistas acumulan muchos bolívares obtenidos a precio de gallina flaca y luego se van en carrerita hacia Bogotá, donde el BRC se los cambia a precio oficial por pesos, y con estos pesos los cambistas compran dólares. Luego se devuelven en carrerita otra vez hacia Cúcuta, donde esos dólares se los venden a los venezolanos al tipo de cambio dólar today, obteniendo muchos más bolívares de los que tenían inicialmente. Con esos bolívares cruzan la frontera y compran gasolina y mercancías baratas, que luego extraen de contrabando hacia Ecopetrol y hacia las calles y comercios de Cúcuta y otras ciudades de Colombia donde son vendidos a precios mucho más altos en pesos colombianos. De esta manera, las mafias cambistas y contrabandistas amasan, literalmente, una fortuna en tiempo récord. Para una explicación meticulosa de esta “bicicleta” infernal, léase el más reciente análisis de Pasqualina Curcio: “¿Entonces dónde estaban los billetes de 100 bolívares?”.

Cuando se reflexiona un poco sobre este asunto, la primera pregunta de fondo que uno se hace es: ¿Por qué el BRC recibe bolívares y los cambia por pesos colombianos? Y la segunda pregunta es: ¿Qué hace el BRC con esos bolívares que recibe? Y otra pregunta intrigante es: ¿Por qué existe un tipo de cambio oficial entre el bolívar y el peso colombiano aplicado por el BRC?

De manera instantánea lo primero que se viene a la mente ante esas interrogantes es que el bolívar es reconocido por el BRC como una divisa convertible, es decir, como una moneda que tiene valor más allá de sus fronteras nacionales, específicamente dentro del territorio de la República de Colombia. Si no fuese así, pues simplemente se negaría a recibir bolívares y aun más a cambiarlos por pesos colombianos.

Por insólito que suene, resulta que el BRC una vez que tiene en su poder los bolívares que cambió por pesos colombianos, pues lo que hace es solicitarle al Banco Central de Venezuela (BCV) que se los cambie por ¡dólares americanos! Y lo más cumbre es que el BCV así lo hace.

Ahora sí podemos entender por qué el BRC recibe y cambia libremente una moneda que internacionalmente no es una divisa convertible. Lo hace porque tiene la absoluta certeza y seguridad de que los bolívares que acumule le serán cambiados por el dólar americano, que sí es una divisa libremente convertible.

En el mundo, desde que entró en vigencia el euro, solo existen 11 divisas libremente convertibles, y el bolívar no es una de ellas.

Por ejemplo, si uno va con 1 millón de bolívares en billetes de 100 a México y se dirige al Banco Central de México y le pide que le cambie ese millón de bolívares por pesos mexicanos, el Banco Central de México le dirá que eso es imposible porque el bolívar no puede ser convertido libremente en pesos mexicanos. Le dirá a continuación que si uno tiene dólares americanos o euros o yuanes o cualquier otra de las 11 divisas libremente convertibles, pues con mucho gusto le dará a cambio pesos mexicanos, al tipo de cambio oficial del peso mexicano del día. ¿Pero entonces qué hago con mis bolívares? Váyase a Venezuela y cámbielos allá por alguna divisa libremente convertible y entonces regrese a México con esa divisa y aquí se la cambiaremos por pesos mexicanos.

¿Se entiende? Las monedas de los países que no son divisas libremente convertibles NO PUEDEN INTERCAMBIARSE ENTRE SÍ DIRECTAMENTE, sino que para ello es preciso primero cambiarlas por divisas libremente convertibles que fungen de intermediarias entre las monedas no convertibles.

Supóngase que uno tercamente insiste y se va entonces a una casa de cambio de Ciudad de México y le pide que le cambie el millón de bolívares por pesos mexicanos. La casa de cambio gentilmente le dirá que no puede cambiarle los bolívares. ¿Pero por qué? Porque si nos quedamos con esos bolívares después no podremos cambiarlos por divisas libremente convertibles en nuestro banco central. Tendríamos que viajar a Venezuela para cambiar los bolívares allá, lo cual obviamente sería absurdo para esta casa de cambios. Así que, muy buenos días, y puede irse por donde entró. Muchas gracias.

Y si se piensa bien, menos mal que es así, porque de lo contrario, Venezuela se quedaría sin reservas internacionales en menos de lo que espabila un cura loco.

Fíjense. Si todo el que quiera dólares se va con bolívares a cualquier país del mundo, entra a cualquier casa de cambio y allí se los aceptan y se los cambian por la moneda de curso legal de ese país, y luego con esa moneda se compran dólares en ese mismo país, entonces los bancos centrales de esos países le exigirían al Banco Central de Venezuela que les reciba los bolívares y se los cambie por la misma cantidad de dólares que en esos países fueron entregados a cambio de los bolívares.

Esa sería una forma de saltarse por completo el control de cambios en vigor en Venezuela y blanquear las arcas del BCV donde se mantienen las reservas internacionales del país.

¿Pero qué pasaría si a la cañona el Banco Central de México decide comenzar a aceptar bolívares y acumularlos para luego exigirle al BCV que se los cambie por divisas libremente convertibles? Simple: el BCV gentilmente le diría al Banco Central de México que ese es su problema y que nadie le mandó a aceptar bolívares. Muchas gracias.

¿Quedó claro? Si el BCV le aceptara eso al Banco Central de México, no habría manera de sostener el control de cambios, ni siquiera de sostener ningún tipo de reserva internacional, aun cuando no hubiera control de cambios en el país. Si el BCV aceptara eso, simplemente estaría declinando sus potestades monetarias, ya no tendría nunca más poder alguno sobre la política monetaria y el país se quedaría permanentemente sin reservas internacionales, pues todas las divisas pasarían a manos de los particulares. Ya no se trataría de una “bicicleta”, sino de una “locomotora cambiaria”.

De allí lo tremendamente importante que es para Venezuela que el bolívar NO sea divisa libremente convertible.

Entonces la gran pregunta: ¿Por qué el BRC sí cambia bolívares, los acumula y le exige luego al BCV que se los cambie por divisas libremente convertibles, y el BCV así lo hace?

¿Qué obliga al BCV a hacer eso? Pues, obviamente tiene que ser alguna suerte de autorización o permiso que el BCV le da al BRC para que acepte bolívares y los cambie directamente por pesos colombianos, sin que intermedien para ello las divisas libremente convertibles.

Y como las “autorizaciones” o “permisos” entre naciones soberanas no se hacen con meras circulares, sino que exigen la firma de convenios o tratados, necesariamente tiene que existir un convenio o tratado firmado entre el Banco Central de Venezuela y el Banco de la República de Colombia, donde se autoriza la libre convertibilidad entre el bolívar y el peso colombiano, en las circunstancias, modalidades, supuestos y parámetros establecidos en dicho convenio o tratado. Convenio o tratado que probablemente debe haberse firmado en la IV República, dada la vieja tradición de convertibilidad entre el bolívar y el peso colombiano en la frontera. Quizás durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez…

Es el razonamiento anterior el que me ha llevado a afirmar en un artículo ya publicado (“El gran engaño de la importación a dólar today y qué hacer”) que tal convenio existe y que obviamente hay que derogarlo para acabar con la bicicleta cambiaria.

No obstante, supóngase que el convenio de marras no exista. Entonces, sería más grave el asunto de lo que cabría esperar, porque el cambio de los bolívares en poder del Banco de la República de Colombia por divisas libremente convertibles de nuestras reservas internacionales se habría estado haciendo durante años de manera discrecional por parte del Banco Central de Venezuela, lo que incluso podría implicar la comisión de algún delito.

En cualquier caso, es evidente que una prohibición expresa por parte del BCV dirigida formalmente al BRC para que deje de aceptar bolívares, bajo la advertencia clara e inequívoca de que en caso de aceptarlos los mismos no le serán cambiados por divisas libremente convertibles, bastaría para acabar definitivamente con la bicicleta cambiaria e ilegalizar la actividad de las casas de cambio de Cúcuta, independientemente de la vigencia o no de la Resolución No. 8/2000 del BRC.

Es por ello que he afirmado en el artículo ya señalado que el poder de acabar con el dólar today siempre ha estado en las exclusivas manos del BCV, dado que, como lo viene explicando desde hace tiempo Juan Carlos Valdez, al ser desautorizada la convertibilidad directa entre el bolívar y el peso colombiano, ya no podrían legalmente los cambistas de Cúcuta cambiar bolívares por pesos ni hacer reportes diarios de cotización en la frontera; razón por la cual el dólar today no tendría cómo calcularse, dado que su fórmula de cálculo se basa en el bolívar Cúcuta, el cual dejaría de existir.

Así de simple. Tan simple y directo como desmonetizar el billete de 100 bolívares.

Expuesto lo anterior, se precisa evaluar la situación con Colombia. Lo primero que cabe destacar es el comunicado oficial emitido por la Cancillería de Colombia, en diciembre pasado, condenando las declaraciones del presidente Maduro afirmando que en Cúcuta hay mafias, lo que de plano pone en evidencia que Colombia se niega una vez más a reconocer formalmente la existencia de un problema de contrabando y ataque especulativo a nuestra moneda que se desarrolla en la ciudad fronteriza de Cúcuta; posición que fue corroborada por el propio presidente Juan Manuel Santos al afirmar categóricamente que la cantidad de billetes de 100 bolívares en poder de colombianos es “muy poquita”.

Al respecto, señaló textualmente la canciller María Ángela Holguín, lo siguiente: “La situación económica que vive Venezuela no se genera en Colombia”. Y añadió: “Los comerciantes de la ciudad de Cúcuta han sido quienes más han ayudado a los miles de venezolanos que han venido al país en busca de alimentos y medicamentos en los últimos meses”. Poco le faltó para decir que Colombia le mata el hambre a Venezuela.

Mala idea y en mala hora haber aupado a que los venezolanos fueran a comprar a precios internacionales en los anaqueles de Cúcuta –legitimando con ello la especulación de precios y el tipo de cambio paralelo delincuencial– y dejando, de paso, nuestros billetes de 100 bolívares en esa ciudad extranjera. Esta idea, preciso es señalarlo, fue intensamente promovida por las autoridades venezolanas de frontera, las que también diseñaron el Plan de Abastecimiento Complementario (PAC) consistente en colocar a la venta por parte del propio gobierno productos a precios internacionales, los cuales terminaron convirtiéndose en marcador del tipo de cambio dólar today, es decir, legitimando el dólar de guerra. Esto último lo ha explicado bien Víctor Hugo Majano en algunos artículos publicados en su blog La Tabla, llegando a acuñar el término de dólar PAC.

No es por casualidad que a finales del mes de septiembre, justo al día siguiente de haber comenzado el PAC, el dólar today despertó de su largo letargo de todo el año 2016 en torno a 1.000 Bs./US$, y comenzó su indetenible escalada hasta llegar en apenas dos meses a casi 5.000 Bs./US$.

El rol de marcador de referencia para la especulación de precios había sido asumido desde el mes de marzo por el propio oficial dólar DICOM, al tiempo que el delincuencial dólar today permanecía estable (véase la explicación detallada en: “Corromper el dinero para desquiciar una sociedad: radiografía del dólar today”). Esto se prolongó por varios meses, hasta que el DICOM comenzó a estabilizarse. A partir de ese momento, el PAC le hizo el relevo y el dólar today recobró su pleno protagonismo.

Pero volviendo al comunicado emitido en diciembre pasado por la Cancillería de Colombia en respuesta a la medida monetaria adoptada por Venezuela en relación con el billete de 100 bolívares, en el mismo se señala que el gobierno de Colombia: “…resalta su voluntad de establecer un mecanismo técnico que asegure que los tenedores de bolívares, que obrando de buena fe, puedan ingresar al sistema financiero venezolano los billetes de 100 bolívares producto de su actividad comercial legal”.

Lo cual no deja cabida a duda de que para Colombia el bolívar es divisa convertible en su país, y que aspira a que esos bolívares en poder de sus comerciantes cucuteños ingresen al sistema financiero venezolano, lo cual únicamente podría hacerse por la vía del cambio de esos bolívares por divisas libremente convertibles (dólares, euros…) que el BCV suministre; o bien admitiendo a los comerciantes de Cúcuta como titulares de cuentas bancarias en el sistema financiero venezolano (lo que de facto es así a través de la triangulación con personas y empresas de nacionalidad venezolana vinculadas o bajo el control de las mafias cucuteñas, que fungen como sus testaferros en el sistema financiero venezolano).

De eso se trata precisamente el “mecanismo técnico” que solicita el presidente Santos: una forma expedita para que los bolívares en poder de Colombia sean canjeados por divisas libremente convertibles tomadas de nuestras reservas internacionales…

Colombia obtiene miles de millones de dólares anuales en ganancias provenientes del contrabando de gasolina venezolana, que es legal siempre y cuando el cargamento no exceda de 70 litros, lo cual ha favorecido el desarrollo de un ejército de pimpineros (bachaqueros de gasolina) que incluso están asociados en cooperativas que gozan de protección y beneficios por parte de la institucionalidad colombiana. Se permite que Ecopetrol, la empresa petrolera de Colombia, compre esa gasolina venezolana contrabandeada, la registre en sus inventarios legalmente y la exporte a precios internacionales, quedando registrados formalmente en la balanza de pagos de ese país y favoreciendo ampliamente de esa manera su relación de términos de intercambio.

Colombia ha promulgado leyes que permiten que los automóviles robados en Venezuela sean legalmente matriculados en Colombia, siempre y cuando circulen únicamente en los departamentos fronterizos de ese país. Se estima que no menos de 18.000 vehículos venezolanos son legalizados de esa manera en Colombia anualmente.

Colombia recibe de contrabando el oro proveniente de las minas venezolanas y le emite el certificado de origen en unas minas localizadas en ese país que, pese a estar ya agotadas, se mantienen activas con la única finalidad de recibir el oro proveniente del contrabando desde Venezuela.

Colombia mantiene igualmente mataderos en frontera que dependen enteramente del suministro de las reses que pasan de contrabando de extracción desde Venezuela.

Colombia con la Resolución No. 08/2000 del Banco de la República autoriza que cualquier persona en un garaje improvisado sea considerado un “profesional del cambio y la moneda”, estimándose en este momento en más de 3.000 solo en la ciudad de Cúcuta, sin que estén obligados a cumplir ni siquiera con los convenios internacionales en materia de prevención y lucha contra la legitimación de capitales y combate al terrorismo. Con ello instiga, promueve y aplaude un ataque especulativo brutal contra el bolívar, induciendo su depreciación artificial y obteniendo así, Colombia, miles de millones de dólares en ganancias especulativas de arbitraje cambiario, al tiempo que destruye la economía venezolana.

Colombia autorizó la instalación en su territorio de siete bases militares norteamericanas para amenazar directamente a Venezuela con una invasión. Colombia ha vendido a corporaciones privadas norteamericanas una franja territorial que divide toda su geografía en dos mitades separadas, según lo ha denunciado desde hace tiempo con suma claridad la hija de Jorge Eliézer Gaitán. Colombia firmó un tratado de libre comercio con Estados Unidos sin importarle los efectos que eso tendría sobre la Comunidad Andina de Naciones, a raíz de lo cual el presidente Chávez, enhorabuena, sacó a Venezuela de la CAN… ¡Nuestro valiente y decidido Hugo Chávez!

Lo más reciente de Colombia ha sido el anuncio con bombos y platillos de la inminente entrada de la OTAN en su territorio y la cesión de la soberanía de ese país al órgano militar de la dominación imperial mundial; a raíz de lo cual Venezuela, aparte de manifestar diplomáticamente su grave preocupación al respecto, ha anunciado, vía alocución presidencial en reciente desfile militar, la compra de armamento ultramoderno a Rusia y China para fortalecer nuestras capacidades bélicas.

Y para cerrar con broche de oro, Colombia acaba de promulgar una prohibición a sus ciudadanos para que no puedan comprar gasolina en las estaciones especiales de frontera que recientemente habilitó Venezuela, para lo cual ha cerrado la frontera al paso de vehículos.

Colombia… Colombia… siempre Colombia… ¿Hasta cuándo Colombia? ¿Doscientos años de traición al gentilicio latinoamericano y de servilismo imperial no bastan? ¿Hasta cuándo el pueblo colombiano seguirá aplaudiendo la actuación despreciable de sus oligarquías? El pueblo colombiano chupa del pueblo venezolano, y esa es una realidad reconocida por el propio alcalde de Cúcuta cuando afirma que el 80% de la población de esa ciudad colombiana vive del contrabando de gasolina y la especulación cambiaria con el bolívar. ¡No puede haber mayor cinismo sobre la faz de la Tierra!

Uribe y Santos con sus vocecitas de “yo no fui”, sus modales delicados y sus agallas llenas de veneno, con su falsedad, su hipocresía y sus siempre malas intenciones, su mala voluntad, su perversidad y su falta de escrúpulos, con la conciencia negra, manchada por crímenes atroces contra la humanidad misma, no pueden seguir marcando la agenda y el destino del pueblo venezolano. Nuestro presidente Nicolás Maduro está obligado a terminar con esta indignidad.

¡Ni un solo dólar venezolano más para Colombia! Y eso pasa porque el BCV asuma de una buena vez su responsabilidad en todo esto y le explique claramente al presidente de la República que con tan solo acabar con la libre convertibilidad bolívar-peso, se acabaría toda esta guachafita con Colombia y sus mafias.

Colombia debe encajar las pérdidas económicas de su accionar delincuente. Todos los bolívares en poder del BRC y de comerciantes y demás personas naturales o jurídicas colombianas, deben perderlos. No puede Venezuela aceptar su canje por nuestras escasas divisas, mientras no tenemos con qué importar alimentos y medicamentos para nuestro pueblo. Las sociedades se elevan por sobre la anarquía, gracias al “castigo ejemplar”. No es una cuestión de venganza, sino de justicia.

Colombia que pague por sus pecados. ¿Vamos nosotros a pagar por los nuestros y también por los de Colombia?

Venezuela no le debe absolutamente nada a Colombia. Es al revés, siempre lo ha sido. Todos lo sabemos perfectamente. Cinco millones de colombianos en nuestro territorio así lo atestiguan, quienes de paso gozan del beneficio de hacer remesas mensuales en dólares americanos hacia sus familiares en Colombia, suministrados por supuesto –una vez más– por el BCV.

Ni siquiera el comercio legítimo binacional es beneficioso para Venezuela, porque por ejemplo la relación entre valor y volumen de importaciones provenientes desde Colombia por las aduanas terrestres de San Antonio, Ureña y Paraguachón, se multiplicó por cuatro en tan solo un año. Es decir, las pretendidas importaciones desde Colombia con las cuales supuestamente Venezuela está resolviendo sus problemas de abastecimiento, son una gran farsa, una inmensa estafa, donde el fraude importador hace de las suyas a su antojo. Los exportadores colombianos hacen su agosto a expensas del estado de necesidad del pueblo de Venezuela, manteniendo e incluso disminuyendo el volumen de las mercancías que nos suministran, pero al mismo tiempo cuadruplicando su precio en dólares. Otra forma más como nuestros valiosos y escasos petrodólares van a parar a manos de los colombianos, sin beneficio o contraprestación verdadera para Venezuela.

En lugar de seguir favoreciendo los intereses de Colombia en detrimento de los intereses del pueblo venezolano, lo que debería hacerse es demandar indemnización a Colombia por daños y perjuicios en cortes internacionales u otras instancias, como la Organización Mundial de Comercio (OMC), al amparo de la Convención de Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada, así como las normas y acuerdos adoptados por Venezuela, Colombia y el concierto de naciones miembros de la OMC. El contrabando de extracción es un delito que está tipificado en la Ley de Costos y Precios Justos con pena de 14 a 18 años de prisión; esto lo convierte en “delito grave”, sujeto a la Convención contra la Delincuencia Organizada Transnacional. El Estado colombiano, que es signatario de dicha convención al igual que lo es Venezuela, está obligado a cumplir todo lo que en ella se establece.

También podría Venezuela proponer ante la OMC un IV Protocolo de la Convención contra la Delincuencia Organizada Transnacional, que pudiera llevar por título: “Contrabando de Medicamentos, Alimentos y demás Mercancías destinadas a la Satisfacción de Necesidades Básicas”, para sensibilizar a la sociedad de naciones sobre el “comercio ilícito de bienes lícitos”, concepto que no está difundido ni aceptado en la actualidad en el ámbito del comercio internacional.

Podríamos, de igual manera, incluir a Colombia en la lista de paraísos fiscales según Venezuela y prohibir toda importación desde Colombia, buscando países sustitutos entre nuestros amigos del ALBA-TCP, por ejemplo.

En fin, son muchas las armas y el poder de negociación que tiene Venezuela para sentar a Colombia y exigirle que actúe en función de nuestros intereses. Si no lo hacemos no será por falta de poder de negociación, sino en todo caso por falta de voluntad política.

Como ya lo expresé en un artículo anterior (“A un año del 6D”), a grandes males, grandes remedios. Lo que hay que hacer con Colombia es lo siguiente:

1.- Eliminar la libre convertibilidad bolívar-peso.

2.- Cerrar absolutamente las fronteras con Colombia.

3.- Prohibir el tránsito de vehículos y personas.

4.- Congelar todas las transacciones bancarias con Colombia.

5.- Suspender todas las remesas hacia Colombia.

6.- Activar medidas humanitarias para la población afectada, como estudiantes y pacientes.

7.- Activar un plan compensatorio para las empresas productivas de capital venezolano que se vean afectadas.

8.- Activar fuentes de importación alternativas a Colombia, como por ejemplo el Alba-TCP, para alimentos y medicamentos, así como materias primas e insumos esenciales para procesos productivos nacionales de relevancia.

9.- Hacer todo lo anterior por 180 días continuos, prorrogables, a ver cómo evoluciona la situación.

Estoy absolutamente convencido de que nos sorprenderíamos de ver los beneficios que obtendríamos, con “muy poquitos” efectos colaterales para Venezuela.

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