Ampliar el presente Por: Laura Antillano

Domingo, 5 de Febrero de 2017 09:04 am

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La xenofobia es una conducta que parece reivindicada con el inicio de varios escenarios de la historia presente. La avalancha humana representada por los refugiados forma parte de ese cuadro aterrador.

Mirar al otro como distinto a mí y como mi enemigo parece la consigna más evidente de los nuevos tiempos en grandes sectores del planeta, impulsados por una dirigencia que predica el individualismo y la discriminación.

Contra ello se levantan banderas de integración, cuyo aleteo espontáneo necesita energías subterráneas cuya necesidad de crecimiento se nos antoja urgente.

Un ejemplo es lo puesto en evidencia con la sorpresa expresada por el Gobierno mexicano ante el aplauso de Israel a los planes del muro de Trump.

Tres palabras: “extrañeza, rechazo y decepción” ilustran el asombro de quien pensaba recibir solidaridad y finalmente descubre su circunstancia.

Por otra parte, los aeropuertos a través de los cuales se deporta a la población musulmana parecen escenarios de películas de ficción si no estuviera clara la fatalidad de que la realidad ha superado toda historia bélica ficticia.

Se filtran a través de los medios, redes sociales y sistemas de comunicación interpersonales como el Instagram en los celulares, videos y mensajes simbólicos que ponen en evidencia el rechazo a este “tsunami” represivo. Uno ha sido, por ejemplo, el mensaje de Ashton Kutcher, en la antesala del Oscar el domingo pasado, cuando este maestro de ceremonias saludó al público y saludó también a “todos los que están en los aeropuertos”, señalando con ello el conflicto de aquellos a quienes se les limita el derecho a ingresar a Estados Unidos.

La intolerancia crece como una peste sin antibióticos que la contrarreste. Y progresivamente sentimos un escalofriante sentimiento de agobio. En la infancia, cuando se definen actitudes frente a “los otros” desconocidos del entorno, las conductas, los gestos y las palabras que cuadriculan la red de relaciones a nuestro alrededor indican y marcan definitivamente nuestro mundo de relaciones enviándonos al acercamiento o al rechazo, y la historia parece estar dando un vuelco a este respecto, desde la mirada de unos cuantos gestores del poder, quienes no creen en un mundo para todos, y que nos recuerdan, en gesto de protesta, aquella vieja consigna del Poder Joven: “Paren el mundo que queremos bajarnos”.

En un mundo dividido por los intolerantes, vale el que “no nos vendamos simulacros”. La televisión nos muestra el incendio permanente en Chile llevándose hectáreas completas de bosques y viviendas. Los rusos envían el avión IIyushin II-76, que -dicen los chilenos- puede cargar 42.000 litros de agua y aterrizar en terrenos no pavimentados. La locutora se permite hacer bromas y vemos en medio de los altos pinos, entre el fuego, el avión levantando con su carga esperanzadora.

En medio del bochorno agresivo del cada día, he recordado una imagen de días de barricadas de guarimba, en que vi llegar a una familia caminando de paseo forzado (hombre, mujer y niño), en medio de la trifulca confrontada, ellos descubrieron en el tumulto de muebles, cajas, tubos enseres arrumados haciendo bulto, como una pared para ocultar agresores, una bicicleta que mostraba sus cauchos delgados y su asiento, el chico la saco del enredo y mostró al padre, mientras los otros con capuchas mantenían el furor de sus piedras, aquellos tres revisaron la bici arrumada, la ajustaron, probaron y atornillando aquí y allá, la pusieron a andar, y en medio de la sordera, los tres se fueron felices con un transporte nuevo, en el cual los tres cabían, para su alegría.

Y como dice el poema de Benedetti: “Defender la alegría como un estandarte/defenderla del rayo y la melancolía”.

@LauraAntillano

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