La vergüenza Por: Gloria Cuenca

Domingo, 19 de Febrero de 2017 09:54 am

ÚN

Sentir vergüenza es un acto de sinceridad, especialmente cuando se comete un error. Permite, a quienes observan al avergonzado(a), darse cuenta de que se está frente a alguien que tiene conciencia.

La conciencia, esa parte de nuestro cerebro que se alerta en determinadas oportunidades, nos sirve como una linterna para darnos cuenta de lo que estamos sintiendo, pensando y haciendo. Ser congruentes es también pensar, sentir y actuar consecuentemente. Es de los aspectos que ponen de relieve si estamos frente a adultos integrales, con un ethos vigente (como manera de ser), cuyos objetivos van en un sentido lógico, expansivo, de desarrollo humano.

Se trata de ir en la búsqueda (al tener conciencia de la falta) de una acción que permita reparar, sanar, corregir el error cometido. Por otra parte, está planteado que todo ser humano comete errores. De allí el dicho: “Errar de humanos es, rectificar de sabios”. Desde nuestra humilde visión hay que ser conscientes: es bastante fácil equivocarse. Como católica, considero que Jesús, nuestro Señor, nos dio el instrumento más perfecto para actuar cuando nos equivocamos. Primero, el libre albedrío. Somos responsables de lo que hacemos y debemos asumir las consecuencias de nuestros actos. De inmediato, está la conciencia. ¿Qué estamos haciendo? ¿Actuamos correctamente? ¿Debemos rectificar? Finalmente, está el perdón. Para mí, el don más grande que tenemos. Para llegar hasta allí hay que saber qué hemos hecho, dónde está lo equivocado.

El problema ocurre cuando de manera prepotente nos empeñamos en hacer como si no ha pasado nada. Vivimos tiempos turbulentos y difíciles. Insisto en que vale la pena tomarse unos minutos para reflexionar sobre lo que pensamos, lo que sentimos, lo que hacemos. Como resultado de la reflexión, actuar en consecuencia. No, no es fácil. Deberá abrirse la conciencia para entender los errores. Si no seguiremos por la ruta equivocada, de consecuencias impredecibles.

Los fanatismos son peligrosos. Peor, creer que las “creencias” son principios. Al confundirlos, perdemos nociones trascendentales, como separar el bien y el mal. Es tarea que cumplen el maligno y sus aliados. Dividir, confundir y enloquecer al ego, entre otras.

Ocurre una nueva arremetida contra la libertad de expresión: sacar del aire a CNN. Tema de otra columna.

Comentarios

x

Check Also

¿Para qué la Historia? Por: Laura Antillano

Escribió Enrique Bernardo Núñez a propósito de Juan Francisco de León: “Puede que la figura de León sea en el futuro asunto de un gran poema. (…) Seria de recordar ...