Foto: Archivo

Un Irak para Trump Por: Earle Herrera

Domingo, 26 de Febrero de 2017 10:43 am

ÚN

Venezuela no es Mesopotamia. Algunos presidentes de Estados Unidos llegan con un discurso anti-establishment. Para meterlos en cintura, el establecimiento los hace que se desdigan. El último fue Barack Obama, quien prometió cerrar el campo de concentración de Guantánamo, como si él se gobernara. Muy pronto el aparato industrial-militar lo hizo tragarse su promesa. El hombre se marchó con más pena que gloria, con un premio Nobel de la Paz para ironizar las guerras que propició y los bombardeos que desató contra pueblos pobres. Cuando se fue, los alaridos seguían saliendo de Guantánamo.

Donald Trump, la estrafalaria esperanza blanca del sistema, arribó al poder enrostrándole al republicano Jeb Bush la invasión de Irak con la mentira de “las armas de destrucción masiva”. Igual acusación le lanzó a la demócrata Hillary Clinton, por apoyar la guerra como senadora. Aseguró ponerle fin a la mala costumbre de su país de estar tumbando y poniendo gobiernos en otras partes del planeta. El establishment sonrió y Harry Truman resolló en el más allá.

Una vez en la presidencia, Trump empezó a darse cuenta de que el candidato a la Casa Blanca no habla igual que el inquilino de la misma. Pronto se sorprendió diciendo cosas sobre la República Popular China muy distintas a sus fanfarronerías de la víspera contra la tierra de Mao Tse Tung (así lo estudié yo). Su promesa de poner fin a la intromisión imperial en otros países le duró poco por culpa de Caracas y Nicolás Maduro. Su mal amada CNN lo aplaudió.

Razón tenía Ernesto “Che” Guevara cuando decía que “al imperialismo, ni tantito así”. El lobby mayamero lo hizo tragarse su promesa de “no intervencionismo”. Agarró la venemanía que viene desde los tiempos de Bush contra Chávez, pasando por Clinton (mujer y marido) y Obama: chismear de Venezuela con cuanto sujeto lo visita. Como en la Guerra del Golfo, busca aliados para maquillar cualquier disparate que se le ocurra. Dicen que el tipo es loco pero la cosa no es juego. Para hacerlo tragar sus palabras, el aparato industrial militar le puede pedir una prueba: entréganos tu propio Irak. En ese camino del infierno está otro país petrolero y miembro de la Opep: Venezuela. Solo que la patria de Bolívar no es la antigua Mesopotamia.

Profesor UCV

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