Medir el bienestar Por: Guillermo Ortega

Domingo, 2 de Abril de 2017 11:06 am

Noticiasx7

La publicación de los más recientes datos del Índice de Desarrollo Humano, elaborado por la ONU, genera muchas preguntas y dudas sobre la situación venezolana. Algunos manifiestan su incredulidad, a juzgar por lo que ha sucedido en cuanto a inflación y caída del producto, que el país esté en mejores condiciones de bienestar que países como Perú, México o Colombia. Otros, partidarios de la acción del Gobierno, sostienen que las cosas no están tan mal, como sugieren los indicadores económicos, y que el Gobierno sigue haciendo la entrega de sus promesas a los sectores más desprotegidos.

La medición del bienestar es un tema complejo. Es común asociar bienestar con crecimiento económico, de tal manera que suele medirse a través de conceptos como el ingreso per cápita. Pero hay muchas inconsistencias en ese enfoque. Muchas actividades, bienes públicos ofrecidos a precios muy por debajo del costo o actividades como el ocio, no están reflejados en el producto. Es por ello que, en años recientes, se han propuesto medidas alternativas para medir el grado de bienestar.

El Índice de Desarrollo Humano es uno de ellos, básicamente un promedio de tres indicadores: esperanza de vida, años de educación e ingreso per cápita. Algunos sostienen que replica la misma información ofrecida por los indicadores económicos, pero la inclusión de los otros indicadores anteriores hace una diferencia. ¿Qué dicen esos datos sobre Venezuela?

Para sorpresa de algunos, el deterioro del bienestar, medido por ese índice, es bastante poco significativo entre 2012 y 2015. El indicador apenas se desmejora 0,40% en ese período. Es sorprendente por cuanto, en ese mismo período, el ingreso per cápita cae casi 15% y la inflación pasó de 20 a 200%. Si se compara la situación de los 90 con los datos de 2015, otro hecho que puede conducir a la sorpresa es que el bienestar es mucho mayor en 2015 que en la década de los 90. De hecho, de acuerdo a los datos de la ONU, aun cayendo en 2017, todavía el Índice de Desarrollo Humano estaría muy por encima de los observados en aquella década. Por supuesto, la clave está en lo que sucedió en materia de educación y salud.

Allí hay puntos indiscutibles a favor del Gobierno, es mucho el enorme esfuerzo de transferencias directas en esos sectores. En la data que usa la ONU para construir el índice, hay mejoras en expectativas de vida y años de escolaridad que apuntalan la mejora en bienestar medido en esa forma. Obviamente, para el cierre de 2016, una economía que volvió a caer cerca de 10% y con una tasa de inflación que fue 4 veces mas de la registrada en 2015, ese debate va seguir planteado. Es cierto que la situación en Venezuela no se puede medir exclusivamente a través de los indicadores económicos, inflación, comportamiento del producto; es necesario también ponderar avances en otros indicadores como salud y educación. Sin embargo, cuando se trata de medir el bienestar no se puede tener una visión monocromática, no hay ganancias que puedan ser sostenibles sin crecimiento y estabilidad de precios. Más temprano que tarde, la inestabilidad macroeconómica termina conspirando contra el gasto en esas áreas.

macroentorno@gmail.com

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