#16Abril Domingo de Resurrección Por: Luis Alberto Buttó

Domingo, 16 de Abril de 2017 11:51 am

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Más allá de la mitología religiosa, los sucesos narrados en lo que la liturgia católica denomina Semana Santa, encierran en sí mismos contundentes enseñanzas éticas, medido esto último por el referente planteado en función de la irrenunciable evaluación de los actos y puesta en escena de la conciencia humana.

Buena parte de tales lecciones se desprenden del estudio de la conducta desplegada por los personajes involucrados. Repárese en tres cuyo papel fue determinante en el desencadenamiento del desgarrador suplicio del rabí: Poncio Pilatos, Barrabás el zelote y Judas Iscariote.

El ruin prefecto de Judea pasó a la historia como ilustrativa personificación de lo que, siglos después, devendría en conceptuarse banalidad del mal. Oscuro (en términos de catadura moral) funcionario del régimen oprobioso que sojuzgaba por la brutalidad de las armas al pueblo judío, desoyó incluso la voz de alerta proveniente del propio círculo familiar y, pretendiendo limpiar la mácula que eternamente tiñó sus manos culpables, se escudó en la obediencia debida para participar en el tinglado que condujo a la muerte a aquél que representaba la esperanza de la colectividad ansiosa de redención. Independientemente de cuán cierto haya sido el destino corrido, en el sentido de que terminó sus días enjuiciado y condenado a perder la vida por tan miserable involucramiento en la perfidia cometida en contra de Jesús, no cabe duda de que su persona pasó a simbolizar el desprecio sempiterno ganado por todo infame represor que, ya por cobardía, ya por acomodo, ya por minusvalía de miras, es incapaz de plantarse en el lado correcto de la historia y tomar partido por los desasistidos de justicia.

El ladrón rastrero, aún a sabiendas de la responsabilidad que le atañía en el delito cometido, no tuvo empacho en salvar su despreciable pellejo a cambio del martirio a ser infligido al inocente. Enano como el que más, se empequeñeció de manera inconmensurable frente a la figura luminosa de quien en ningún momento temió asumir el doloroso camino trazado por el estoicismo de no abjurar de poderosas convicciones centradas en la libertad y hermandad de los seres humanos. Grotescamente, Bar Abbá representa a la pléyade de maliciosos que, en salvaguarda de intereses cicateros, nada les importa el sufrimiento de los otros, en la medida en que dichos padecimientos se traduzcan en la perpetuación de ruines privilegios. Igualmente, es la manifestación literaria de quienes abominan del compromiso y huyen presurosos a esconderse de la lección moral dejada por la lucha desarrollada por aquellos empeñados en la liberación de todos, incluyendo, por supuesto, a los despreciables barrabases del mundo; algunos de los cuales, permanentemente, se hayan a resguardo detrás de la comodidad de los teclados, mientras los de de veras construyen la dignidad del mundo. Se cuenta que Barrabás pagó la ignominia cometida cuando la desgracia le tocó a la puerta: su propia esposa hubo de enfrentar el cese del aliento vital como reprimenda por haber comulgado con las ideas emancipadoras del cristianismo.

Poco puede agregarse a lo en 2.000 años dicho en torno al felón por antonomasia. Empero, pertinente es precisar que lo obtenido por la vergonzosa traición que lo dio a conocer, en modo alguno pudo ser disfrutado como ambiciosamente esperaba. Por esta razón, amén de calzar las hórridas sandalias de la deslealtad, cubrió las llagas de su alma con la túnica de la imbecilidad. Paradójicamente, hizo la tarea de la cual le impidieron ser consciente la tamaña idiotez y el desmedido afán de lucro que lo caracterizaron: al servir de patrón comparativo, mostró a los ojos de quien tuvo la capacidad de entenderlo cuál es el liderazgo digno de ser emulado por lo acertado del planteamiento y la entereza del comportamiento. Sin sectarismos geográficos: los judas pululan en los cuatro puntos cardinales.

No hay argumento sostenible para descreer en la promesa de la buenaventura. Gólgota andado, Venezuela renacerá para brillar en el venidero orden de cosas. Dios bendice a la democracia.

Historiador
Universidad Simón Bolívar
@luisbutto3

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