La A.N.C: ¿Demócrata o alienante? Por: César García

Miércoles, 17 de Mayo de 2017 05:48 pm

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La iniciativa de convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente realizada por el presidente Nicolás Maduro es el tema en boga de los últimos días, factores políticos de lado y lado han comenzado a dar muestra de su músculo político a través de marchas y contramarchas las cuales vienen siendo convocadas con el objetivo de refrendar o refutar dicha iniciativa. Por supuesto, vale la pena señalar, que no se puede restar importancia a las continuas y persistentes manifestaciones, expresiones y acciones de calle que se vienen dando desde hace más de un mes cuyas razones y motivos pueden englobarse en la severa crisis política, económica y social que se vive en el país. Y justamente, en consideración de esta crisis es que surge una interrogante: ¿La iniciativa de convocatoria de esta ANC está imbuida por un verdadero espíritu democrático o tras de sí, lo que se oculta es un interés alienante de la sociedad toda?

No pretendo realizar un análisis jurídico de las bases del texto constitucional, espero que los constitucionalistas puedan aclarar y dar luz a tal respecto, no desde sus posiciones políticas sino más bien desde el equilibrio de la jurisprudencia. Sin embargo, dada la coyuntura en la cual nos encontramos entender tal iniciativa resulta obligante puesto que un llamado a una ANC, es un llamado que en “teoría” debe involucrar a toda la sociedad (afectos, desafectos, militantes, no militantes) y surgen entonces, interrogantes, válidas desde cualquier percepción:

  • ¿Son las circunstancias actuales el momento más idóneo para convocar una constituyente?
  • ¿Si el voto es uno de los mecanismos más expeditos para medirse políticamente por qué entonces no se hacen las elecciones que corresponden según la ley (regional y municipal)?
  • ¿Acaso algunos artículos de la constitución tienen más peso o más importancia que otros? ¿Violentar uno solo de ellos no es violentar toda la constitución? ¿Es permitido violar uno para cumplir otro? ¿No está dotada nuestra constitución de un mismo espíritu y sustancia?
  • ¿Quién es más legítimo el ejecutivo o el legislativo? ¿Quién es más violador de la misma?
  • ¿Hay verdadera legalidad en nuestros representantes elegidos constitucionalmente sean de la oposición o del gobierno?

En el entendido de que nuestra Carta magna es el máxime pacto social acordado y refrendado por las mayorías, valen entonces, las interrogantes que muchos venezolanos puedan plantearse:

  • ¿Por qué el CNE en uso de sus atribuciones y funciones no convocó el pasado año las elecciones regionales? ¿No es acaso un poder independiente que puede pronunciarse en función del acatamiento y cumplimiento de la constitución?
  • Si tanto el gobierno como la oposición se rebuscan en manipulaciones e interpretaciones jurídicas convenientes, entonces, ¿a qué institución creer o en cuál confiar?
  • Si la convocatoria a una ANC es en el marco de la ley una acción constitucional la nación toda debe preguntarse: ¿En ese contexto de legalidad tal acción podría estar cargada de ilegitimidad?
  • ¿Hay sensatez política en la iniciativa o se esconde tras de ella la manipulación con el único propósito de perpetuación del poder?
  • ¿Son las leyes a razón del hombre o el hombre a razón de las leyes?
  • ¿Cómo renovar un pacto social o cómo intentar establecer uno nuevo si la sociedad se encuentra fracturada?
  • El nuevo texto constitucional que se busca elaborar: ¿Será presentado en referéndum consultivo al poder originario para que a fin de cuentas se este quien se pronuncie con su aprobación o desaprobación mediante el voto?
  • ¿Cómo serán elegidos los constituyentes?
  • ¿Si la MUD es una mayoría aplastante en votos (como afirma), entonces, por qué no medirse en la ANC?
  • ¿Acaso, no sería la ANC una espada de Damocles para el propio gobierno?
  • ¿Qué pasa si en un referéndum consultivo un grueso de la población no manifiesta su interés a favor de tal iniciativa, aun así, se insistirá en ello?

Refundar el pacto social acordado en 1999 pasa necesariamente por un mínimo de acuerdo entre las posiciones en pugna, acuerdo que hasta ahora, no ha resultado posible y ante lo escabroso que ha resultado la práctica de un diálogo serio cuyo centro sea Venezuela y no el poder; en ese escenario, la pregunta a responder: ¿El llamado a una ANC resulta democrático o alienante?

“No hay nada más despreciable que el respeto basado en el miedo.”.

(Albert Camus)

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