La verdad: Una presa del conflicto político Por: César García

Lunes, 12 de Junio de 2017 02:57 pm

Noticiasx7

Qué difícil es para un país resolver sus diferencias políticas cuando está dominado o imbuido por los radicalismos extremos, los hechos recientes y los que se vienen sucediendo desde el mes de marzo lastimosamente ubican a la nación venezolana en un marco de crisis, de caos y de conflictividad. Como si esto no resultase suficiente las constantes acciones, amenazas y el tono discursivo que emplea de manera recurrente la dirigencia política (Gobierno-Mud) parece atizar aún más las polarizaciones y con ello, los radicalismos. En medio de este panorama, la verdad, se ha convertido en una presa del conflicto político.

Pero, ¿qué es la verdad? Sin entrar a discurrir sobre posturas filosóficas, la verdad puede ser entendida como aquella relación que existe entre lo que pensamos o sabemos en correspondencia oportuna con la realidad que experimentamos. De esta manera, la población venezolana conoce muchas verdades, por ejemplo: la verdad respecto a la escasez de alimentos, medicinas o artículos de primera necesidad, ¿y quién puede refutar tal verdad? Ella es vivencial, forma parte del día a día y es el agobio de miles de hogares venezolanos; eso sin contar, otras verdades como la galopante inflación o el bachaquerismo que como subcultura arremete y se impone de manera descarada, ejemplo: 1kg de azúcar que marca 460bs es vendida a 6.000bs; ¿y a dónde recurre el ciudadano común y corriente; es decir, el pueblo? A este terrible panorama debemos sumarle la incoherencia, la irresponsabilidad y la manipulación de muchos hechos que se han suscitado donde la verdad ‘objetiva’ se convierte en presa de las circunstancias tornándose verdad ‘subjetiva’ gracias al poder y presión de los medios, en especial, las redes sociales.

Tras las protestas (nada pacíficas) y la acción de algunos funcionarios de seguridad (actuando cual hampones) surgen continuamente comentarios que una vez viralizados en redes sociales se nacionalizan e internacionalizan, y de allí, se formula una posición sobre la verdad respecto a Venezuela que podría fijarse en dos dimensiones: la primera, vende la idea de un gobierno dictatorial, represor, violento y antidemocrático; la segunda, presenta la idea de un gobierno electo democráticamente al que tratan de derrocar con apoyo de injerencia extranjera. En este sentido, parece no existir una respuesta concluyente por parte del pueblo venezolano porque tanto la dirigencia gubernamental como la opositora cuentan con un determinado respaldo popular; ahora bien, lo que si puede resultar lamentable es que en función de sus propios intereses ningún bando dude en manipular aquello que consideren necesario manipular. Esto nos lleva a considerar lo que ya resulta evidente: Si se levanta una voz disidente dentro de las filas del gobierno automáticamente se le tilda de traidor(a), de salta talanquera, de contrarrevolucionario(a) pero ojo; resulta que la oposición no es menos diferente pues cualquiera que entre ellos ose criticar o cuestionar a su propio movimiento de inmediato es desechado(a), tildado de traidor(a) o en última instancia que ha pactado con el gobierno.

El asunto es harto complejo y como la polarización es evidente, entonces no podemos hablar de una verdad sino de dos verdades (no diciendo con esto, que una resulte más veraz que la otra). Por ejemplo, si se le pregunta a los seguidores de cada bando político quién es el verdadero responsable de las muertes, de los hechos violentos, de los destrozos y de las pérdidas económicas que se registran desde el pasado mes de marzo: ¿Cuál será la respuesta? Seguramente, cada bando responderá que ‘el otro’ es el responsable porque ese es el discurso inoculado en la conciencia de sus militantes, el culpable es el gobierno o es la oposición pero cada uno en particular busca mostrarse exento de cualquier responsabilidad (o minimizarla).

No obstante, el asunto resulta más preocupante, considérese este otro ejemplo: Qué casualidad y qué coincidencia, que luego de las acciones y opiniones emitidas por la fiscal general Luisa Ortega Díaz se haga pública (ahora) una denuncia por el uso indebido de un avión privado, el cual, según señalan los medios, fue ocupado por la fiscal en los últimos dos años. La pregunta obligada es, ¿y si esta funcionaria hubiese mantenido su postura inclinada al gobierno se habría hecho pública esta denuncia?

Otro ejemplo a considerar y que urge a la reflexión son las declaraciones emitidas por la red social twitter por parte de dirigentes y activistas políticos (opositores al gobierno), quienes con inmediatez afirmaron, aprobaron y convalidaron que la muerte de Neomar Lander se debió al impacto de una bomba lacrimógena para que luego el gobierno argumentara con imágenes, videos, planimetría y experticia forense que el trágico suceso se produjo por la manipulación de un artefacto explosivo de fabricación artesanal. ¿Y entonces?, ¿quién está diciendo la verdad? Si es la oposición por qué no desmiente al gobierno, y si lo dicho por el gobierno es cierto, dónde queda la ética y la humanidad de los dirigentes opositores.

Cuan preocupante resulta para una nación que los que gobiernan y los que ambicionan gobernar vean a la verdad simplemente como instrumento de utilidad a sus beneficios y no como una herramienta necesaria para sanar la profunda herida que hoy afecta al país.

¡Pobre de ti, oh verdad, que en tiempos de utilitarismo, de codicia, de ambición, de sed y hambre de poder (por alcanzarlo o mantenerlo), de odio, de enemistad y de crisis: hallarte resulta un verdadero honor, conocerte un excelentísimo privilegio y pregonarte un necesario sacrificio!

“¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!”

(Isaías 5:20)

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