¿Para qué la Historia? Por: Laura Antillano

Domingo, 23 de Julio de 2017 11:05 am

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Escribió Enrique Bernardo Núñez a propósito de Juan Francisco de León: “Puede que la figura de León sea en el futuro asunto de un gran poema. (…) Seria de recordar la fórmula de poderosa resonancia con que León encabeza sus escritos: ‘La voz de la ciudad de Caracas, su vecindario y provincia…’, ‘nos obliga esta voz’, ‘esta voz nos dice…’ León oye la voz. Habla siempre de esta voz. La voz que se oye a veces en las noches de la Conquista. La voz que llega hasta nosotros. La voz”. (*)

Esa voz de la que nos habla, la voz colectiva que va llevando la historia de la Humanidad, preocupaba al periodista, historiador, investigador crítico, talentoso escritor, y diagnostica: “Cada generación ha de revisar los hechos históricos, ha de someterlos a la propia crítica, sin contentarse con lo que les hayan ofrecido los antecesores, sobre todo hoy cuando se trabaja en crear una falsa versión de la historia. Cuando se amontonan errores con tanta ligereza y confusión” (p. 126).

Hemos leído algunas líneas de gente que opina que esto de tanto afán por la Historia se hace por evadir la desilusión ante un presente sin brillo… y nos resulta una idea propia de inconsecuentes e ignorantes.

Por eso aplaudimos el que Pedro Calzadilla y su brillante equipo del Centro Nacional de Historia acabe de crear el Premio Nacional de Historia, para investigadores, docentes y promotores con más de treinta años dedicados a la materia. Nos resulta un hecho de considerable importancia porque incentiva la incursión en la materia y pone de relieve la necesidad de considerar esta disciplina como un bastión importante en la consolidación misma de la cultura, en un concepto abarcador, amplio, definitivo para la comprensión de los orígenes y conformación del grupo social y su entorno.

La relación de cada ser humano hasta con su propia historia personal define la calidad de un entorno en colectivo, y es la reunión de estos mosaicos temporales los que van armando el rompecabezas de lo que pasamos a ser como seres humanos, comunidad, nación o continente.

El uso de la lengua, las huellas de los antecesores, el reconocernos en otros y entender el presente desde la perspectiva de varios pasados encadenados, nos da contexto, soporte y paisaje.

La creación del mismo Centro Nacional de Historia, y su órgano de difusión, la Revista Memorias, son indicativos de una repuesta justa a “esa voz” de la que hablaba Núñez.

El amor de quien descubre los hilos de estos caminos de la conformación colectiva se traduce en escrituras como los tres tomos del profesor y poeta Gustavo Pereira en Historias del Paraíso, cuya cadena de acción describe desde Develación y saqueo del Nuevo Mundo y Los seres inferiores, hasta el tomo titulado El acoso de los insurrectos. Obra que debería ser libro de cabecera de profesores y maestros de nuestras escuelas y universidades.

Pero a través de la poesía también se devela la investigación histórica y el reconocimiento de caminos inconclusos o de posible duplicación en diversos presentes, como enuncia otro poeta premonitorio como Ramón Palomares, con su homenaje a Humboldt en Alegres provincias, su visión del caballero Juan Rodríguez Suárez o ese doloroso y magistral poema titulado “Infiernos que traen perros y fuego (Muerte de Guacaipuro)”: “Sacúdelo y que huya porque ya se aproximan los matadores/”, a través del cual seguimos con ansiedad y angustia extrema el asesinato del Cacique, como en otro, la muerte de Tiuna (“¡Cómo abrió los brazos el guerrero cuando/penetró el hueso de veneno!”).

Y el poeta Palomares también retoma esa “Voz” de la que habla Enrique Bernardo Núñez como quien dicta a Juan Francisco de León la razón de sus empeños, en su poema “Nuestra población” por ejemplo: “Población tan nuestra como las armas conque defendemos /sus puertas/hija de nuestros brazos/madre de nuestros hijos Yace aquí la vida de muchos/ y sus huesos son abono de nuestra siembra/cal de estas paredes/vigas del techo”.

El profesor Pedro Calzadilla no podría estar más contento. La creación de este premio a los historiadores obedece a un anhelo de mucho tiempo y se hace realidad, consolidando el camino de reconocimiento de modos de mirar distinto, por sectores de población cuyo protagonismo se situaba en último término. Aplaudimos con él la iniciativa.
@LauraAntillano
Núñez, Enrique Bernardo (1949).
Juan Francisco de León, o el levantamiento contra la Compañía Guipuzcoana, “Capítulo V: La casa arrasada”. Editorial Avila Gráfica, Caracas.

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