¿Y qué dicen las cifras? Por: César García

Domingo, 6 de Agosto de 2017 04:25 pm

Noticiasx7

¿Y qué dicen las cifras?, esta es una interrogante sumamente interesante, en especial ahora, luego de que el país sorteó con “relativa calma” dos eventos políticos que para el momento generaron gran tensión y expectativa como fueron el plebiscito del domingo 16 de julio y la constituyente del pasado domingo 30 de julio. Ambos mecanismos según la interpretación y explicación jurídica expuesta por cada élite (Mud-Gobierno) contó con la necesaria legalidad y legitimidad por lo cual bajo sus razonados argumentos tanto su realización como sus resultados no deberían ser puestos en duda. Téngase en cuenta que cada facción asume ser mayoría.

Ahora bien, en el marco de la coyuntura que actualmente vive la nación venezolana no solo es necesario hablar de legalidad y legitimidad sino que también resulta pertinente hacer propaganda y publicidad a la moralidad y la honorabilidad; lamentablemente, estas dos características parecen resultar escasas en el plano de la política nacional por ende la falta de escrúpulos políticos y la necesidad de retener el poder o alcanzar el poder a cualquier costo coloca a toda la nación en una cuenta regresiva donde la consecuencia que pudiese considerarse más lógica es que la escalada de violencia podrá ir subiendo aun más de nivel. Sin embargo, cada élite nos habla de paz y el argumento de cada una en particular representa la solución a la conflictividad y crisis que atraviesa la nación. Pero volviendo al asunto de las cifras optaré por dar a cada una de ellas (a los resultados que cada bancada anunció) un trato de respeto y honorabilidad sin conculcar la veracidad de cada mecanismo (plebiscito o constituyente) pues un hecho es común tanto el gobierno como la oposición se presentan como triunfadores absolutos en detrimento de su contraparte. Aun así, la realidad puede resultar más compleja de lo que parece pues si las partes en conflicto afirman actuar apegado a derecho, y si cada bando cuenta con especialistas encargados de vender como cierta la información que propagan gracias a esa poderosa herramienta comunicacional como son las redes sociales; entonces, nos hallamos en presencia de dos Venezuela donde cada quien escoge la que más le convenga aunque al analizar o considerar el factor “crisis” vemos como rápidamente se rompe con la idea de fractura, división o bifurcación de la sociedad venezolana polarizada en dos bandos y ello se debe a que los seguidores de cada parcialidad política se ven severamente afectados por las criticas condiciones que azotan al país.

Dicho de otra manera, si se habla de política, se habla de polarización, de bandos, de facción, de división, de gobierno y oposición; más cuando se habla de “crisis o desesperanza” rápidamente salta a la realidad del venezolano la escasez de alimentos o medicinas, la inflación que devora los sueldos y salarios, el hambre que se hace palpable en las calles y avenidas, el bachaquerismo que como germen se ha inoculado en la sociedad, la inseguridad que merma a la población diaria y semanalmente; cuando se habla de esta manera entonces no hay dos Venezuela, no hay derecha ni izquierda, de nada valen la élites del gobierno o la oposición: solamente hay un país que pide a gritos una solución. Con todo y esto cualquiera puede y debe preguntarse, qué dicen las cifras realmente: 1. Qué dicen las cifras de la oposición; 2. Qué dicen las cifras del gobierno.

Si tomamos la referencia de cada resultado anunciado del plebiscito “se dice”, que contó con una participación de 7.5 millones de personas; por otra parte, el CNE “anunció”, que más de 8 millones de personas participaron en el proceso de la constituyente. Ahora bien, si el padrón electoral sobrepasa los 19 millones de personas, la pregunta clave tanto para el plebiscito como la constituyente es: ¿Qué pasó con los más de 10 millones de votantes que “no se manifestaron” en uno u otro mecanismo? Por supuesto, la respuesta no es tan sencilla pues se deben valorar una serie de condiciones por ejemplo: los niveles de abstención histórica, los niveles reales de participación, el complemento de opciones reales con la cuales la población votante pudiera sentirse identificada, aunado a los argumentos de cada facción (ejemplo): a. Que mucha gente se abstuvo de participar en el plebiscito porque el gobierno les amenazó o amedrentó; b. Que mucha gente se quedó sin votar como correspondía en la constituyente pues centenares de centros electorales fueron asediados, entre otras razones.

Este panorama donde la desconfianza y el descrédito resulta común a ambos sectores políticos parece reflejar la necesaria y apremiante gestación de una tercera corriente o alternativa política que sea capaz de aglutinar la indecisión de unos, el cansancio de otros y la esperanza de muchos a favor de la nación, a fin de unificar, lo que otros insisten en mantener fragmentado.

 

“La democracia debe guardarse de dos excesos: el espíritu de desigualdad, que la conduce a la aristocracia, y el espíritu de igualdad extrema, que la conduce al despotismo.”

(Montesquieu)

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