Desidia, desgracia y miseria humana: Una realidad que sufren los venezolanos Por: César García

domingo, 26 de noviembre de 2017 01:25 pm

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Desidia, desgracia y miseria humana son tres condiciones que lamentablemente se han enquistado en la realidad y cotidianidad de los venezolanos. Tales características son las que se perciben hoy (como nunca antes) con total y evidente claridad pero también bajo cierta parsimonia, por ejemplo:

  1. Cuando se transita por la ciudad (caso Caracas) y resulta evidente como abunda la basura sin recoger la cual se halla esparcida por doquier, con las moscas y el hedor que se traduce en un claro riesgo para la salud pública.
  2. Cuando las personas se detienen en algún comercio urgidos por adquirir algún bien, y de repente les dicen o anuncia algún cartel: “No tenemos punto de venta solo aceptamos efectivo”. Por cierto, muchos comercios chinos pero también venezolanos se están especializando en ello cada día más.
  3. Cuando se intenta abordar algún transporte público y te comentan los transportistas, que la única gaceta oficial es la que está en la calle; es decir, la gaceta de la realidad vivencial así qué o pagas lo que piden, o te vas a pie. ¿Pasaje oficial? ¿Con qué se come eso, eso existe?
  4. Cuando por alguna emergencia, dolencia o malestar te ves impulsado a recurrir a un centro hospitalario y luego te das cuenta que terminas cantando el “Niagara en bicicleta”. Si antes resultaba común oír historias sobre lo que costaba ser atendido en algún hospital y en su momento resultaba preocupante, ahora es espeluznante y terrorífico oír las historias que actualmente se comentan: no solo carencia de medicinas sino de médicos, de enfermeras, etc.
  5. Cuando las personas (de bien) salen de sus casas a sus trabajos o centros de estudios y se encomiendan a Dios con plegarias donde ya no solo piden ser librados de la habitual delincuencia y criminalidad sino que ahora también los ruegos se han reconfigurado: líbrame del bachaquero, del usurero, del aprovechado, del oportunista, del panadero, del carnicero, del bodeguero, del transportista, de los colectivos, del policía, del militar, del gobierno, de la oposición en fin todo el asunto se traduce en un líbrame, líbrame, líbrame. Bien es conocido, que la forma habitual que utiliza la delincuencia para despojar al ciudadano de sus bienes (incluyendo la vida) es por medio de las armas. Sin embargo, la nueva delincuencia formalizada e institucionalizada producto de la desidia y desgracia que se vive en el país es un gran reflejo de la miseria humana de la que hoy muchos hacen alarde, surge entonces una interrogante: ¿Quiénes son más delincuentes los criminales habituales o los nuevos criminales que valiéndose de la ocasión, del hambre y de la necesidad extorsionan y oprimen al pueblo?
  6. Cuando ingresas al Metro de Caracas, sistema de transporte subterráneo que en sus inicios fue motivo de orgullo para los caraqueños por ser uno de los más limpios del mundo y un lugar donde el respeto, el orden y la tolerancia resultaba una práctica común entre sus usuarios; actualmente, solo queda el recuerdo de lo que en algún momento fue aquel Metro de Caracas. La realidad que hoy se evidencia en tan importante medio de transporte es: torniquetes inservibles, ineficacia en la prestación del servicio, buhonería exprés en los vagones, instalaciones sucias, botes de agua; incluso, ocasiones donde el excremento de animales es común en los andenes. A ello hay que sumarle el desinterés de sus operadores, su indolencia e ineptitud en el cumplimiento de sus labores; por supuesto, no podemos dejar de lado y mucho menos ignorar el mal uso que hoy por hoy le dan los usuarios, usuarios que olvidaron que tienen el derecho de usar tales instalaciones apegados a unas limitaciones determinadas. Es una suma de muchos componentes donde el gobierno como eje central y administrador de la cosa pública no puede quedar exento de responsabilidad.
  7. Cuando por causa de la indolencia gubernamental y la indolencia ciudadana se han dejado de lado asuntos como los ya señalados (solo por mencionar algunos). En primer lugar, porque el gobierno en turno en sus políticas de conservación del poder sigue dejando a su triste abandono a un pueblo que procura sortear de la mejor manera posible todos los escollos que a diario se le presentan. En segundo lugar, porque ese pueblo producto de la diatriba política, de las necesidades y del quehacer diario está olvidando su papel transformador, su papel como instrumento galvanizador para los cambios y transformaciones no solo políticos sino sociales porque su ciudadanía no solo le brinda el derecho a sufragar en elecciones también le impone el máximo de los deberes que es controlar la gestión pública (sea oficialista u opositora).

Es momento de reflexionar sobre nuestra responsabilidad como ciudadanos y de actuar conforme a ella para exigir soluciones que se efectivicen.

“Nada es tan desalentador como un esclavo satisfecho”

(Ricardo F. Magón)

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