CAIV celebra decisión de EEUU de reconocer a Jerusalén como capital de Israel

jueves, 7 de diciembre de 2017 02:55 pm

Nota de Prensa

La Confederación de Asociaciones Israelitas de Venezuela (CAIV), en representación de la comunidad judía del país, considera que la decisión tomada por Estados Unidos de reconocer a Jerusalén como capital del Estado de Israel “se apega al rigor histórico y a la verdad”.

Asimismo, celebró el anuncio del presidente Donald Trump de mudar la embajada americana a Jerusalén.

“Jerusalén es la ciudad capital histórica y centro espiritual del pueblo judío”, destacan en un comunicado. 

El documento defiende que “en Julio de 1980, Israel proclamó la Ley según la cual Jerusalén unificada es la capital íntegra e indivisible del Estado”; sin embargo, explica que “como forma de protesta ante esta decisión y como mecanismo de apaciguamiento a la contraparte árabe y palestina, la ONU sugirió a sus estados miembros la mudanza de sus embajadas de Jerusalén a Tel Aviv”.

“Es una realidad que el no reconocimiento del hecho histórico y religioso que avala el nexo ineludible e innegable del Pueblo Judío con Jerusalén durante todos estos años, no ha significado que se haya logrado la tan anhelada paz entre Israel, palestinos y aquellos países árabes que aún no la reconocen”, detalla.

A continuación el comunicado íntegro:

“Comunicado de la CAIV por el reconocimiento por parte de EEUU de Jerusalén como capital de Israel”

La Confederación de Asociaciones Israelitas de Venezuela, en representación de la Comunidad Judía de Venezuela, celebra el reconocimiento de Jerusalén como capital del Estado de Israel, por parte del Presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, el día 6 de Diciembre de 2017.

Jerusalén es la ciudad capital histórica y centro espiritual del pueblo judío. El Rey David, la convirtió en la capital de su reino.  Dos templos sagrados se erigieron en el mismo sitio y fueron destruidos en la misma fecha calendario.  Desde la expulsión de los judíos por parte del Imperio Romano, y hasta nuestros días, en nuestras oraciones diarias nos dirigimos hacia Jerusalén, pedimos por el retorno a la ciudad y en cada ocasión festiva nos saludamos con el tradicional “el año próximo en Jerusalén”.

En 1948,  justo al declararse la independencia de Israel,  el intento de invasión fallida del naciente estado por parte de siete países árabes dio al traste con la resolución de la ONU de 1947 de designar a Jerusalén como ciudad internacional.  Al terminar el conflicto, el sector oriental, incluyendo la ciudad vieja,  permaneció bajo ocupación jordana que irrespetó a la población judía y desecró los lugares sagrados, incluyendo el Muro de los Lamentos, último reducto de lo que fuera el Segundo Templo de Jerusalén. No obstante Israel declaró nuevamente a Jerusalén como capital del renacido estado judío e instaló en el sector bajo su control la sede de sus poderes.

Es un hecho cierto que la libertad de culto y el respeto a todos los lugares sagrados para las tres religiones han estado garantizadas desde que Israel se hizo cargo de toda la ciudad en Junio de 1967,  como consecuencia de una nueva guerra desatada en su contra por los estados árabes vecinos.

En Julio de 1980, Israel proclamó la Ley según la cual Jerusalén unificada es la capital  íntegra e indivisible del Estado.  Como forma de protesta ante esta decisión y como mecanismo de apaciguamiento a la contraparte árabe y palestina, la ONU sugirió a sus estados miembros  la mudanza de sus embajadas de Jerusalén a Tel Aviv.

Es una realidad que el no reconocimiento del hecho histórico y religioso que avala el nexo ineludible e innegable del Pueblo Judío con Jerusalén durante todos estos años, no ha significado que se haya logrado la tan anhelada paz entre Israel, palestinos y aquellos países árabes que aún no la reconocen.

El reconocimiento de la administración Trump de Jerusalén como capital de Israel, y la anunciada mudanza de la embajada americana a Jerusalén, constituye en definitiva una decisión que se apega al rigor histórico y a la verdad.

Hacemos votos y elevamos nuestras plegarias para que prive en todos los habitantes de la región, en sus gobiernos y en las naciones del mundo, el  espíritu, voluntad y acción necesaria que abogue por el entendimiento y la paz entre palestinos e israelíes, con respeto de todos y garantía plena de las libertades y derechos civiles.

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